Para que yo me llame Alejandro Muñoz (*)

para que yo me llame Alejandro Muñoz

miles de estrellas se movieron

miles de estrellas brillaron

miles de estrellas formaron galaxias

Para que yo me llame Alejandro Muñoz

Pasaron infinidad de acontecimientos

Pasaron infinidad de personas

Pasaron infinidad de años

para que yo me llame como me llamo

Fue larga la historia

El tiempo, los minutos, segundos.

Para ser el que.

para ser  quien

para ser y al final quien soy

hubo mucho amor

tristezas y alegrias

risas y llantos

susurros nocturnos, de los Beatles

historias de amor, de pasion

canciones de Elvis, los Rolling Ston

y mucho arte

Una Diosa, Afrodita.

Dos personas, papá y mamá.

Nueve meses, yo.

(*) Nota: Versionando el poemade Ángel González “Para que yo me llame Ángel González” queriendo hacer un pequeño homenaje.

De vino y amor

Entras por la vista.

Entras por el olfato.

Entras por el gusto.

Tinto te escogí.

Y te vi, brillante.

Y te olí, afrutado.

Y te saboreé, azucarado.

Recorriste mis labios.

Recorriste mi lengua, mi garganta.

Tus sabores se percibieron en mí.

Ácidos, amargos, persistentes.

En cambio, tú, mujer.

Me sedujiste.

Tu sensualidad,

ese perfume de lima limón,

tus labios,

ese sabor al amor,

tu pelo,

ese rubio de luz intenso,

tus ojos,

ese azul de mar caribeño,

por el que naufragio,

por el que me pierdo.

Todo acabó en lo más placentero.

Pasado oculto. Capítulo 7: El desenlace

El Bar Manolo es punto de encuentro de muchas personas, muchos de los cuales pasan ya las cincuenta primaveras, aunque hay de todas las edades, la mayoría toman unos culines de sidra y cantan, en una mesa están María Expósito, Herminia y Miguel, se reúnen ahí para charlar de sus cosas, pero esta vez es diferente, María les reunió para concretar ciertos detalles del pasado de la vida familiar de ambos, no antes de que estos recopilaran datos del pasado de sus familiares, preguntando a los mas cercanos, a  la tía en caso de Herminia y a su padre en caso de Miguel, parte de los datos ya lo sabían en especial Miguel que siempre oía todo lo que le contaban tanto su padre como sus abuelos, especialmente su abuelo paterno, Herminia como sólo tenía a su tía, a parte de las historias y demás batallitas, todas interesantes, lo que si hizo fue sacar bastantes cosas a la luz,  en especial algunas de las fotos, cosa que por alguna razón  María esperaba.

Tenía en mente no solo el hecho de querer cambiar el apellido, Expósito, sino que antes quería averiguar su pasado, quienes fueron sus padres.

Los datos que traían y sobre todo las fotos reveladoras de lo que podría ser una verdad en que ahora María en principio sospechaba, pues podría ser que ella y Herminia fuesen hermanas y no lo supiesen, es posible que tuvieran un padre en común, las historias  y las fotos encajaban en el rompecabezas de lo que sospechaba, eran pruebas en principio mas que evidentes, pero ella necesitaba saber más, sólo eran ideas que tenían que unir como piezas, porque a lo mejor en el menor de los casos sería una mera coincidencia y no fuese como ella esperaba, así que del Bar Manolo salieron a Oviedo al Hospicio dónde se crió María, quería hacer preguntas a las monjas al respecto, tenían que ir los tres, con las fotos y sacarlas la verdad, aunque doliese.

Una vez en el hospicio, entraron juntos, preguntaron por la Priora, enseguida les atendieron, y les llevaron hasta el despacho, pero sólo pasó María, pasado un tiempo salió con los ojos llorosos, y en su mano un montón de cartas, junto con una foto, justo la foto que dejó su padre en una primera carta antes de dejarla en el hospicio, ahí aparecía su padre y su madre embarazada de ella, les contó que su madre murió quince días después de que ella naciese, que su padre en aquel entonces era maqui y tenía que huir, lo evidente se transformó en real, María y Herminia eran hermanas, y que aquel hombre era su padre.

