El bosque

Hoy nos hemos levantado pronto para ir a coger setas, fuimos en coche hasta el monte, una vez llegamos, nos adentramos en el bosque, los árboles son muy altos, parecen tocar el alto y azulado cielo, con las nubes algodonosas y blancas haciendo diferentes formas, hasta ballenas surcando las alturas, por encima de tu cabeza, a mi familia le hace mucha risa, lo pasamos súper genial, según nos adentramos vamos viendo las primeras setas que van directas a la cesta, cuando nos cansamos comemos los bocadillos que mamá prepara con esmero, no la supera ni el mejor cocinero, cuando tenemos suficientes regresamos a casa, todos llegamos muy cansados.

Locura

Día a día están las noticias informando de las diferentes alertas por culpa de un virus, con nombre de coronavirus o conocido también como Covid-19, hasta que no hubo pasado no sé cuánto tiempo y después de tantas muertes y contagios a lo largo de todo el mundo, intentan convencernos que ya no es un simple virus y que se trata de una pandemia, lo peor no sé si es este virus o la histeria que ha generado, que ya no hay ni papel higiénico, será que se cagan del miedo.

 Ahora tenemos que quedarnos en casa, guardando cuarentena, que si contención, contención reforzada, estado de alarma, si es que vamos siempre por detrás y todo por un pequeño intruso, el muy cabrón hace estragos por donde pasa, ya ni besos ni abrazos, a un metro de distancia, prohibido toser o estornudar, hay de ti si lo haces, malas caras por no decir de espantadas varias, aunque pensándolo bien ¿si lo hiciera en la cola de la carnicería o frutería? ¿Pasaría a ser el primero?

La sepia serafina

En el fondo del mar hay muchos peces y otras especies, pero destaca un grupo de amigos, está Espe, la esponja, Patricia, la estrella marina, Calamaro, el calmar, Serfina, la sepia y Antón el mejillón.

Estos amigos se conocieron desde que eran pequeños, ya desde el primer día que coincidieron en el colegio, siempre jugaban juntos y se contaban cualquier cosa que les sucediera y siempre deseaban realizar un mogollón de aventuras.

Al salir del cole siempre iban juntos, les molaba jugar al futbol y Calamardo siempre era el portero, cuando se cansaban marchaban, los últimos eran serafina y Antón, serafina muy burlona siempre le decía Antón cabezón o Antón tontorrón, el pobre no entendía por qué serafina le decía estas cosas y avergonzado se escondía en su cascarón, el pobre Antón, el mejillón, triste se encontraba pues sentía que serafina su amor sería.

Pasaron los años, ya no eran unos niños y ahora era el momento de encontrar la media naranja, de hecho Serfina, la sepia, estaba en la iglesia casándose, y justo en el momento en que el cura preguntó si alguien tenía que decir algo, Antón, el mejillón interrumpió y dijo ¡Yooo! ¡Serafina no te cases! ¡Yo yo yo te te te amo! Todo el mundo enmudeció y Serafina, la sepia, muy sorprendida ¿cómo es posible después de tanto tiempo? Y además el día de mi boda, ¿no ves que somos diferentes? Tu eres un mejillón y yo una sepia, nuestras familias no lo van a aceptar, pero Antón, el mejillón muy decidido preguntó –pero ¿qué dice tu corazón? A lo que ella respondió –pues tienes razón- y juntos marcharon nadando y le dijo serafina –mira que eres cabezón Antón, pero eres mi tontorrón, te quiero y así felices los dos.

