Nueva vida

Lo llaman la tierra prometida, llena de oportunidades, así es como empieza mi aventura, viajando en barco a un país desconocido, no conozco sus costumbres ni nada y menos aún el idioma, me asusta de sólo pensarlo pero había tomado una decisión y ya no podía echarme atrás.

Salí corriendo del camarote al poco de saber que pronto llegaríamos a nuestro destino, fui a proa dando brincos de alegría, con la petaca que apenas estaba llena, un poco de ropa, un poco de comida que mi madre me dio para el camino y unos cuartos de mi padre que tenía ahorrados de trabajar en la mina, yo por el contrario estaba lleno de ilusión.

Estaba entusiasmado y alegre, asombrado de lo que veían mis ojos, ante mí las faldas de la estatua de la libertad y una nueva ciudad que según me informaron estaba en fase aún de construcción y esperaban que avanzase y creciese, que se desarrollaba de una manera muy rápida y espectacular, Nueva York, una ciudad a la que pasaría a formar parte.

Al timón estaba el capitán luciendo galones y haciendo alarde de su poder dando órdenes a la tripulación, siempre acompañado de su mascota, un loro que posaba en su hombro derecho.

Llevábamos días surcando el mar, cruzando el charco decían, estaba preparado para ese gran cambio, mi Asturias, patria querida, por las américas, mi nuevo destino, dónde me esperaba mi tío Juan hermano de mi madre, al igual que yo ahora, él había recorrido todos esos kilómetros antes para buscar fortuna y ahora era yo quién llegaba con la misma intención, ayudarle en su nuevo negocio y así labrarme una nueva vida.

Llegué y saludé efusivamente a mi tío, con muchos abrazos, luego nos fuimos a una casa a las afueras no muy lejos de la gran ciudad, me enseñó el que sería mi nuevo hogar, la que sería mi habitación, me dejó un rato a solas para que desempaquetara antes de la cena, lo primero que hice fue tirarme en la cama, olía a esperanza, y sobre todo, a libertad.

Momentos

Hacía tiempo que Rodrigo estaba en ese lugar, siempre hacía las mismas cosas como los demás, a su lado había una persona, él se sentía inquieto pues no sabía quién era ella, aunque cuando empezaban a hablar él se sentía muy cómodo, se veía que era muy cariñosa y complaciente, suave en sus palabras, ya por la mañana se levantaban a la vez en camas separadas, ella dulcemente se presentaba, decía llamarse María, tenía una mirada angelical, era muy complaciente, siempre ayudando en lo que podía.

Había algún domingo que otro que recibía visita, entonces esa gente que decían ser su familia le rodeaba y paseaban todos, incluido la encantadora anciana que tanta compañía hacía al pobre Rodrigo, salían siempre al parque dónde en un pequeño estanque daban de comer a los patos, el agua era limpia y cristalina.

Él siempre recordaba un lugar, un pequeño pueblo al que marchaba con su familia a veranear, había un lago y en un árbol colgaba una rueda enorme dónde poder columpiarse o incluso para tirarse al agua, hizo muy buenas amistades y siempre se carteaban, se felicitaban las navidades y sobre todo los cumpleaños, Migue, el 18 de octubre, Fran el 4 de noviembre y María el 25 de diciembre, era algo que recordaba tan nítido como el agua del lago.

Una mañana de tantas, Rodrigo se levantó, miro a la cama de al lado, se encontraba vacía, eso le hizo ponerse muy nervioso, a pesar de estar en pijama salió al pasillo y llamó a una enfermera, y angustiado la agarro por los hombros gritando, ¿María? ¿dónde está María? ¿dónde está mi mujer?

Resaca

mmmmm…. ¿eh? ¿dónde estoy? Poco a poco empiezo a ver las cosas con nitidez y percibirlas dándome cuenta de donde estoy, echo mano al móvil que tengo en la cómoda, miro la hora, son mas de las dos de la tarde, no recuerdo nada de lo que hice anoche, ¿cómo cojones llegué ahí? Dios que dolor de cabeza, me duele todo el cuerpo, tengo mal estar, estoy jodidamente mal, resumen tengo una resaca del quince, menudo pedo, uf he de hacer memoria, veamos…

Era nochevieja, fui a cenar con, mis padres, hermano y mis sobrinos, yo llego solo, soy el solterón de mi familia, reparto besos y abrazos por doquier, la mesa ya está puesta, mis sobrinas cariñosamente me indican donde me tengo que sentar, pues es siempre igual, al lado de mi padre, mi madre preside y mi hermano con las pequeñas enfrente y al otro lado mi sobrino, ya que su madre está guardia.