Pasado oculto. Capitulo 6: Miguel

Estaba en mi último curso de carrera,  estudiando para ingeniero agrónomo, muchos en mi familia tenían huerto en su jardín, por distracción o por negocio y yo me vi atrapado por ese mundillo, me quedaban ya pocas asignaturas para terminar, así que para ahorrar unos dinerillos empecé ha hacer algún trabajo de jardinero, la verdad es que me gustó y creo que este será algún día a lo que me dedique, pero bueno es un principio y veré como me las ingenio, es muy sacrificado, pero bonito, sobre todo si te gustan las plantas y la naturaleza, como muchos de mis amigos saben que soy bueno en esto, pues me llaman para que haga algún apaño en el jardín, les quite las malas hierbas del césped, etc. Siempre están Miki esto, Miki lo otro y como no se decirles que no, pues ale, por lo menos me gano unas pelas.

Hay veces que tengo que desplazarme de Oviedo a Pola de Siero, donde conocí a María Expósito, que está de interna en la casa en la que estoy ahora trabajando, las monjas del hospicio la metieron para que hiciera ya vida, consideraron que ya era mayor para seguir con ellas, apenas charlamos, pues estamos a nuestras labores, yo en el jardín y ella dentro de la casa, en una ocasión me contó que tenía ganas de cambiar su apellido, Expósito, pero antes quiere averiguar sus orígenes, quienes fueron sus padres, me enseñó una foto de la cara de su madre en un colgante de La Virgen de Covadonga, la verdad es que tiene un parecido, un aire, yo por mi parte  conté un poco de la vida de mi familia, como mi padre, Miguel, trabajó en las minas, pero que por culpa de una explosión quedó impedido y no pudo participar en la guerra civil, en lo que a la lucha armada se entiende, pero si que ayudó a los maquis, en especial a un amigo suyo, al que ayudó a ir hasta León para que de ahí fuera a Cáceres y cambiara de vida, contando esta historia se veía que tenía mucho interés e entusiasmo, me miró como extrañada y algo incrédula cuando la enseñé una foto de mi padre con el hombre al que ayudó en aquel momento, ella sintió un escalofrío como si hubiera visto un fantasma, como si reconociera a aquella persona, me da la sensación de que esa foto fuera la tecla que abriera una puerta oculta, en la que no sabemos qué puede haber, nos da miedo pasar, pero tenemos curiosidad.

Pasado oculto. Capitulo 5: Herminia

Estoy sola en la droguería de mi tía, ahora que tengo dieciséis años aprovecha a ponerme los fines de semana a última hora, cuando menos gente va, así poco a poco voy aprendiendo el oficio, para que luego me ponga trabajar con ella cuando termine los estudios, alguna vez pasa a vigilar, aunque lo que realmente la interesa son las cuentas, los números, es lo que la da vida, se los quitas y la da un patatús, ya la estoy oyendo esto hijita mía es el pan de cada día, nuestro porvenir, contando y recontado que no quede un céntimo, que las perras son muy duras de conseguirlas y muy fácil de perderlas, por eso hay que tener la mente siempre en su sitio, si su sitio, el único sitio que ella tiene es el del bar de Manolo a donde van todas sus amigas a criticar a la gente y luego ponen buena cara, la cara de vergüenza tendría que darlas porque muchas lo que buscan es un buen marido con quien casarnos y nos mantengan a las dos y a vivir del cuento y a seguir empinado el codo, y siempre me tiene que sacar una falta y si hay algún cliente siempre actúa de la misma manera, me dice ve tu anda para que aprendas que falta te hace, y luego enseguida me  hace reproches, quejándose  y apartándome a empujones, criticándome, terminando de atender a la persona en cuestión, sobre todo para cobrar, el sentir el dinero en sus manos y el sonido de la máquina registradora.

Pufff… que aburrimiento, ni un alma, por lo menos, vino a verme mi amiga, María, nos conocimos al año de mudarme yo a aquí, en Asturias, a este pueblo, Pola de Siero, vine porque fallecieron mis padres en un accidente, y mi tía era la única pariente que se podía hacer cargo de mí, me acuerdo porque yo tenía diez años, hacía mi primera comunión, ella se encontraba con unas monjas, sentada en una esquina en primera fila, al igual que todas ellas estaba rezando, tras la ceremonia, ella se acercó a mi, y charlamos hasta que mi tía nos separó, me contó que no tenía padres, eso la verdad nos unió a las dos, las monjitas se hicieron cargo de ella, de cuidarla y educarla, su apellido, Expósito, se lo pusieron ellas.

