Paz y Esperanza

-¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!

-buenos días ¿dígame?

-buenos días ¿está Paz?

-lo siento no sé donde está

-y ¿Esperanza?

-tampoco

-¿es que no iba con Paz?

-pues llegan tarde para dar la vuelta al mundo.

Paz y Esperanza

Esperanza y Paz

siempre juntas

muy unidas

van a la par

siempre de un lado para otro

si se separan se pierden

ya no están

han desaparecido

aunque siempre, siempre

aparecen

con sus amistades

Amor y Prosperidad.

La colada

Era lunes y como todos los lunes a esa hora de la noche Carlos hacía la colada, metía la ropa en la lavadora, el suavizante, el jabón, programaba la lavadora como le había indicado su madre, pero ese mismo día, cuando iba a meter los pantalones, hizo su ritual de registrar todos los bolsillos, en uno de ellos encontró una nota, un papelillo blanco que ponía.

“Te espero en mi casa, estaré en mi camita, no te olvides papito, tiene que ser hoy, mañana regreso a mi país, llámame, besos Catheryn” y unos labios estampados a modo de firma.

Carlos se daba de golpes en la cabeza, esa nota era del viernes, y ya al número de teléfono no respondía nadie.

Ese viernes nuestra amiga, una joven mulata de piel clara, pechos firmes y tersos,  después de ducharse y secarse se tumbó en la cama esperando la llamada, sin respuesta alguna, abrió el cajón de la mesita de noche –hoy te toca a ti Junior, tu nunca me fallas- dijo esto mientras que le daba al on.

Intensidad

Es poder amarte,

fundirnos en un solo cuerpo.

Intensidad,

es poder mirarte y

ver tus ojos,

de gran color,

donde expresan cosas,

tanto

lo bueno

como

lo malo.

Intensidad,

son mis sentimientos,

el presente, el pasado y el futuro.

Intensidad,

Era cuando:

Me ruborizaba,

mi voz enmudecía y

mi corazón se aceleraba.

Intensidad,

Era querer y no poder.

No poder mirarte

No poder hablarte

No poder sentirte.

Intensidad,

Era poder amarte en secreto,

Nublas mis sentidos,

Una niebla

Espesa, plomiza, fría

Se hacía niebla:

Cuando tú llegabas,

cuando yo llegaba,

cuando llegábamos los dos.

Intensidad,

Es el vaporar de la niebla y

Por fin me ves,

libre, transparente, natural.

Y lees mis sentimientos.

Y  puedes ver mi ser.

Y hurgas en mi corazón.

Si ese soy yo.

Intensidad,

es el ahora,

somos tú y yo

Verdaderos, puros, sinceros.

Dónde:

No me escondo,

el sol brilla y

al fin somos uno.

Intensidad,

es la pasión, la magia, el fuego,

poder descubrirnos,

destapar la caja de Pandora.

 Esperar juntos,

nuestro futuro,

nuestro destino,

sólo nosotros,

por amor.

De escapada

Tenía unas cortas vacaciones y decidí hacer una pequeña escapada, marchar a algún lado, no se, lo que el destino me depare, así que puse un mapa encima de la mesa y cerré los ojos, mi dedo y el azar escogerían por mí.

Sabiendo a donde ir, entré en Internet y compré un billete de avión, luego preparé las maletas, por la noche repasé todas las cosas, que no me faltase nada, cené y a la mañana siguiente me levanté con la ilusión del viaje, que bien me vendría desconectar de la rutina, el trabajo agotador de la oficina, todo el día aporreando el teclado, con los números, haciendo horas delante de la pantalla, lo tenía bien merecido.

Cuando llegué, lo primero que hice fue alquilar un coche, ya que podía  y hacía un buen día, me decidí por un descapotable gris, arranqué y puse la radio, sintonicé una emisora de música.