A la hora de ponernos a cenar, mi madre saca un sinfín de comida, langostinos, chirlas, pescado, etc.

Siempre nos quejamos por los excesos, pero nada, será así todos los años, yo sabiendo lo que me espera intento comer con la mayor de mis moderaciones y no saturarme, pues me espera la rica tarta de la abuela preparada por las expertas manos de mi madre, después del atracón nos preparamos para recibir el nuevo año, contamos las uvas que van en cada plato, las niñas y el chaval usan pequeños trozos de chocolatina, sucede todo muy rápido, llegan las campanadas, nos felicitamos, brindamos por el nuevo año, me pongo la america, sesión de fotos, me despido de la misma manera que llegué, abrigo en mano bajo en el ascensor, me reúno con la pandilla en el punto indicado, Javi, Nacho y Toño son los primeros, nos saludamos efusivamente, elogios varios, luego llegan los demás, las chicas llegan juntas, este año hemos decidido ir de bares, pues consideramos que es un robo pagar todo ese pastón por unas horas en un lugar donde estás encerrado al igual que las sardinas en lata, pues no hay pelas para ciertas cosas.

Entramos en un bar donde al cual solemos ir algún fin de semana y tomar unas birras, vimos que no está muy petao y decidimos quedarnos ahí, las copas fueron sucediendo una detrás de la otra, la música hizo lo demás, bailamos como descosidos, nos reímos un montón, hicimos tonterías varias sin parar, supongo que a alguna chica no las haría gracia que nos emborracháramos tan pronto, aunque seguíamos en pie ya pasadas las seis de la mañana, la gente estaba moñas, hubo una pequeña bronca, pero nada importante, yo me puse ha hablar con la camarera, Esperanza, estudiante universitaria, trabajaba ahí para ganar dinero y pagar sus estudios, conté algún chiste y la insistencia hizo que bailara un poco conmigo, debí de car bien porque me invitó a varios chupitos de tequila, me ardía el estómago, y luego ya no recuerdo más.

Me levanto de la cama, voy al salón y ahí estaba viendo la tele sonriendo, desde aquel día deje de ser el solterón de la familia.

Cuento de Navidad

Hoy es 24 de Diciembre, Noche buena, aún es temprano, está empezando a amanecer, hay que acabar pronto el trabajo, para tener a los clientes satisfechos, como siempre.

Cojo la primera carpeta, el primer cliente del día, no es que los clientes lo sean porque quieran, es otro tipo de servicio y clientela, nosotros vemos, oímos y decidimos a quien hacer cliente, aunque suena a trabajo remunerado tampoco lo es, no hay ni jefes ni empleados, aunque si en cierto modo.

¿A qué nos dedicamos? Pues nuestro deber es, hacer cambiar a las personas, que sean mejores y por supuesto el objetivo final, es el mismo, que crean en la Navidad.

Leo la carpeta, ya el nombre me pone la carne de gallina, ni más ni menos que el Sr. Scrooge, uf esto por lo menos lo clasifico como alerta 4, siendo el 5, el máximo.

En estos casos, siempre uso a los mejores, no me queda otra, les llamo de inmediato, los tres fantasmas, el del pasado, el del presente y el del futuro, les doy la carpeta, con todos los datos, dónde vive, familia, si es que tiene, trabajo, carácter y demás.

Me pongo serio, comento la situación, como el tiempo apremia, soy breve, cuando llega la hora les deseo suerte, aunque sé que no lo necesitan.

Llega la hora, las 12 de la noche, todo empieza, uno a uno van haciendo su trabajo, pasado primero, presente segundo y para terminar futuro, me comentan que es un hueso duro de roer pero que caerá.

Todo termina cuando llega el fantasma del futuro, tras realizar su trabajo, nunca sonríe, pero sé que en el fondo se regocija de satisfacción.

Por la mañana vemos el resultado, el Sr. Scrooge abre las ventanas de par en par y felicita las navidades a todo el mundo, sonríe, más tarde vemos que va a la casa del sobrino a celebrarlo.

Misión cumplida, otro cliente o mejor dicho, otra persona más que cree en la Navidad.