María es algo mayor que yo, y hoy vino a contarme que desde hace unos días, la ronda un pensamiento, una idea, quiere cambiarse de apellido y tiene la ilusión de que además quiere averiguar sobre su pasado, quiere saber quienes fueron sus padres, como buena amiga yo me implicaré en lo que pueda, la verdad no se si es por coincidir en cuanto a ser huérfanas o que, pero es como si nos uniera algo, para mi es como una hermana.

Pasado oculto. Capitulo 4: María

Hoy fui con las monjitas desde el orfanato de Oviedo a Pola de Siero, porque dicen que poco a poco tengo que aprender lo que ellas hacen, según ellas, hoy voy a echarlas una mano y trabajar como ellas, ayudando a las personas mas necesitadas, aquellas que se presentaban en la parroquia para poder darlas ropa y comida, aunque hacía algo, pero eran pequeñas cosas y siempre bajo la atenta mirada de las hermanas, como dicen que se llaman, porque según ellas, todas somos hijas de nuestro señor, Dios, el creador de todas las cosas, quien dice que es lo que se tiene que hacer, porqué, cuándo, cómo y dónde, de los colores y las formas, todos las cosas, seres y personas de la tierra, yo no entiendo que si eso es cierto, entonces mis padres tendrían que estar conmigo, ellas dicen que tienen una misión con Él, desde el cielo, pues una de las cosas es velar por mí, lo que yo no entiendo es que sería mas fácil si velasen a mi lado y estuvieran a mi lado siempre, jugando como los demás papas y mamas con los niños y niñas, que les dan besos, abrazos, hay veces que por mucho que insista me responden con lo mismo y que aprenda a mantenerme siempre firme y con la fe, que rece, que seguro que así mis padres me oyen y les puedo decir lo que siento, muchas veces me regañan porque yo me siento triste porque como no les conocí, sólo tengo una foto de mi madre en un colgante que tengo y lo beso todos los días antes de acostarme y la rezo y desde la ventana miro al cielo y cuando veo las estrellas imagino que me mira y me sonríe, a mi padre lo imagino al lado, pero no le hago una imagen de su cara.

Muchas veces la priora me regaña cuando me oye decir todas estas cosas, me dice que no tenga envidia de los demás niños que es un pecado, que como siga así perderé la fe y seré castigada por el poderoso e iré al infierno, hay veces incluso que se enfada tanto que me da alguna cachetada y me voy llorando a mi cuarto, siempre me dice que es por mi bien, que así iré por el buen camino.

En la plaza de enfrente hay muchos niños correteando de un lado para otro, jugando con el balón, niñas jugando a saltar la comba o a las palmas, en una esquina hay un chico contando en voz alta y otros agachados, jugando al escondite, hay varias, casas, casi todas las calles están empedradas, hay botiquines donde sirven fármacos para la gente que está enferma, se ven personas mayores haciendo cola, muchos tosen, hay veces que tosen a la vez y me hace gracia, me fijo que hay una tienda, está cerrada, pone droguería, parece que venden de todo por lo que deja entre ver el escaparate, hay un rótulo, cerrado, y una nota escrita a mano, regreso enseguida, disculpen las molestias, gracias, al lado hay un portal, una señora que va directa a ese lugar, con el chaquetón como de lana, negro, un paraguas que le sirve a modo de bastón, en la mano derecha porta una pequeño maletín marrón, el pelo lo tiene recogido, con un pequeño moño atrás, parece que mira aquí y me hago la disimulada, ella se pone muy rígida, levanta la cabeza, con un gesto muy serio y sombrío, me dan escalofríos, a escasos metros una niña, como de unos nueve o diez años, tiene coletas a los lados, va apenas abrigada con una chaquetita roja, una falda y va tirando de un maletón bien grande, marrón.

