Despertar

Ernesto despierta y se incorpora, se sienta en la cama, mira el despertador de la mesita, faltan unos minutos para las diez de la mañana, se levanta con los pelos alborotados, se mesa la barba, se arrasca la tripa, bosteza, se pone sus zapatillas que tiene al pie de cama, son azules, borreguillo por dentro, un regalo que hizo su madre por navidad.

Marta, su compañera de fatigas, en el otro lado de la cama, duerme a pierna suelta, dejando entre ver un pie por debajo del nórdico, aprovecha que duerme para ir al cuarto de baño que tienen frente a la habitación, dentro se desprende del pijama, se ducha con agua bien tibia, no tiene prisa, ya que es domingo y no tiene que ir a trabajar, cuando sale el espejo está empañado, se seca frotando bien la toalla por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, siempre el mismo ritual, luego cuelga la toalla y se pone el albornoz que tiene colgado detrás de la puerta, sale y entra en la habitación, marta se despierta en ese momento, bosteza, se estira y se sienta en la cama Ernesto se sienta a su lado y se besan apasionadamente, se dan los buenos días, él dice de ir a desayunar fuera, tomar chocolate con churros, y ella acepta de buen gusto.

Tras un sinfín de preparativos, ir y venir, quita y pon, arreglarse, perfumarse y rituales varios, en los que se incluye ver el correo en el ordenador, por fin decidieron salir, en la calle estaba frio y luego hasta lluvioso, pero no dejó de ser una buena mañana.

Visitas

Era de noche, ya estábamos todos en la cama durmiendo, mañana era día de trabajo y tenemos por costumbre acostarnos pronto, una voz inquieta me hizo despertar, al lado de la cama estaba mi hija, mi pequeñita, de nueve años, tenía la luz de la habitación encendida y ella se notaba que estaba asustada, yo quise que se fuera sola y tranquila a la cama, pero me fue imposible, así que la acompañé hasta su cama y me acurruqué junto a ella, a la mañana siguiente me despertó mi mujer diciendo que era tarde, me reprochaba que asumiera la pérdida de nuestra hija y que dejara de dormir en su cama, me preguntaba mientras me levantaba de cómo era esto posible si ella se había suicidado al año de morir nuestra hija.

Payaso

Payaso, payasa: Artista de circo, generalmente vestido y maquillado de forma llamativa, que hace gestos y escenificaciones graciosos o grotescos y cuenta chistes para divertir y hacer reír al público. Adjetivo · nombre masculino y femenino.

Coloquial, persona que hace reír a los demás con sus bromas, ocurrencias, gestos o acciones.

Pues como te lo digo, el otro día vi una pelea en la calle de dos hombres que no sé por qué discutían pero se pegaban de lo lindo y me acuerdo que uno le llamo al otro payaso y le respondió con no sé qué palabrota más un puñetazo que le dejó la nariz sangrando, si es que está la gente alterada con esto del covid este, que si las mascarillas y el ocio, salir de noche y ya ves todo para eso, la cuestión amigo es que casualidades de la vida ese mismo día en la noche vi por la tele un reportaje sobre los payasos, y me encantó, ¿te acuerdas de esos que al salir al escenario decían eso de ¿cómo están ustedes?” y los chavales que estaban de espectadores gritaban ¡bieeeen! y que graciosos eran, a mí siempre me han gustado y me gustan, es una pena que no haya ahora payasos como los de antes, me encantan porque hacen reír a niños y mayores por igual y eso no es fácil ¿entiendes? Son como unos héroes al conseguir eso y más con los tiempos que corren, yo si alguien me llama payaso le doy las gracias y ¿tu?

Epitafio

Este epitafio es a todos los seres que hemos dejado atrás por el sendero de la vida, derivando en el sendero del más allá, un nombre, un rostro, unos sentimientos, esos hechos que en vida nos hicieron reír, otras que sin querer nos hirieron, siempre hemos resaltado su bondad, su sonrisa, la alegría, las ganas de vivir, sueños rotos, sueños cumplidos, sueños por hacer.

Es un epitafio que no tiene edad, o que tiene todas.

Este epitafio, es para guardar mediante la memoria en nuestros corazones y que nos acompañe de esta manera hasta que nuestras vidas llegan a acompañar a nuestros seres queridos, ya sea un familiar, una amistad, nuestro amor, mascota.