De camino me desvié por una carretera secundaria, poco a poco el asfalto se trasformó en un camino polvoriento, todavía conservaba algo de barro en alguna zonas sombreadas por los robustos y frondosos árboles, cuando pasaba por un pueblecito con escased de casas, paré frente a una tienda que hacía esquina, la verdad, es como si el tiempo no hubiera pasado, o tal vez muy despacio, una imagen me vino a la mente al ver aquella verja, como si Tom Sawyer la hubiera pintado, tenían dónde amarrar los caballos, parecía todo abandonado, había una portezuela que estaba entornada, me atreví a pasar aquel umbral, miré, parecía no haber nadie, seguí caminado, ¡para donde estés! me dijo una voz, me fijé que unos pasos mas adelante, tras un mostrador, había un anciano delgadito y canoso, que me apuntaba con un rifle.

¡Abuelo! gritó una joven, me pidió disculpas, yo, aunque no se apreciaba, estaba con el susto en el cuerpo, me dijo que era un antiguo sheriff ya retirado y que hace lo mismo con todos los foráneos.

La verdad es que ella era muy guapa, morena, esbelta, ojos verde pardo, la voz era dulce, muy agradable al trato, cruzamos nuestras miradas y nos presentamos, yo dije que estaba de paso, compre unas patatas fritas, refrescos y agua.

Al despedirse ella me dio la mano, yo un par de besos, salimos, monté en el coche y arranque, de lejos vi su figura en el retrovisor, agitando la mano, esa no sería la ultima vez en verla, pues me prometí que regresaría.

Cafetería nocturna

No podía dormir, estaba dando vueltas en la cama sin parar, me encontraba por completo desvelado, no conseguía conciliar el sueño, así que me levanté, encendí la luz, me rasqué la cabeza y la espalda, bostecé, abrí la puerta del armario y cogí mi manta de cuadros para refugiarme del frío, apagué y fui a oscuras hasta el salón, no sabía que hora era, eso si, noche cerrada, me planté frente al televisor, lo puse a ver que ponían en la madrugada, hice un rápido zapping y lo dejé puesto en un una película dónde se veían a dos chicos jóvenes corriendo, era de noche, se les notaba atemorizados, parecían que huían, no sabía porqué, pero ahí me quedé mirando la trama, entraban en un bar en una esquina de la calle, apenas se contaban cuatro personas, llegaron sofocados sin apenas aliento, en cuanto pudieron serenarse y respirar con tranquilidad decidieron sentarse en la barra, pidieron dos cafés al camarero, este se los sirvió casi al momento, pagaron.

Ring!!! Sonó el teléfono, nadie lo cogía, tras varios segundos de indecisión e incertidumbre los chicos sudorosos y confusos por el pánico que recorría sus cuerpos decidieron que esa llamada era para ellos así que la atendieron temblorosos, una voz como de ultratumba les dijo- se donde estáis, no podéis esconderos de mi- saltaron de donde estaban sentados y salieron del bar despavoridos, una niebla espesa lo cubría todo,  a los jóvenes ya no se les veía, ¿dónde estaban?, habían desaparecido, pero… y y… ¿yo?¿qué sucedía? Era como si me hubiese traslado de alguna manera misteriosa a la película,  estaba corriendo, ¿qué pasaba? no entendía nada, corría y corría como si vida dependiese de ello, a dónde dirigirme, me metí en una callejuela, estaba perdido no tenía salida, bajo la penumbra de una farola, el corazón me latía aceleradamente, totalmente perdido, sin escapatoria, y y y …

Uf me desperté, que susto, me había dormido frente a la tv y había tenido una pesadilla, fui a la cocina a tomar un vaso de agua para tranquilizarme, cuando estuve calmado decidí acostarme, me tumbo en la cama.

Ring!!! El teléfono sonó en ese momento justo cuando ya cerraba los ojos, cansado, lo cogí – ¿diga?

Nada…

Desde el recuerdo

Que bonito es recordar.

Mientras las sábanas me cubren,

me abrazan y me atrapan.

Hoy la pereza me arrastra,

mientras mi mente se evade,

se evade y me trae recuerdos,

recuerdos que se agolpan,

agolpan imágenes,

imágenes del ayer,

de un ayer veraniego,

de un ayer muy presente.

