En la villa

Era ya noche cerrada, en la villa dormían todos, los animales en la granja y establos, estaba todo tranquilo, luna llena, apenas unas nubes que de vez en cuando se interponían a tal belleza y esplendor, el silencio apenas interrumpido por el cri cri de los grillos, el ulular del búho y el silbido del aire, tan solo una joven muchacha estaba a las afueras, se sentía inquieta, aunque con apariencia serena, esa noche sabía que sería la última como soltera, pues en la mañana del día siguiente se casaría, la brisa removía su larga cabellera, estaba arrodillada, rezando, posaba los codos sobre una roca, se levantó, y empezó a cantar, era distinta, se sentía distinta, era feliz.

Más por menos

Te levantas, le ves ahí acostado junto a ti, le acaricias el pelo, le das ánimos y le dices con cariño que otro día ha empezado, le besas, despiertas a tu hijo, pues tiene que ir al colegio, preparas el desayuno para todos, te exiges casi demasiado, te duchas, te pones las cremas, te pintas un poco, te vistes y sales con el crio y luego vas al curro, siempre sonriente, pero ese día no, o por lo menos no del todo, saludas amablemente, pero notas que en tu interior falta algo, cuando llegas vas a cambiarte directa a tu taquilla, te pones el mono, miras el reloj, su taquilla sabes que ella no vendrá, ni hoy ni nunca, ese malnacido hijo de …., las lágrimas afloran y resbalan por tu mejilla, aun así susurras entre dientes, esa cabrona va a llegar tarde, te parece verla y sonríes.

Te quitas la lágrimas con la manga, das un golpe seco en la taquilla, hoy no queda más que trabajar duro, como siempre, además es el día de paga, sabes que con esa miseria no crees llegar a fin de mes, gracias al sueldo que juntas con tu marido seguís más o menos bien, para adelante, y una vez más te preguntas cómo es que Carlos, Juan y el resto de compañeros, que tienen el mismo trabajo que tú, cobres menos por ser mujer, maldices una vez tras otra, más por menos.

La gota

Hoy es un día gris, triste, ha empezado a llover, las gotas resbalan por el cristal de mi ventana, es verano, pero no en mi Oviedo.

Como es domingo, aprovecho para relajarme en casa, pero tampoco me apetece quedarme encerrado, necesito que me dé el aire, decido cambiarme, mi atuendo de estar por casa a un poco más formalito ya sea de calle, una vez preparado salgo al portal paraguas en mano, no se a dónde ir y con esta lluvia pienso que mejor voy en coche a ver a mis padres, bajo al garaje, a mi plaza y subo al monovolumen.

Llego a casa de mis padres, pasamos juntos una agradable velada y no decido regresar hasta después de merendar, de regreso decido ir escuchando un poco la música de la radio, las canciones me distraen y me alegran el alma.

Cuando llego a mi humilde morada me fijo que sigue lloviendo, pero aprecio que va amainando, hay muchas gotas, grandes, pequeñas, redonditas.

Hay una juguetona, algo rebelde, que baja y se mueve, se une a otras formando otra mayor, se separa otra vez, sigue su ritmo, se junta otra vez, se divide, nunca se detiene, resulta misteriosa, ¿tendrá una historia?

Punto de vista

En el trabajo siempre hacemos nuestras tareas, sumisos, sin apenas descanso, obedientes, pues nuestras vidas van en ello.

¿Relajarse? Ni un minuto, prohibido bajar la guardia y sino, zas, zas, zas, latigazo, impacientes siempre, pues deseamos la ausencia de ese a quien llamamos “jefe” sólo de esta manera hacemos nuestro trabajo más distendido, llevadero y aun así no paramos, pues no sabemos cuándo llegará, lo que hace que suenen las alarmas en nuestra cabeza, excepto si su vida comercial le hace desplazarse y marchar lejos por un día o dos.

Nos hace la vida impasible, especialmente a mí y luego con el resto de compañeros cuenta cualquier anécdota graciosa para ser el centro de atención y regodearse sabiendo que la paga va en ello, todo tan falso y frío siendo la peor obra junto con el peor decorado posible, una vida llena de hipocresía y maldad.

Conmigo todo es joderme, amargarme y hacerme la vida imposible, esa arrogancia y prepotencia, miradas que cortan, los parpado llenas de venas pequeñas ensangrentadas, las canas marcando su superioridad al igual que en el ejército, grados de amargura y crueldad, con su ordeno y mando, ¡ojo cuidado! Siempre tiene que ser como y cuando dice, esas preguntas infinitas, eternas, insufribles; parece más un interrogatorio o una tortura sicológica que me ponen los pelos de punta y me hace sudar, absurdo e innecesario.

Siempre saca su lado negativo, tan negro y a lo sumo puede parecer gris, siempre criticando y cuestionándome, que si llego tarde pues es totalmente falso, mentira, recuerdo que un día que llegué cinco minutos después de la hora de apertura y ojo que estamos hablando de tan sólo cinco míseros minutos que realmente eran menos, pero lo acepto con mi mayor resignación, siempre esos minutos serán una eternidad, sin rechistar y punto.