No sabremos cómo se truncó esa vida que ahora no está, ya sea asesinato, cualquier tipo, pederasta, violencia de género, etc., también por un accidente, una terrible enfermedad o simplemente que era su hora.

Es posible que afloren las lágrimas debido a su falta, esa ausencia que nos entristece, pero siempre procuramos no rendirnos a la melancolía, luchamos y sacamos a relucir los mejores momentos, cuando nos abrazamos, cuando nos hizo sacar una sonrisa o una carcajada, un te quiero o que mejor que un gracias.

La oreja

Un hombre que por la noche no puede dormir por culpa del calor, se levanta y va al primer bar que encuentra abierto, ahí toma unas cuantas cervecitas bien fresquitas, mmmm, al final se anima y empieza a tomar unas copas y otra, al final sale haciendo eses, va al parque, se acerca a un árbol, mira a todos los lados a ver si no le ve nadie, dicho y hecho el hombre orina y cuando termina, ve que en el suelo hay un objeto, se agacha y mira esa cosa incrédulo, y dice -coño la oreja de Van Gogh-, se acerca la oreja a la boca y le grita – ¡eh! ¡Qué vas perdiendo las cosas!-

Traición

El día había transcurrido normal, vamos todo lo normal que se puede pedir a un día cualquiera, como otro día laborable más.

Eso sí, sin sobresaltos, sin confrontación con su hermano o lo que es lo mismo, su jefe, sobre todo porque este había salido a otra ciudad a ver a algún cliente, a negociar, vamos lo típico de un comercial, así que todo el mundo funcionaba a las mil maravillas, sin sobresaltos ni excitaciones, sin gritos ni voces, pura rutina, sincronizados como un reloj suizo, ¿podrían cometer errores? Pues seguro, pues hablamos de personas, hasta se permitieron el lujo de relajarse a la hora del café y charlar como lo naturaleza lo exige en esos momentos, pues era la única distracción que tenían, él estaba agradecido que hubiera días así, hasta pudo permitirse el ir a comprar cosas necesarias para la empresa que sus compañeros le pidieron por favor de ir y siendo así fue a los diferentes sitios haciéndose con las cosas que habían pedido, si es cierto que entre ir a esos lugares y encontrar lo pedido había tardado un poco más de la cuenta, gastando de su tiempo y gasolina.

Al día siguiente su jefe lo llamó a la oficina, para criticarle de esto y lo otro, sobre todo de haber tardado en hacer la compra, sin poder reprochar nada, o mejor sin ganas de decir nada por no contrariarlo, pues la experiencia, a pesar de tener razón, le instaba a callar, pues era una batalla perdida, aunque no la guerra, la cuestión era que si la chica de la oficina sólo venía por la mañanas y la compra fue por la tarde, y uno de los comerciales había estado viendo gente todo el día, entonces ¿cómo se había enterado? ¿Quién le había traicionado? ¿Con qué motivo? Era algo que no se podía explicar.

La colada

Era lunes y como todos los lunes a esa hora de la noche Carlos hacía la colada, metía la ropa en la lavadora, el suavizante, el jabón, programaba la lavadora como le había indicado su madre, pero ese mismo día, cuando iba a meter los pantalones, hizo su ritual de registrar todos los bolsillos, en uno de ellos encontró una nota, un papelillo blanco que ponía.

“Te espero en mi casa, estaré en mi camita, no te olvides papito, tiene que ser hoy, mañana regreso a mi país, llámame, besos Catheryn” y unos labios estampados a modo de firma.

Carlos se daba de golpes en la cabeza, esa nota era del viernes, y ya al número de teléfono no respondía nadie.

Ese viernes nuestra amiga, una joven mulata de piel clara, pechos firmes y tersos,  después de ducharse y secarse se tumbó en la cama esperando la llamada, sin respuesta alguna, abrió el cajón de la mesita de noche –hoy te toca a ti Junior, tu nunca me fallas- dijo esto mientras que le daba al on.

De escapada

Tenía unas cortas vacaciones y decidí hacer una pequeña escapada, marchar a algún lado, no se, lo que el destino me depare, así que puse un mapa encima de la mesa y cerré los ojos, mi dedo y el azar escogerían por mí.

Sabiendo a donde ir, entré en Internet y compré un billete de avión, luego preparé las maletas, por la noche repasé todas las cosas, que no me faltase nada, cené y a la mañana siguiente me levanté con la ilusión del viaje, que bien me vendría desconectar de la rutina, el trabajo agotador de la oficina, todo el día aporreando el teclado, con los números, haciendo horas delante de la pantalla, lo tenía bien merecido.