Donde somos dos.

Donde no estoy sola.

Donde él me enamora.

Imágenes de playas y olas

Del sol,

de la luna.

Donde amanece,

donde atardece,

donde anochece.

Imágenes aún vivas.

Donde aparecen velas y estrellas,

donde aparecen miradas y caricias,

donde aparecen abrazos y besos.

Imágenes del pasado,

tan presentes,

tan tangibles.

Desde la cama,

desde el presente,

digo:

Que bonito es recordar.

El universitario

¿Quién era Esteban Martínez? Pues bien era un cincuentón, que además cojeaba de la pierna derecha, su familia era de lo más moderna, quizá demasiado, sus valores eran de los que cualquier hipee pudiera tener, ambos habían estado en diferentes comunas, y en unas de ellas fue donde se conocieron y concibieron a Esteban.

Era una persona sorprendente pues su personalidad era la de Doctor Jenkins y Mr. High, ya que pasaba de un ser perezoso, especialmente a la hora de ponerse a estudiar, pues era universitario, de ahí que le llamaran el universitario, si cierto, cincuentón y universitario, pero prefería esto a tener que estar en la tienda de sus padres ayudándoles, eso sí, no era su primera carrera, además solo era cuestión de tiempo, al principio, una vez que empezaba era trabajador, además estaba aficionado a hacer cualquier tipo de maquetas por muy difíciles que estas fueran.

Un día estaba con una de sus tantas maquetas, hasta que sus padres, ya que aún vivía con ellos, le mandaron a por un periódico, tal era su pereza que casi llega tarde al quiosco de Carlos, con la suerte de que compró el último, como siempre pasaba a comprar ahí se saludaron efusivamente, charlaron de esto y lo otro, el tiempo, los padres, la tienda de ellos, y por supuesto de la universidad, Carlos y Esteban se despidieron con un cordial estrecharon de manos mientras se decían adiós y hasta pronto.

Y así era Esteban y su vida.

Del amor

Late mi corazón junto al tuyo.

Late mi corazón por ti.

Late mi corazón por amor.

Me gusta ver amanecer.

Ver lo hermoso de las cosas,

compartirlas contigo,

saben mejor.

Me siento a tu lado, a ver el mar.

El mar está en calma,

en calma, como un plato,

un plato irrompible, como nuestro amor.

Haces que me sienta tranquilo.

Haces que me sienta sosegado.

Haces que me sienta romántico.

Un paisaje idílico,

por un lado el mar,

al otro los olmos.

Los olmos se elevan en el monte.

Nuestro amor se eleva por el horizonte,

En medio los dos, juntos.

Tú y yo.

Raro

La sangre caía a borbotones. ¿Quién podía haber hecho semejante barbarie? Era un edificio en ruinas, con escombros y polvo, los cuerpos yacían descuartizados y la sangre había formado un enorme charco de color rojizo oscuro, con tonos granates, oscurecido por el paso del tiempo, aunque no había pasado mucho desde aquel suceso.

Uno de mis compañeros estaba, por así decirlo, asombrado y repugnado, el otro no pudo soportarlo y se retiró a tomar aire; le daba nauseas aquel lugar tan siniestro y el esperpento que acontecía ante nuestros ojos. De repente un ruido nos puso en sobre aviso, una sombra crecía de la nada y le dimos el alto, pero aquella cosa, o quien fuera  hizo caso omiso, se movía rápido, y se abalanzó sobre nosotros, no hubo más remedio que echar mano a nuestras armas, disparando nuestras metralletas sin cesar, en nada nos habíamos separado, les perdí de vista, pero la sombra me seguía ávida, yo corría, me costaba despistar a aquella cosa, las piernas me pesaban más de lo normal, todo estaba lejos aquella noche tan negra como sombría, me desesperaba, sudaba, mi corazón se aceleró, mi respiración era frenética, acelerada, quería gritar pero el miedo me atenazaba y no podía.

