El manzano de la esperanza

Hace ya muchos, muchos años, en el reino Astur, vivía un hombre poseedor de grandes fortunas y terrenos, este hombre se llamaba Anselmo, estaba casado con una mujer, Salomé, ellos querían ser padres, visto que no lo conseguían, decidieron ir Cangas de Onís a rezar a la Virgen de Covadonga, pasaron los años y el milagro obró, la mujer dio luz a una hermosa bebé, a la que pusieron de nombre Mari Luz, contentos como estaban lo festejaron por todo lo alto.

Pero resultó que la leche materna era muy escasa y no era muy buena, así que buscaron una mujer que pudiera amamantarla, de todas las que se presentaron fue Esperanza quien consiguió ser aceptada en la familia, durante largo tiempo vivieron felices.

Mari Luz fue creciendo estaba siembre muy contenta y alegre, jugaba y reía con sus padres y con Esperanza que era prácticamente de la familia, ya tenía sus maravillosos y esplendorosos 15 años, nadie suponía que hubiera un día trágico para la familia y fue cuando un día Mari Luz enfermó, débil como estaba y tan frágil, postrada como estaba, ni si quiera los mejores doctores de Oviedo (Ovetum) dieron con la causa de la enfermedad y su posible remedio, la daban ya casi por fallecida, la tristeza imperaba en toda la familia, Esperanza fue entonces ver a la Virgen de Covadonga en Cangas de Onís y sus plegarias fueron escuchadas y Mari Luz sanó, volvió a la vida, Anselmo y Salomé estaban muy agradecidos, así que decidieron dar parte de sus terrenos a Esperanza, ella en respuesta a tal bondad les dijo que si algún día la llegaba la hora les pidió que plantaran un manzano para que pudieran acordarse de ella, que lo único que había hecho era querer a Mari Luz como a una hija y rezar a la Virgen de Covadonga para que sanara.

Pasó el tiempo, Esperanza era casi una anciana, cuando pasó a mejor vida, todos en aquella familia lloraron su pérdida, y como habían prometido plantar un manzano llegado la hora así hicieron, uno muy hermoso y florido, el manzano de la Esperanza.

La niñita rebelde

Andreita era una niña responsable, alegre, dinámica, sacaba siempre buenas notas y sus padres estaban encantados con ella, bueno sus, padres, compañeros del cole, profesores, vecinos. Colaboradora, ayudaba no solo en las labores de casa, sino con todo el mundo fuera de ella, pero llegados a los 10 años, hecha ya la comunión, y cerca ya de los once había estado sufriendo un cambio prácticamente radical y muy sibilino, respondía a sus padres, les decía a todo que no, los padres estaban muy apenados, ¿se estaría pasando  al lado oscuro? ¿Sería un nuevo caso de “la niña del exorcista”?

No daban con su problema, si estaba enferma de algo desconocido o si era un cambio hormonal. Los médicos, sicólogos y demás divagaban sobré que podría suceder, se les escapaba de las manos.

Una buena mañana, la madre sentada en el sofá entristecida por su querida niñita, se vio turbada por un pequeño ruido procedente de la ventana, hizo que mirase y viese a una liebre con alas, sorprendida por dicho acontecimiento, intentó frotarse los ojos pensando que las lágrimas dejaran de ver ese animal, que era imposible que lo que veía fuese real y sobre todo oír a aquella cosa, no es posible, dicho animalito no existe, pero estaba equivocada, pues estaba delante suyo.

-Maria- dijo, -tu hija no esta enferma, ni nada por el estilo, lo que necesitas es reiniciarla y para eso tienes que hacer un ejercicio de choque, tiene que ver de tirón varias películas, mezclando Disney con otras de gran violencia, después tendría que descansar,  y no ver la tele, o por lo menos evitar la tele basura, ella entrará en una fase de larva, mas tarde en un estado de coma, para convertirse en la princesa de las hadas, sólo así regresará a ser la Andreita que todos conocemos y queremos- puf- desapareció, sin más.

Su madre cogió a su hijita del alma, hizo lo que el bichito había dicho, la ató a una silla a ver todo tipo de películas ya fueran de Disney, como la mas gore que pudiera haber en el mercado, después se desmayó y entró en coma como pronosticó aquel ser, pasados unos días Andreita se convirtió en princesa de las hadas y fue la misma niña de antes tan cariñosa con sus besitos e inocencia.

Colorín colorado este cuento se a acabado o ¿no?