A cada paso, tarea o lo que sea que haga, es mal, mal, mal y mal, te amarga la existencia, da igual que afirmes tu error, siempre saca su miura, con su lengua bífida, tan venenosa y mortífera, prefiero mil látigos, aunque no los descarto, cualquier día de estos.

Hay secretos a voces, todo el mundo sabe cómo llamo yo al negrero este, Hitler, él en estos momento para lamer su herida crea una barrera y a modo de contra ataque cree reírse de dicha situación cuando sé que por dentro está herido, pero se resiste y dice a modo de humor que le llamemos führer o en su defecto puto amo, es narcisista y despreciable y lo peor de todo es que se trata de mi hermano.

A pesar de la “turra” que él dice que le dan mis padres y no digo que no sea sí, es que ellos le dan la razón y cualquier cosa se pone en mi contra, aunque estemos hablando de una falta suya, consigue dar la vuelta a la tortilla y tirarme mierda de tal manera que los pone de su lado, me entristece y enfurece es que estén comiendo de su puta mano, pero bueno todos iremos al hoyo, seremos juzgados, aunque todo dependa del punto de vista.

El retrato

Por mucho que miraba no encontraba en él a aquel joven muchacho imaginativo, alegre y divertido, sólo era un títere que actuaba para los demás, según las necesidades o a quién tuviese delante.

Ante él había un hombre de cuarenta años  a los que para algunas personas aparentaba más, físicamente era alto, calvo y con sobrepeso, denotaba cierto nerviosismo, pues se mordía las uñas de sus largos dedos, en momentos irascible, otras tremendamente sensible, con tendencia a derrumbarse y abrir el grifo del llanto.

Había aprendido a actuar frente a esos seres, su familia, para quien trabajaba duramente, sabía en qué momento callar y qué decir, e intentaba en lo posible ser impasible y mostrar sólo parte de sus sentimientos, de vez en cuando jugaba a crear un ambiente aparentemente cálido y relajado, pero nunca era suficiente y antes o después bajaba la guardia apareciendo la tormenta donde él buscaba comprensión, premio o incluso risa.

Solo una persona con la que se había comprometido a compartir el escenario de la vida, siendo ella mayor, hacía que sacase lo mejor, mostrándose natural y libre, podía volar sin las ataduras que suponía dicha jaula, pero había un peso, un lastre, que le arrastraba al fondo de aquel pozo sin fondo, sintiendo tal la rabia cogió un martillo y rompió el espejo en el que se estaba mirando.

Y ¿Qué pasó después? Pues voló al igual que las golondrinas vuelan, su pelo regresó, adelgazó, se hizo un famoso escritor, cosechó varios premios, sencillamente, vivió.

En el infierno

Hace tiempo que mis padres me vendieron, solo hizo falta unas cuantas vacas y otras tantas cabras, imagino que en el negocio también entraría una cantidad de dinero insospechada.

Quién me compró es un hombre blanco, responde al nombre de Yeiq, aunque siempre le tengo que llamar como él me pida en cada momento, amo, cariño, o cualquier otra cosa,

Para mí siempre será cabrón, hijo puta, capullo y similares, pero sólo lo pienso pues mi vida está en juego, aunque siempre procura tener cierta atención, sabe que depende de su producto para ganar su dinero.

Siempre hemos estado viajando de un lado para otro, hemos incluso cambiado de continente, pasamos por Europa y ahora estamos en Rusia, en muchos de los lugares en los que hemos pasado mal viviendo, he conocido a otras chicas de diferentes edades y naciones, incluso llegamos a trabajar juntas o en los mismos locales ofreciéndote de buena gana a esos hombres babosos y asquerosos que te manosean y te restriegan de una manera asquerosa su repugnante lengua por mi joven cuerpo ya irreconocible.

No recuerdo cuando perdí mi virginidad, sé que fue muy doloroso, humillante y horrible, lloré toda la noche, pero tienes que tragar tu orgullo y sonreír, has de actuar para esos degenerados clientes a los que llamo amor o cómo demonios quieran, da igual el dinero que gasten o la educación que muestren, al final va a ser siempre igual, procuro dar lo mejor de mí, pues de ello depende que reciba una paliza o no.

Mis padres me pusieron con el nombre de Ayana, cuyo significado es “flor hermosa”, aunque para muchos otros he sido Sofía, Danay, Amor, o al menos para algunos, mientras que otros soy perra, zorra y otras cosas peores.

Es posible que se me olviden muchas cosas, otras por el contrario lo intento olvidar como el noventa por ciento de mi vida, lo que siempre recordaré es la fecha de mi cumpleaños y aunque sé que no tendré regalo alguno, al menos tengo la certeza que hoy hago dieciséis años.