Mar de palabras

Intensa es la luz que en mí despierta, ella es la más bella y hermosa persona en este mundo, serían miles las palabras que por ella describiría, pues hace enorme mi sentimiento, incluso me pondría a escribir un soneto, quién, a mi nada ni nadie ahora me lo impedimenta, pues con ella, el amar y la música van unidas de las manos, ya que es este amor tan de verdad, que hace ser el origen de la música que en mí se produce, todo es paz, como un océano de agua mansa.

Ahora gozo de pasión, llegando al éxtasis que me embriaga el corazón, como si de un hechizo o embrujo se tratara, si antes estaba exánime, no fue más que un inciso en mi vida, a ella debo este vivir y sentir, pues ha de ser el ave fénix, el resurgir del latir en mi corazón.

Los baches del patio

Me llamo Daniel, pero todo me conocen por Dani, a secas, yo era huérfano y me crie rodeado de monjas, las odiaba, “el sapo”,  “el rata” y yo, entre  otros de la pandilla estábamos casi todos los días castigados, bien es cierto que no éramos unos santos, pero tampoco ellas unas hermanitas de la caridad y por lo tanto la guerra estaba declarada, cada fechoría nuestra, ellas contraatacaban, tirón de orejas y al despacho de la hermana priora, ahí ya era lo peor, ¡zas! Seguido de ¡ay! Y así una y otra vez, pero no solo era daño físico, también era sicológico, a ver quién aguantaba mas, aunque claro quienes tenían las de perder éramos nosotros ya que las hermanas, como querían que las llamasen, tenían la sartén por el mango o más bien la zapatilla, ya más de una habré visto volar y rozarme la cara, aunque siempre nos acertaban, yo creo que a escondidas se entrenaban, ya me las imagino yo en un campo a escondidas entrenando con las zapatillas en mano.

Me acuerdo que no teníamos balón para jugar al futbol, además el campo estaba lleno de baches, algunos se fueron agrandando hasta llegar a ser nuestras trincheras que con palos y piñas simulábamos armas, teníamos que matar al enemigo, siempre al acecho.

A medida que fui creciendo estudiaba todas las instalaciones, cada rincón de aquella prisión que era el orfanato donde nos mataban de hambre, en mi mente estaba la idea de que algún día pudiese fugarme de aquel infierno, tardé en lo que aprendí a leer, escribir y las cuentas hacerlas perfectas, esperé un par de años más, para estar bien preparado, en cuanto pude me escapé, me fui a vivir a una casa abandonada al lado del cementerio, ahí quien miraría, todo el mundo tiene miedo a ese lugar, así que era mi escondite perfecto, de vez en cuando regresaba para ver a mis amigos y que me dieran algo de comer, otras veces mendigaba, los chicos me preguntaban si no tenía miedo, pero peor era la ciudad, con los coches por todas partes, gente que saca la navaja y te roba, todo por un bocado de pan o lo que sea, algo que meter en la boca.

Pasados los años me presenté a un concurso de talentos, me acuerdo que antes de escapar y siendo monaguillo, en los días de misa, me ponían a cantar y decían que lo hacía como los ángeles, la cuestión es que aquel concurso lo gané y un magnate se fijó en mí, por lo que ahora me dedico a grabar discos, soy número uno en ventas, reconstruí la que fuera mi casa frente al cementerio y al orfanato bueno lo dejé en manos del ayuntamiento, estaba viejo, casi en ruinas, eso sí, en el patio, ya no había baches.

Mujer fatal

Maldigo el día o más bien la noche que la conocí.

Era un sábado, mis amigos y yo nos fuimos al garito de siempre, dónde suelen dar conciertos en directo y las birras están a buen precio, nos reunimos como siempre a echarnos unas risas, privar y comentar cualquier cosa o chorrada, alegrarnos la vista con cualquier culito o par de tetas impactantes que se nos cruce por delante, no teníamos límite, incluso si terminabas con un polvete mucho mejor, llegar a eso era todo un triunfo y luego podrías fardar.