Entre rejas

¿Cuándo había llegado hasta ahí? No recordaba casi nada, me venían pequeñas imágenes a modo de flashes, mi avión había sido derribado, salte justo en el momento del impacto, no sé qué fue de mi acompañante, supongo que muriera en el acto, todo sucedió muy rápido, mi capacidad de reacción fue instantánea, no podía pensar con claridad, a pesar de activar el paracaídas, mi caía fue muy precipitosa, entre arboles, quedé colgado y no llegue al suelo hasta que se rompió la rama que me aprisionaba, sabía que tenía que actuar rápido, el paracaídas estaba prácticamente destrozado, inservible total, aún así lo tenía que ocultar para no dejar rastro, estaba magullado y cojeaba ligeramente de la pierna derecha, intenté despistar al enemigo todo lo que pude, pero dieron conmigo y fui apresado, me torturaron, sé que me hicieron muchas preguntas, yo no entendía su idioma, vino un fulano que si hablaba mi lengua, pero después del interrogatorio me desmayé, luego ya nada, me desperté en ese lugar cutre, oscuro y con dos ventanas con rejas por la que entraban los rayos de sol, estaba atado de pies y manos a una silla, escapar de ahí era lo único que tenía en mente, pero, ¿cómo?

Diario de un tigre

Hoy pasó algo excepcional en mi día a día, hoy vi con mis propios ojos como enjaulaban a un hombre, el primer hombre en la historia en ser enjaulado, luego me enteré que sería para un zoo, si un zoo de personas humanas, este humano sería el primero de muchos otros que vendrían más tarde, mujeres y hombres con sus crías y críos, me entere por mi amigo Poo, mi antiguo compañero de piso, el pobre no superó su adicción a la miel.

El espécimen que habían enjaulado descendía de una familia de políticos, de los últimos en ser casi extinguidos.

Aún me acuerdo cuando fui enjaulado por humanos al igual que ese humano lo fue por nosotros, no sé cómo llegamos a dominarles, aunque sí como llegué a ser libre, fue gracias a King el gorila que estaba enjaulado al lado mío, él mismo con una llave abrió la puerta de la jaula donde me encontraba, me dijo que podía salir, claro yo no entendía lo que me decía, pero avancé instintivamente, luego mediante otros gorilas me suministraron no sé qué sustancia mediante una jeringa no sin antes ofrecer  resistencia, pero poco a poco empecé a caminar con mis patas traseras y a entender lo que me decían, años después me enseñaron a leer y escribir y hacer todo tipo de cosas que los humanos hacían antes de caer en nuestras manos, en especial la de los simios, un ejército de simios liderado por un tal Saimus, ni que fuera su planeta.

Me puse los cascos y pongo música para salir y hacer un poco de ejercicio, “Eye of the Tiger”

En el armario

Joder estoy sudando como un puto cerdo, además estoy escondo en el armario de una vieja de un piso que desconozco, tengo el mono y no sé lo que va a pasar, la hostia, menudo berenjenal, estoy de mierda hasta no poder más, me pude zafar de esos maderos, pero ahora no se cómo salir de esta.

La droga me está matando y todo por intentar robar en la farmacia más cercana y… ¿para qué? Para unos putos y míseros cinco pavos ¿cómo cojones salgo de este armario de los huevos?

Una voz masculina desde el otro lado me habla, dice que me rinda, que no tengo nada que hacer y que estoy rodeado, abro ligeramente la puerta, tan sólo un dedo, lo justo para ver al hombre, es de unos cuarentaimuchos mas o menos, está intentando persuadirme para que salga sin ofrecer resistencia, sé que cuando ponga mis pies fuera, los picoletos se van a tirar encima, ya no tengo escapatoria, acepto, no me queda otra, dos polis se acercan por los lados y uno de ellos me pone las esposas, pero no queda así, no lo pongo fácil, me revuelvo mientras grito bien fuerte, ¡cabrones! ¡hijos de puta! ¡soltadme! ¡os voy a dar una paliza!, hasta que un puñetazo en la barriga me hace callar.

Ícaro

Estaba ahí, solo, frente aquella magnitud, un océano del inmenso cielo y una plenitud de nubes a sus pies,  el esfuerzo bien lo merecía, con el tiempo se convirtió en un escalador, lo llevaba en su sangre, su padre al igual que él ahora, había  conquistado aquél reto, otro ocho mil en su haber, con este, superaba el record de su padre, estaba exhausto  pero sonreía feliz.

Cerraba los ojos y su imaginación volaba como Ícaro, se reunía así con su padre y reían juntos, era un niño que trepaba por las rodillas de su padre y así hasta llegar a la blanca cima de la cabeza, vuela Ícaro, vuela, se libre y feliz.