Alumno enamorado

La incertidumbre estaba en el aire o más bien el amor, él ese año ya no sería un novato mas de los tantos que empezaban la carrera universitaria, aunque  para él esa situación era como una de las peores novatadas que podría recibir cualquier estudiante de aquella universidad en su primer año, todo esto traducido a uñas comidas, el cuaderno lleno de poemas y  el pupitre garabateado con corazoncitos emborronados o tachados, pues tenía que disimular ante los colegas, bien es cierto que la profe era la más joven del campus y quizá hasta la mas guapa, la comidilla entre los alumnos con sus chismorreos de que si estaba buena y demás, ¿quién no ha dicho alguna vez que el de mates o la de geografía sea guapo o guapa?

¿Sería él un alumno más? ¿Se habría fijado en él? eran muy frecuentes las fantasías que le venían en clase a la cabeza, menos mal que tenía las tutorías para aclarar las dudas, ese era el momento para abordarla, en que le pertenecía por unos momentos, en los que preguntaba miles de cuestiones pero ninguna de tipo personal, tenía miedo a que se sintiera incomoda y se enfadara, ademes tenía que ser muy discreto para no ofenderla y a la vez evitar la vergüenza y el sonrojo que suponía estar con ella.

Una vez, de tantas las tutorías a las que asistió, se le cayó el lápiz y ella fue a cogerlo y abrió las piernas para poder alcanzarlo, dejando las bragas a la vista, ella que se dio cuenta dejó que el lápiz se cayera de nuevo abriendo aún mas las piernas para que el pupilo lo viera bien claro a la vez al agacharse también dejó el escote a la vista con lo que pudo recrearse bien la vista, se acercó al oído y le dijo que sabía que la miraba atentamente y que eso la excitaba mucho, aprovechando el acercamiento fue a introducir la mano en su bragueta, ¿sería cierto lo que estaba sucediendo?.

¡Martínez despierte! ¡Martíiiiiinez!

Noche calurosa

Estoy en la cama, intento dormir, pero este calor no me deja pegar ojo, estoy prácticamente empapado en sudor, sin más, me levanto, voy al baño, me lavo la cara intentando refrescarme, salgo, me dirijo a la cocina, cojo el ron cubano, me lo sirvo con un hielo, le doy un sorbo, mmm, que recuerdos más extraordinarios me trae de mi viaje a Cuba, por cierto, los habanos, voy directo al cajón de la cómoda, donde los tengo guardados, enseguida echo mano y lo enciendo, noto que el humo entra y sale de mis pulmones, pongo la radio, una pequeñita que suelo poner en cualquier rincón para escuchar la música, procuro que no esté alta para no molestar a los vecinos, suena una canción de Celia Cruz, Azúcar!!!  Me siento en la mecedora de mi abuela y en un momento me sumerjo en la Habana Vieja, dónde la conocí, a ella, María, mulata, esbelta, buenas curvas, generosos pechos, pelo negro, brillante, ondulado y ojos de gata, mis pies me llevan bailando a ella, nos abrazamos, sus labios carnosos con sabor a miel se juntaron con los míos, doy otra calada, cierro los ojos y al abrirlos, estoy de regreso, en el balcón, sentado en la mecedora, su perfume se me escapa, sopla una ligera brisa, alzo el vaso a la luna y brindo, mi pensamiento habla por mí, hasta la victoria siempre!!!  Viva Cuba!!!

¿Nervioso? No, lo siguiente

Guillermo es un joven de unos 30 años, delgado en apariencia, pero fuerte, alegre, muy laborioso. Criado en  las montañas de Asturias, trabaja en Oviedo, en unas oficinas de telecomunicaciones, no solo llevaba los asuntos de la oficina, también se encargaba de la informática de su sección, ponía apunto todos los ordenadores, las impresoras, etc.

En la oficina todo el mundo le conocía como “el correcaminos” pues no paraba ni un minuto, siempre de un lado para otro con prisas, guille arréglame esto!!!, guille arréglame lo otro!!!, guille necesitamos papel para imprimir los documentos!!! le ordenaban, además tenía el peor jefe que podría tener cualquier empleado, Guillermo tienen que estar las facturas para ayer!!! Espetaba, al pobre, no le permitía cometer ningún error, a la mínima le obligaba a ir al despacho para que enmendara el estropicio y pensara en ello, tras una bronca monumental que temblaba hasta las paredes.