La señora desde la puerta del portal aquel la grita una y otra vez, que se hace tarde, la niña desde atrás, me mira, veo que tiene un semblante entre cansada y triste, aunque hace un esfuerzo o eso me lo parece por sonreírme, me da un palpito que en algún momento seremos buenas amigas, como hermanas, se oye que la señora a la que acompaña la llama por su nombre, Herminia.

Pasado oculto. Capitulo 3: Nueva vida

Atrás habíamos dejado el hospicio de Oviedo, kilómetros recorridos hasta llegar a la frontera con León, ahí Miguel y yo nos separamos pues el tenía que regresar, le esperaba pues un largo regreso hasta Pola de Siero y aún mas cuando su mujer estaba embarazada, su hijo se llamaría Miguel, según me contó era una tradición familiar, su padre y antes su abuelo conservaban el nombre de una generación a otra, se lo ponían al primogénito.

Antes de partir un amigo nos retrató en una foto, a los dos, hombro con hombro, como si de dos hermanos se tratase, además al mío lo habían fusilado en la plaza, lo mostraron después como si de una presa de caza se tratase, poniéndolo de ejemplo de que tenían que contribuir al ejercito fascista,  eso era lo que les esperaba de oponerse, al pobre lo trataron como a un perro sarnoso, como si tuviese pulgas o la rabia, sólo por pensar diferente a aquel régimen opresor que lo único que hacía era esclavizarnos.

Él se adentró a última hora de la tarde y el párroco que lo vio, pues salía de la iglesia de dar la última misa, haciendo visitas de una casa a otra con tal de aprovecharse de la buena gente de buen hacer y buena voluntad, trabajadora y honrada, esa pobre gente que lo acogía y daba algo de comer, fue quien lo delató a los guardas civiles, no me enteré hasta pasados unos días,  justo antes de la ejecución, pero por temor y con gran rabia no pude quedarme ahí, cegado por el dolor y las lágrimas marché huyendo, con la cautela que me era posible, pues sólo pensaba en vengarme, días después a la ejecución sabiendo con certeza que Don Ramón, nuestro querido cura del pueblo, había sido quien vendió su alma al Diablo al decir dónde se encontraba mi hermano escondido, fui con la intención de matarle, pero antes quería averiguar dónde había enterrado a mi hermano, con sumo vigilo fui a la iglesia, y cuando entré, él al verme se sobresaltó pues ya intuía lo que pasaría a continuación, temblaba y sudaba, me miraba como si de un fantasma se tratase, como quien mira a la muerte cara a cara, saqué mi cuchillo, se lo puse en el cuello y…

Ahora me arrepiento de no haberlo hecho, pero por algún motivo me paré en seco, lo único que le llegué ha hacer fue una raja en su lado derecho de la cara, eso si la hice bien grande para que todo el mundo la viese, es posible que desde entonces mi cabeza valiese más.

El camino se hace largo, en León tomé un tren que fuera a Cáceres, dónde tenía un compañero simpatizante con el movimiento, por supuesto tenía dinero y documentación falsa, evitando en lo posible a los guardas, sentía cierta nostalgia de mi tierra, Asturias, desterrado pues a otro lugar, mas seguro, mas tranquilo, lejos de la vida que conllevaba ser un maqui en tierras asturianas, siempre vagando por sus montes, escondidos, agazapados, arrastrándonos por la tierra, con frío y el orvallo, con temor, sin saber si verás un nuevo amanecer, atrás quedan familias, amigos y sobre todo, mis Marías, mi mujer, la que enterré y mi hija, la que abandoné en el orfanato, es hora de empezar una nueva vida.

Pasa el tiempo, atrás queda el pasado, los recuerdos, todas esas vivencias, poco a poco me hago a la nueva situación, la guerra hace unos años que terminó, yo ahora estoy en Cáceres, me casé con una mujer que conocí aquí, nos presentó Juan el amigo que me ayudó a adaptarme y me cobijó, ella, Isabel, colaboraba con él, poco a poco fuimos charlando, al principio fue muy brusco por mi parte, los sentimientos, me sentía amargado, triste, pero ella hizo que regresara la sonrisa a mi cara, yo no hacía mas que refunfuñar, me contó que ella en la guerra también perdió a sus seres queridos en el frente y me comprendía, fue muy constante en su empeño por cambiarme y conseguir que fuera persona, humano, siempre malhumorado y bebiendo hasta perder la cordura y hasta el sentido, siempre estuvo ahí y consiguió que sintiera de nuevo, que mi corazón palpitara otra vez, un año después de la boda, nacería nuestra hija, para mí, mi segunda hija, tras María, pero en este matrimonio, la primera y única, Herminia.