Esa noche, de entre todas las tías topé con semejante bicho, la tentación me superó, no lo pude evitar, ya me lo intentaron advertir Loquillo y Fito con: “mujer fatal, siempre con problemas…” y “Soldadito marinero encontraste una sirena…” canciones que sonaron cuando nos conocimos, pues bien yo estaba en la barra, esperando a que me atendieran para pedir unos cubatas, ella como gatita en celo me vino a ronronear, me pidió fuego, yo encantado encendí su peta, ella me ofreció, así que le di un par de caladas con mucho gusto, era María de Marruecos, al igual que ella, menuda casualidad, manda huevos, sus padres eran españoles, fueron a Marruecos por trabajo y cuando era pequeña regresaron a España, estuvimos charlando y fumando porros, conociéndonos y eso, mira que estaba buena, joder si lo estaba, menudo pivón, esbelta, ojos felinos, mirada sensual, tenía un algo que me hechizaba, graciosa, con picardía en ocasiones, además la panda flipó cuando la presenté, si si pero el tiempo pasó y la dulce y encantadora minina pasó a pantera en cuanto podía sacaba las garras y te daba un zarpazo destrozándote en cuestión de segundos y la tropa pasó de admirar su anatomía y de babear por su espectacular cuerpo a adjetivos tipo: víbora, amantis religiosa y cosas similares o peores, no solo me sometía en público, pasé incluso a ser su esclavo sexual. Para mí los días eran como unas campanas silenciadas, un ángel y un demonio en lucha constante, con sus pros y sus contras, ¿era lo que estaba buscando? ¿Qué quería? ¿La deseaba?

Pero hoy no, hoy no saldré de dudas, aquí me tenéis haciendo puenting, estoy a punto de saltar, mis piernas tiemblan, ella decidida con la intención de ayudar, la muy jodía, va y  me empuja, ¡Ja putaaaaaaa!

Caperucita roja

Érase una vez… qué coño, esto es de otro siglo, hay que modernizarlo un poco y darle un toque más actual, empezando por el título.

Caperucita “la roja”

Buenas me llamo Sandra, todos me llaman caperucita “la roja” porque me gusta vestir con sudaderas con capucha y lo de “la roja” es porque estoy afiliada al partido comunista.

Estaba en casa mirando el face, actualizando mi perfil, bajándome unas fotos y viendo las cosas que ponen las personas que tengo agregadas, en ese momento sonó el plin del móvil, lo miro, es un whatsapp de mi madre.

“caperucita ve a llevarle los tapers de la nevera con la comida de la abuela que ya sabes que no se encuentra muy bien, no vallas en moto que ya sabes que no me gusta, besos”

Así que la respondí “Si madre, ya llevo la comida a la abuela, tranquila no iré en moto, iré caminado para estirar las piernas”

Evidentemente no hice caso a lo que pedía mi madre con respeto a lo de la moto y me subí a la vespa y arranque camino a casa de mi abuela con la comida.

Tome un atajo y me fui por el desvío de “ El bosque encantado” de repente la moto se paró y la aparque en el arcén cerca de un árbol atándola con la cadena, en ese momento se acercó un camión, “Turrones El Lobo”, aparcó y bajo el caminero, era muy guapo, vamos que estaba buenísimo, tenía un polvo, estaría rondando los cuarenta más o menos, pelazo, castaño, con un peinado moderno, de los lados lo tenía hacia arriba terminaba como si fueran las orejas de un lobo, se notaba que se cuidaba, se le veía fuerte, llevaba una cazadora de cuero marrón y unos vaqueros ajustados, marcando paquete, del cuello le colgaba unas placas de esas identificativas tipo militar, en una ponía James Logan y en otra ponía “lobezno”, se acercó y me dijo -¿algún problema guapa? A lo que respondí –se me ha estropeado la moto, y tenía que llevar la comida a mi abuela- entonces él se ofreció –si me indicas dónde, yo te puedo acercar- agradecida le dije donde podía dejarme – si es al salir de “El bosque encantado” en una casa que hay al final del camino, gracias-

Subimos a su camión y pasados unos minutos llegamos a la casa de mi abuela, cuando estacionó el camión me dirigí a su casa, estaba el jardinero, un cubano cachas, mulato, de unos treinta años aproximadamente, le hicimos el favor de hacerle un contrato y así que tuviera los papeles, entré en la casa y fui al cuarto de mi abuela, cuando entré me asusté y di un grito lleno de pavor, ¿qué la había pasado?, no era la alegre persona que yo conocía, no se podía describir lo que veían mis ojos, rápidamente vinieron primero el camionero y a continuación el jardinero, que acto seguido clavó las tijeras de podar en la cabeza de lo que antaño había sido mi abuela, se había convertido en un puto zombi, nos fuimos dejando el cuerpo inerte en el suelo, mis sentimientos se encontraron y empecé a llorar, mis recuerdos de una abuela en una vida mejor afloró en mi mente y me derrumbaba por completo, así que me abracé tanto al jardinero como a “lobezno”, pusimos ruta a mi casa.

