Nueva vida

Lo llaman la tierra prometida, llena de oportunidades, así es como empieza mi aventura, viajando en barco a un país desconocido, no conozco sus costumbres ni nada y menos aún el idioma, me asusta de sólo pensarlo pero había tomado una decisión y ya no podía echarme atrás.

Salí corriendo del camarote al poco de saber que pronto llegaríamos a nuestro destino, fui a proa dando brincos de alegría, con la petaca que apenas estaba llena, un poco de ropa, un poco de comida que mi madre me dio para el camino y unos cuartos de mi padre que tenía ahorrados de trabajar en la mina, yo por el contrario estaba lleno de ilusión.

Estaba entusiasmado y alegre, asombrado de lo que veían mis ojos, ante mí las faldas de la estatua de la libertad y una nueva ciudad que según me informaron estaba en fase aún de construcción y esperaban que avanzase y creciese, que se desarrollaba de una manera muy rápida y espectacular, Nueva York, una ciudad a la que pasaría a formar parte.

Al timón estaba el capitán luciendo galones y haciendo alarde de su poder dando órdenes a la tripulación, siempre acompañado de su mascota, un loro que posaba en su hombro derecho.

Llevábamos días surcando el mar, cruzando el charco decían, estaba preparado para ese gran cambio, mi Asturias, patria querida, por las américas, mi nuevo destino, dónde me esperaba mi tío Juan hermano de mi madre, al igual que yo ahora, él había recorrido todos esos kilómetros antes para buscar fortuna y ahora era yo quién llegaba con la misma intención, ayudarle en su nuevo negocio y así labrarme una nueva vida.

Llegué y saludé efusivamente a mi tío, con muchos abrazos, luego nos fuimos a una casa a las afueras no muy lejos de la gran ciudad, me enseñó el que sería mi nuevo hogar, la que sería mi habitación, me dejó un rato a solas para que desempaquetara antes de la cena, lo primero que hice fue tirarme en la cama, olía a esperanza, y sobre todo, a libertad.

En la villa

Era ya noche cerrada, en la villa dormían todos, los animales en la granja y establos, estaba todo tranquilo, luna llena, apenas unas nubes que de vez en cuando se interponían a tal belleza y esplendor, el silencio apenas interrumpido por el cri cri de los grillos, el ulular del búho y el silbido del aire, tan solo una joven muchacha estaba a las afueras, se sentía inquieta, aunque con apariencia serena, esa noche sabía que sería la última como soltera, pues en la mañana del día siguiente se casaría, la brisa removía su larga cabellera, estaba arrodillada, rezando, posaba los codos sobre una roca, se levantó, y empezó a cantar, era distinta, se sentía distinta, era feliz.

Más por menos

Te levantas, le ves ahí acostado junto a ti, le acaricias el pelo, le das ánimos y le dices con cariño que otro día ha empezado, le besas, despiertas a tu hijo, pues tiene que ir al colegio, preparas el desayuno para todos, te exiges casi demasiado, te duchas, te pones las cremas, te pintas un poco, te vistes y sales con el crio y luego vas al curro, siempre sonriente, pero ese día no, o por lo menos no del todo, saludas amablemente, pero notas que en tu interior falta algo, cuando llegas vas a cambiarte directa a tu taquilla, te pones el mono, miras el reloj, su taquilla sabes que ella no vendrá, ni hoy ni nunca, ese malnacido hijo de …., las lágrimas afloran y resbalan por tu mejilla, aun así susurras entre dientes, esa cabrona va a llegar tarde, te parece verla y sonríes.

Te quitas la lágrimas con la manga, das un golpe seco en la taquilla, hoy no queda más que trabajar duro, como siempre, además es el día de paga, sabes que con esa miseria no crees llegar a fin de mes, gracias al sueldo que juntas con tu marido seguís más o menos bien, para adelante, y una vez más te preguntas cómo es que Carlos, Juan y el resto de compañeros, que tienen el mismo trabajo que tú, cobres menos por ser mujer, maldices una vez tras otra, más por menos.