Cuando llegaban las vacaciones siempre se marchaba con su familia en las montañas, lejos del estruendo y alocada vida de la ciudad, pero un día un amigo suyo de la infancia, vecino de la casa que había un poco más abajo de la casa de sus padres, le recomendó que en vez de veranear en las montañas se fuera a otro país, recomendándole que podría si quisiera ir China, que sería un viaje de lo más cultural y atractivo, así que le hizo caso, preparó las maletas y compró unos billetes de ida y vuelta, Oviedo-Madrid-Pekín y Pekín-Madrid-Oviedo.

El día del viaje, Guillermo no solo temblaba como un flan de lo nervioso que estaba, le sudaban las manos a chorros, bueno también la frente y el sobaco, en la aduana pitó por el detector de metales le hicieron quitar el cinturón y el pantalón como le caía se lo agarraba como podía con una mano, mientras con la otra enseñaba la documentación y tiraba del equipaje de mano, ya en el avión  fue algo más tranquilo, aunque los nervios no se le iban, lo peor fue sufrir la fuerte turbulencia al llegar a China tras haber soportado no sé cuántas horas, cuando por fin en el avión pudo aterrizar, peor fue buscar la salida ya que no entendía los letreros, una veces por intuición y otras preguntando y encima afuera llovía que parecía que tiraban calderos de agua, tras la encrucijada de llegar a una parada de bus y comprar un billete, el autobús no es que fuera malo, es que como mínimo era de segunda o tercera, extremadamente pequeño e incómodo, hasta el punto en que estaban todos apretados y había un hombre que llevaba una gallina que le estuvo picando la cabeza todo el recorrido hasta que llegó al hotel, bueno si eso se podría llamar así, le dieron una habitación de mala muerte, que olía a vómito y estaba plagado de mosquitos y otros insectos, así que de los nervios, se le puso un tic en una ceja, y la cama era dura como el demonio.

Al día siguiente reclamó y le pusieron en un bungaló, en la playa conoció a una joven muchacha, era un poco más joven que él, trabajaba para los misma agencia, además  se hospedaba en un bungaló un poco más allá, se llamaba Chun Lee.

Favor

-¡Manos arriba! Rrrg –lorito- grrrg- -¡joder que susto! ¡puto loro!- siempre que entro a su casa me pasa igual, no sé cómo hago para asustarme tanto, todo porque me comprometí a cuidar del jodido loro de los cojones y las malditas plantas, si además sé que siempre dice lo mismo cuando entra alguien, no sé por qué me altero, si es que de buenazo soy tonto, me quedo como un gili mirando sus tetas y claro no se decir que no, SSSS si- termino diciendo siempre –que mono, gracias vecino- mientras me acaricia el pelo, bueno en fin que hago lo que tengo hacer, regar y darle pienso al loro, que ya voy algo tarde para ir con los colegas a tomar unas birras que ahora con este calor entran de puta madre, bueno tarea cumplida, salgo por la puerta -¡manos arriba!- Coooño con el loro- grrrg- lorito- ¡pum!.

ERTE

ERTE aquí, llegó lleno de alegría, ilusión y optimismo, saludando a sus compañeros de trabajo como solía hacer todos los días y más aún después de haber estado en confinamiento por largos días debido a un virus, el coronavirus, conocido como covid-19, sufriendo un ERTE junto con otros empleados de la empresa.

Pero todo se esfumó cuando su querido y estimado jefe, su hermano, lo llamó a la oficina con la misma hostilidad y sequedad que le caracterizaba, así sin más, ni los buenos días ni hostias en vinagre, ¿para qué?

Así que sin remedio alguno subió como manso corderito, sabía que no le esperaba nada bueno, la verdad nunca fueron positivas sus charlas y menos cuando se reunían en el despacho donde le hostigaba sin piedad, cruel destino, ¿qué le ampararía ahora?

De la misma manera que una metralleta dispara sin piedad, soltando dardos envenenados, quejas y más quejas, que no había trabajado nada, sin haber hecho ninguna de las tareas encomendadas durante esos días en los que sufrió el ERTE, sus palabras salían sin parar, crueles, llenas de odio e histeria, acusándole de mentiroso, de faltar la verdad, mientras que pensaba, -¿si haber publicado cuatro artículos en la web de la empresa? Y más aún estar en contacto con el padre de ambos para hacer un quinto y un sexto artículo para la página en la que trabajaban, si eso no era currárselo ¿qué coño era? Además que estaba en un ERTE, no tenía ni la necesidad ni la obligación de hacer nada y aun así se molestaba en realizar dichas tareas, joder para eso mejor se hubiera tocado los huevos a dos manos y entonces ahí sí, ahí si le podría dar la razón, siguió hablando sobre que otros trabajadores siguieron trabajando aun estando en ERTE, que era un vago y mentiroso.