Mobbing

Estaba incrédulo ante lo que sucedía delante suyo, no daba crédito a lo que estaba oyendo, su jefe, que en este caso al ser una empresa familiar, era su propio hermano mayor, le miraba fijamente de pie, desafiante, con una mirada de rabia contenida, las venitas de los párpados marcados con un rojo intenso que venía siendo frecuente cada vez que se increpaba, le decía –eres un lastre para la empresa, nos vas a llevar a la ruina, si estás aquí es porque eres hijo de y hermano de, yo cree esto de la nada, la hice crecer y la mantengo, aquí no  hay nadie imprescindible, que en cualquier momento te cambiamos por otra persona y punto- solo pudo alegar con voz temblorosa y cierto nerviosismo- papá y mamá pusieron el dinero y papá tuvo la idea de crear la empresa- todo esto mientras la congoja, la rabia y la tristeza se apoderaban de él- pensando que lo que él sabía era por el padre, ya que viendo que no terminaría la carrera universitaria, cosa que a día de hoy no llegó a hacer, se puso a trabajar con el padre aprendiendo todas las cosas del negocio, los clientes, los proveedores, y cosas así, ya no hubo apenas más palabras, excepto las del jefe –ya hicimos la remesa que tenías que haber hecho ayer- a lo que sólo pude llegar a decir- ah eh pues bueno yo es que sólo venía a eso ya que tanta prisa teníais por la remesa, yo que estaba de baja por recomendación médica y era eso a lo único a lo que vine aquí, será mejor que marche ya que lo hicisteis vosotros y no tenía planeado quedarme más tiempo, así que me voy- sin un simple adiós salió de la oficina  se despidió de las chicas de administración y de su amigo y compañero de caja con el que solía trabajar codo con codo, justo en ese momento empezaron a aflorar unas lágrimas en los ojos, su amigo le dijo-ánimo y recupérate para que nos veamos pronto- gracias adiós- dijo mientras se secaba las lágrimas.

Se subió al coche y se fue a su casa, cuando por fin llegó se cambió de ropa y se puso a reflexionar, empezando por lo sucedido ese día, retrocediendo en el tiempo, así hasta el día en que empezó todo.

#yomequedoencasa

Llegan tiempos bíblicos, en pleno S. XXI, confinados a nuestra suerte, encerrados en nuestras casas, entre cuatro paredes, como si fuera nuestra prisión.

No puedes salir, sólo si es para comprar, con mascarillas, con guantes, manteniendo la distancia, sin besos ni abrazos, hecho de menos cuando te abrazaba y podía oír el latir de tu corazón, sentir el calor de tu cuerpo.

Y día tras día, siempre a la misma hora, a las ocho de la noche, aplaudo, aplaudimos todos, a los que limpian y desinfectan, a la poli, y en especial a sanidad.

La silla

Estaba en la habitación, de pie en una silla, la perspectiva era diferente, donde todo se veía distinto, mis manos sudaban temblorosas, me pregunte: ¿Cómo había llegado a esto?

Dicen que cuando estas a punto de morir ves tu vida suceder como si de una peli se tratara y así era ¿qué título le pongo? Pues “desastre total”, o no, tal vez muy sencillo bueno y que más da llegado a este punto de mi vida, sin novia, sin trabajo, me habían dejado o quizás les había dejado yo que más da el orden, en mi mente todo sucede igual y acaba siendo un error tras otro y ya no sé cómo suceden las cosas ni en qué orden, me encuentro solo en mi habitación, la soledad me invade es algo que llevo conmigo desde no se cuánto tiempo ya, el peligro, los problemas, pues que me zurzan ¿no? O mejor que les jodan a ellos es todo una mierda, vivimos en una sociedad putrefacta y llena de mentiras.

El tiempo transcurre lento, despacio o quizá muy rápido no se sabe, me da vueltas todo, me siento nervioso, mareado, tengo la necesidad de un cigarro, encender el piti de una vez y darle una última calada, meto mano en el bolsillo de los vaqueros, saco la cajetilla, pito en mano lo enciendo, la calada me lleva el humo hasta los pulmones, toso, tengo que dejarlo, joder que mal, me acuerdo de mi primera calada, fue en el bus escolar ya de regreso a casa, tendríamos 17 años y por lo tanto ocupábamos los asientos de atrás, teníamos las ventanillas bajadas para que se fuera el humo y no nos delatase, pero pecamos de ingenuos y la profe nos pilló, lo peor de todo es que al único que castigaron fue a mí, la fama o más bien la mala fama me precedía, así que como consecuencia me castigaron junto con otros dos o tres sin ir de viaje de estudios y encima bronca en casa.