Pasado oculto. Capítulo 2: Los recuerdos

Ya hacía tiempo de la última emboscada, los días van pasando, nunca sabes la hora, la noción del tiempo se pierde a cada momento, solo distingues el día y la noche por la luz, la claridad y la oscuridad, estamos escondidos en una cueva, cerca de las minas, abandonadas ya por la guerra, nadie trabaja en ellas a sacar carbón, me acuerdo de cuando trabajaba picando la recia pared, junto a mi amigo Miguel, mi amigo de la infancia, el pobre quedó impedido por un accidente que ocasionó un derrumbe, ahí murieron varios compañeros aquella tarde, por eso no está en la lucha activa como nosotros, pero el bueno de él se la juega como el que más. Cuando puede con gran disimulo y cautela, para que no le pillen nos trae algunas raciones de comida, pan y vino, gracias a él  y a algunos de nuestros familiares vamos tirando, cuando no, salimos a cazar o ponemos alguna trampa, a ver si cae alguna liebre o jabalí, no siempre tenemos que echarnos algo a la boca, pasamos por ciertas hambrunas, tiritando de frío con el único calor que el de una tímida fogata, cuando no estamos charlando o recostados intentando dar alguna cabezada para descansar, intentamos amenizar el rato charlando, jugando a las cartas o fumando un pitillo, los recuerdos son los que nos mantiene con vida en este mundo infernal sino hemos muerto ya y estamos en él.

Me acuerdo cuando conocí a María, era por el verano en las fiestas del pueblo, ella morena, algo delgada, el cuerpo mas o menos bien formado, llevaba en cada mano un cántaro de leche, yo pasaba cerca, era sábado, me acuerdo, porque me tocaba llevar el rebaño de las ovejas de padre a pastar por el monte, y me ofrecí con la buena intención de ayudarla, cruzamos nuestras miradas, y la dije que esa noche me reservara un baile u dos, ella con una sonrisa me dijo que me preocupara de las ovejas, que tenía alguna descarriada, la dije que era un buen bailarín y esa noche bailaríamos un pegao, una de esas lentas que gusta a las mujeres.

Años después tras rondarla, insistentemente y sobre todo porque la embaracé, nuestras familias no sabían que estuviese en cinta, así que nos casamos.

El tiempo pasó y mi mujer dio a luz a una niña, que pasaría a llamarse María como su madre, por desgracia a los quince días, debido a una neumonía, María, mi mujer, falleció, tras el entierro y como la guerra civil ya había estallado yo no podía ocuparme de la niña y nadie por temor quiso hacerse cargo, así que fui a un orfanato de Oviedo y por la noche con el orvallo empapándome la dejé a la puerta, toqué al timbre y salí corriendo, me acompañaba Miguel mi buen amigo, eso si intenté no antes escribir una carta, con ciertas explicaciones y ruegos a las monjas de que me la trataran bien como Dios manda, es en estas ocasiones, cuando uno se acuerda del de arriba, también dejé una foto donde aparecíamos sus padres, su madre, embazada de ella y yo, abrazados, a su vez la puse un colgante en el que por un lado estaba la Virgen de Covadonga y por el otro lado una foto de su madre.

No todo son buenos recuerdos, pero los guardo para mí, como un tesoro, ahora, por los tiempos que corren es lo mas preciado que tengo y un momento en el que me siento libre, aunque campe por el bosque de la montaña, pero siempre al acecho de mis captores, cual animal con sus instintos de supervivencia.