Había un callejón, al fondo la luz de la calle, cuando al fin pude salir y alcancé a mezclarme entre la multitud, había quien me miraba raro y susurraba, la mayoría me ignoraba, intentaba pedir auxilio, pero de mi boca apenas pude articular palabra alguna, al menos que fuera legible, me puse la mano en el corazón intentando tranquilizarme y estar más calmado, pues no podía más que balbucear, hasta que me controlé e intenté contar lo sucedido a las personas que empezaban a formar corrillo a mi al rededor, pero ninguno de los ahí presentes me creyó.

Salí de esa calle a la avenida principal, intenté que alguien me pudiera llevar lejos de aquel lugar, intentando hacer autoestop, hasta que un descapotable rojo paró a mi lado, conducía una chica, con un simple gesto de cabeza me indicó que podía subir, me lo repitió también con la mano, así que monté en el coche, le di las gracias cuando ya me hube sentado, le conté lo sucedido, tenía que regresar al cuartel e informar, saber si mis compañeros seguían vivos.

No sé si se había tragado la historia, pero era verdad, ¿qué otra cosa podría decir? La cuestión era que me miraba fijamente, apenas parpadeaba, asintiendo todo el rato, la verdad era que aquella chica era joven, rubia, con los labios pintados de un rojo intenso, además tenía unos pechos prominentes.

Me dijo que tenía que ver a una amiga por el camino, así que pasados unos minutos paramos por una calle menos transitada; la amiga estaba esperando, tenía un macaco en el hombro izquierdo, yo me sentía como aquel simio, algo ridículo.

Hablaron apartadas, muy discretas, la chica del coche  le dio un dinero a su amiga y ella a su vez una bolsa, que luego comprobé que era fruta, la amiga marchó y la chica que me acogió en su coche me dijo que antes de reanudar la marcha podíamos tomar un café en una plaza no muy lejos de ahí así que acepté de buen gusto.

Fuimos paseando hasta la cafetería, ella me contó que se llamaba Daniela, era brasileña, tenía treinta y tres años, tenía una hija viviendo con ella y llevaba poco tiempo  en España, tenía estudios, y era abogada por eso se podía permitir ciertos lujos. Yo me presenté, aunque no con mi verdadero nombre, pues desconfiaba, sería cosa de la profesión o quizás de lo que me habían inculcado mis padres, quien sabe, y sin cómo estaba besando sus labios carnosos, la invité al café como buen caballero y educado, nos fuimos agarrados de la mano. Entramos en una tienda de antigüedades, miramos muchos objetos de lo más raro que pudiéramos imaginar. Ahí encontré a un amigo de la infancia, tenía una novia que era mayor que él, pero quienes éramos nosotros para juzgar nada.

Salimos los cuatro de aquella tienda, fuimos hasta unos bancos y nos sentamos, mi amigo y yo nos quedamos de pie, mientras que ellas estaban sentadas.

Me di cuenta que por el tipo de suelo me podía deslizar como si patinara, mi amigo que también, me  retó a echarme una carrera, así que acepté de buen modo.

En seguida le saqué la delantera, pero al llegar a una curva el suelo era diferente, ya no resbalaba, luego había unas escaleras que bajaban y otras que subían, nos metimos por ellas, ahí me adelantó y luego le perdí de vista, al terminar de subir me di de bruces con mis padres, les quise presentar tanto a mi amigo como a la chica que  había conocido, pero les había perdido de vista, mis padres  me siguieron de primeras, aunque más tarde también les di por perdidos, me sentía frustrado por no encontrarlos, especialmente a aquella chica, sin la menor pista, ni si quiera un número de teléfono para poder llamarla, pero nada. Me metí en un callejón en donde había diferentes puestos de comida casera, incluso deliciosos postres, era inquietante, todo se había tornado raro, confuso, todo me daba vueltas, no sabía qué pudiera estar pasando, no entendía nada y estaba cada vez más nervioso, hasta que…

Desperté sobre saltado y confuso, ¿por qué había tenido ese sueño tan raro?