Ya nada me ataba  a este mundo, estaba vacío, la mente sólo me llevaba a sentimientos e ideas negativas, todo era negro, no había esperanza mi corazón o los sentimientos que albergaban en él se habían podrido, dentro estaba hecho añicos, polvoriento, otra calada, la ceniza cae, y… ¿Qué esto? Se tambalea, se mueve ¡pum! La silla se rompe bajo mis pies y yo caigo rompiéndome algún hueso, mi fin tendrá que posponerse.

Las hermanas

Corríamos tan rápidas como nos lo permitía nuestras piernas, jamás pensé que podría ir tan rápido, aquel sitio era un laberinto de pasillos y un sinfín de puertas que daban a otras celdas como las que habíamos escapado, al final dimos con una más grande y más dura que las demás, efectivamente era la de salida, daba a un campo abierto pero lleno de alambradas, no sabíamos dónde ir, vimos un gimnasio a donde nos dirigimos, entramos, estaba a oscuras y las luces no se encendían, nos guiaba la luz que entraba por las ventanas, en aquel recinto había un espejo, ya que yo miraba como loca a todos los lados buscando una salida, una vía de escape, no me percaté de lo que en él se reflejaba a lo que sí mi hermana y tiró de mi brazo para llamarme la atención, efectivamente, reflejado en el espejo había un pelotón de soldados alemanes apuntándonos, miré hacia donde me decía el espejo que estaban, allí aguardaban los soldados apuntándonos con sus rifles, aquellos nazis se reían de nosotras pobres y desvalidas polacas huyendo de sus invasores haciendo alarde de su poderío, creando el caos y la destrucción, sembrando de muerte y pánico al pueblo polaco al que en un santiamén conquistaron y sometieron, me preparé para lo peor, cerré los ojos y cogí bien fuerte la mano de mi hermana, rezando, a mi mente vinieron miles de imágenes, como si de un película se tratase, eran mis recuerdos, desde mi más tierna infancia hasta hoy, todo ocurrió muy rápido, los fusiles sonaron.

No me acuerdo el día exactamente, era por septiembre, sonaron las alarmas, mi familia y yo salimos al refugio, una vez en la calle una bomba cayó cerca nuestro la que mató a mis padres, cuando me levanté vi a mi hermana que estaba viva, luchando por ponerse en pie, estuvimos vagabundeando de un lado para otro, pasaron los días, comíamos lo que encontrábamos en algunas casas abandonadas o semiderruidas, hasta que fuimos apresadas, nos llevaron a un edificio que usaban como cárceles y oficinas, nos torturaron, nos metieron en una de esas celdas, hubo una explosión alertando a los alemanes, afortunadamente nuestra puerta se abrió y salimos corriendo.

Abrí los ojos, me encontré con los cadáveres de aquellos nazis muertos, por suerte para nosotras llegaron un grupo reducido de la pequeña resistencia, estábamos vivas.

Cuatro estaciones

Cuatro son las estaciones,

primavera, verano, otoño e invierno,

como si de un tren se tratase,

siempre haciendo el mismo recorrido,

pasando por los días, meses, años,

pasa por nuestra vida,

pasan, apenas paran,

lo sentimos, lo vemos, lo oímos.

En primavera, que

“la sangre altera”

brotan las flores,

como un pintor que

da pinceladas al cuadro,

de vivos colores,

el gusano, de capullo,

pasa a mariposa,

siempre tan revoltosa,

los pájaros con sus

dulces pías que pías,

como un músico,

creando maravillosas melodías.

En verano cambian los colores,

azul, verde o amarillo,

colores del monte, del pino

la playa, arena y el sonido,

de una sirena,

el descansar,

riachuelo, lago, mar,

te apetece disfrutar.

En otoño, cuando

a los árboles ves deshojar,

las hojas, como hermosas mujeres,

las contemplas moverse,

sin parar de bailar,

los troncos tal como

la madre naturaleza

trajo al mundo,

con ritmo, alzan los brazos al viento,

su cuerpo desnudo,

moverse sin para de danzar.

En invierno, tan

crudo, frio, helado, gélido,

como las almohadas,

se desprenden de las plumas,

llega la navidad,

llega la ilusión,

llega el mazapán y el turrón,

los regalos tocan comprar,

termina el año y

vuelta a empezar.