Pasado oculto. Capitulo 1: La emboscada

La lluvia caía recia, sin cesar, llevaba horas así, a mi alrededor, la naturaleza, musgo, líquenes, helechos, estamos todos agazapados, como la mayoría de las veces, con el corazón en un puño apenas se nos siente respirar, del frío me tiritan las manos, bueno frío, nervios y cansancio, de mi boca sale un pequeño vaho, se oye el sonido del urogallo, es la señal, cargamos las armas, apuntamos y disparamos, cualquier hombre que se acerque de uniforme fascista será una cruz en el cementerio, nuestro mayor objetivo es abatir cuanto antes a algún soldado de alto rango, eso a parte de causar una buena baja les retiene intranquilos sin saber que hacer, excepto soltar varias ráfagas que intentan dar en alguno de nosotros, no siempre con el mismo resultado, suerte que desde las alturas y escondidos como estamos es difícil acertarnos, la balas pasan silbando a escasos milímetros, pero como siempre es cuestión de segundos, los movimientos precisos, todo acaba pronto para retirarnos lo más rápido posible, nos escondemos cual zorro a su madriguera, confortándonos con seguir viendo a nuestros camaradas vivos y sintiendo a nuestros caídos, huimos, pues estamos proscritos, han puesto precio a nuestras cabezas, siempre escondidos abandonados a nuestra suerte, lejos de la familia, de nuestros seres queridos, en nuestras caras hay terror, nos sentimos exhaustos, el cansancio se nota inminente, cuando estamos a salvo le damos un trago al  vino de Tino y el queso que nos trae Samuel, que como todos nosotros nos jugamos el pellejo para ir por turnos a por algo de comida a alguna casa familiar o en algún lugar donde los parientes saben esconder y que nosotros miraremos, lo normal es que dichas provisiones escaseen pues es muy arriesgado, no sólo por nosotros, que también, sino por nuestras familias, amigos y vecinos, pues podrían castigarles a ellos también por ayudarnos.

Descubriendo un paisaje (Lanzarote)

Era un lugar aparentemente inhóspito, aún así te dejaba atrapado y no sabias porqué, sin apenas nada en apariencia que me llamase la atención, el terreno irregular y lleno de rocas volcánicas, jugando con el rojo, el negro y el gris en diferentes tonalidades, como si se tratara de las últimas fotos que se habían sacado del planeta Marte o incluso de la Luna, rompía aquella monotonía y contrastando con lo demás, lo que podría ser un desierto, jugando con dunas y el poco verde que se apreciaba, era el de las palmeras, los cactus y alguna planta más. Según avanzabas, veías esos pequeños pueblos caracterizados por las casas de forma cúbica de color blanco, a veces era una urbe más grande dejando por un momento esa monotonía y esa tranquilidad, aunque parecía que la necesitases, para pensar que ahí, había vida, quizás el atractivo estaba en el conjunto, el todo o la nada, la tranquilidad y sobre todo las playas, con un agua azul claro, transparentes, dónde se apreciaban los pececillos de diferentes colores, como de esas playas que veías en las películas o en los reportajes sobre el caribe. Su extensa mar se perdía en el infinito, el sol radiante, con un brillo totalmente atrayente, cálido, de paz y tranquilidad, clave para una estancia de relax total.

Rayos y Truenos

La tarde se había tornado en diferentes tonalidades grises, tan oscuras que rozaban el negro y parecía que estuviese todo en una gran tiniebla, en penumbra, apenas unos rayos de sol se atrevían a traspasar esa barrera de nubes a esa hora, el cielo estaba escribiendo una vez mas, una de tormentas, con rayos y truenos, pero tardarían unos minutos, antes que aquel silencio se quebrara por el ruido rompedor y tembloroso que atemoriza cualquier corazón, nadie hubiera apostado, que en esa mañana soleada el cielo sufriera ese  lento y siniestro cambio.

Traicionado el cielo, prácticamente azulado, con el que había amanecido ese mismo día, las nubes tímidas y escasas no presagiaban dicho acontecimiento de la naturaleza, pero transcurría el tiempo y sin apenas apreciarse, las amenazantes nubes pasaron a grotescas.

La tormenta se precipitó inminente, rugiendo por doquier, las gotas caían a gran velocidad precipitándose sin cesar una tras otra, en abundancia, no se qué tiempo transcurrió, sé que todo cesó igual de rápido que los fogonazos, aquel día en que la primavera llegaba casi a su fin, la tierra olía muy diferente a como olió durante el día, mojada, empapada, las nubes agotadas, se desvanecieron, dando paso al cielo mas estrellado y la luna mas luminosa que uno pudiera imaginar.