Se sentía contrariado, confuso, la garganta seca, con ganas de llorar, no sólo le humilló en lo profesional, también en las cuestiones personales, diciendo, -aún sigues con esa mujer, tengo pruebas de que estáis juntos, ya no pudo más y respondió, -¿es un delito? ¿Por qué me tratáis como un delincuente? ¿Dónde está escrito que sea un delito? ¿Pruebas? ¿Es que me espías? ¿Qué pruebas? Demuéstralo, no tienes nada, ni puta idea de lo que hago, a lo que el jefe añadió, -hasta en eso me mientes, si me da igual lo que hagas, pero di la verdad, replicando- si miento demuestra esas pruebas y sino cállate y déjame en paz, así que se hizo un silencio, él salió por la puerta del despacho dolido y apenado, pensando lo triste que ese monstruo de jefe fuese su hermano, pues compartían la misma sangre.

Mar de palabras

Intensa es la luz que en mí despierta, ella es la más bella y hermosa persona en este mundo, serían miles las palabras que por ella describiría, pues hace enorme mi sentimiento, incluso me pondría a escribir un soneto, quién, a mi nada ni nadie ahora me lo impedimenta, pues con ella, el amar y la música van unidas de las manos, ya que es este amor tan de verdad, que hace ser el origen de la música que en mí se produce, todo es paz, como un océano de agua mansa.

Ahora gozo de pasión, llegando al éxtasis que me embriaga el corazón, como si de un hechizo o embrujo se tratara, si antes estaba exánime, no fue más que un inciso en mi vida, a ella debo este vivir y sentir, pues ha de ser el ave fénix, el resurgir del latir en mi corazón.

Los baches del patio

Me llamo Daniel, pero todo me conocen por Dani, a secas, yo era huérfano y me crie rodeado de monjas, las odiaba, “el sapo”,  “el rata” y yo, entre  otros de la pandilla estábamos casi todos los días castigados, bien es cierto que no éramos unos santos, pero tampoco ellas unas hermanitas de la caridad y por lo tanto la guerra estaba declarada, cada fechoría nuestra, ellas contraatacaban, tirón de orejas y al despacho de la hermana priora, ahí ya era lo peor, ¡zas! Seguido de ¡ay! Y así una y otra vez, pero no solo era daño físico, también era sicológico, a ver quién aguantaba mas, aunque claro quienes tenían las de perder éramos nosotros ya que las hermanas, como querían que las llamasen, tenían la sartén por el mango o más bien la zapatilla, ya más de una habré visto volar y rozarme la cara, aunque siempre nos acertaban, yo creo que a escondidas se entrenaban, ya me las imagino yo en un campo a escondidas entrenando con las zapatillas en mano.

Me acuerdo que no teníamos balón para jugar al futbol, además el campo estaba lleno de baches, algunos se fueron agrandando hasta llegar a ser nuestras trincheras que con palos y piñas simulábamos armas, teníamos que matar al enemigo, siempre al acecho.

A medida que fui creciendo estudiaba todas las instalaciones, cada rincón de aquella prisión que era el orfanato donde nos mataban de hambre, en mi mente estaba la idea de que algún día pudiese fugarme de aquel infierno, tardé en lo que aprendí a leer, escribir y las cuentas hacerlas perfectas, esperé un par de años más, para estar bien preparado, en cuanto pude me escapé, me fui a vivir a una casa abandonada al lado del cementerio, ahí quien miraría, todo el mundo tiene miedo a ese lugar, así que era mi escondite perfecto, de vez en cuando regresaba para ver a mis amigos y que me dieran algo de comer, otras veces mendigaba, los chicos me preguntaban si no tenía miedo, pero peor era la ciudad, con los coches por todas partes, gente que saca la navaja y te roba, todo por un bocado de pan o lo que sea, algo que meter en la boca.

Pasados los años me presenté a un concurso de talentos, me acuerdo que antes de escapar y siendo monaguillo, en los días de misa, me ponían a cantar y decían que lo hacía como los ángeles, la cuestión es que aquel concurso lo gané y un magnate se fijó en mí, por lo que ahora me dedico a grabar discos, soy número uno en ventas, reconstruí la que fuera mi casa frente al cementerio y al orfanato bueno lo dejé en manos del ayuntamiento, estaba viejo, casi en ruinas, eso sí, en el patio, ya no había baches.