Cuando llegué, lo primero que hice fue alquilar un coche, ya que podía  y hacía un buen día, me decidí por un descapotable gris, arranqué y puse la radio, sintonicé una emisora de música.

De camino me desvié por una carretera secundaria, poco a poco el asfalto se trasformó en un camino polvoriento, todavía conservaba algo de barro en alguna zonas sombreadas por los robustos y frondosos árboles, cuando pasaba por un pueblecito con escased de casas, paré frente a una tienda que hacía esquina, la verdad, es como si el tiempo no hubiera pasado, o tal vez muy despacio, una imagen me vino a la mente al ver aquella verja, como si Tom Sawyer la hubiera pintado, tenían dónde amarrar los caballos, parecía todo abandonado, había una portezuela que estaba entornada, me atreví a pasar aquel umbral, miré, parecía no haber nadie, seguí caminado, ¡para donde estés! me dijo una voz, me fijé que unos pasos mas adelante, tras un mostrador, había un anciano delgadito y canoso, que me apuntaba con un rifle.

¡Abuelo! gritó una joven, me pidió disculpas, yo, aunque no se apreciaba, estaba con el susto en el cuerpo, me dijo que era un antiguo sheriff ya retirado y que hace lo mismo con todos los foráneos.

La verdad es que ella era muy guapa, morena, esbelta, ojos verde pardo, la voz era dulce, muy agradable al trato, cruzamos nuestras miradas y nos presentamos, yo dije que estaba de paso, compre unas patatas fritas, refrescos y agua.

Al despedirse ella me dio la mano, yo un par de besos, salimos, monté en el coche y arranque, de lejos vi su figura en el retrovisor, agitando la mano, esa no sería la ultima vez en verla, pues me prometí que regresaría.

Cafetería nocturna

No podía dormir, estaba dando vueltas en la cama sin parar, me encontraba por completo desvelado, no conseguía conciliar el sueño, así que me levanté, encendí la luz, me rasqué la cabeza y la espalda, bostecé, abrí la puerta del armario y cogí mi manta de cuadros para refugiarme del frío, apagué y fui a oscuras hasta el salón, no sabía que hora era, eso si, noche cerrada, me planté frente al televisor, lo puse a ver que ponían en la madrugada, hice un rápido zapping y lo dejé puesto en un una película dónde se veían a dos chicos jóvenes corriendo, era de noche, se les notaba atemorizados, parecían que huían, no sabía porqué, pero ahí me quedé mirando la trama, entraban en un bar en una esquina de la calle, apenas se contaban cuatro personas, llegaron sofocados sin apenas aliento, en cuanto pudieron serenarse y respirar con tranquilidad decidieron sentarse en la barra, pidieron dos cafés al camarero, este se los sirvió casi al momento, pagaron.

Ring!!! Sonó el teléfono, nadie lo cogía, tras varios segundos de indecisión e incertidumbre los chicos sudorosos y confusos por el pánico que recorría sus cuerpos decidieron que esa llamada era para ellos así que la atendieron temblorosos, una voz como de ultratumba les dijo- se donde estáis, no podéis esconderos de mi- saltaron de donde estaban sentados y salieron del bar despavoridos, una niebla espesa lo cubría todo,  a los jóvenes ya no se les veía, ¿dónde estaban?, habían desaparecido, pero… y y… ¿yo?¿qué sucedía? Era como si me hubiese traslado de alguna manera misteriosa a la película,  estaba corriendo, ¿qué pasaba? no entendía nada, corría y corría como si vida dependiese de ello, a dónde dirigirme, me metí en una callejuela, estaba perdido no tenía salida, bajo la penumbra de una farola, el corazón me latía aceleradamente, totalmente perdido, sin escapatoria, y y y …

Uf me desperté, que susto, me había dormido frente a la tv y había tenido una pesadilla, fui a la cocina a tomar un vaso de agua para tranquilizarme, cuando estuve calmado decidí acostarme, me tumbo en la cama.

Ring!!! El teléfono sonó en ese momento justo cuando ya cerraba los ojos, cansado, lo cogí – ¿diga?

Nada…

El universitario

¿Quién era Esteban Martínez? Pues bien era un cincuentón, que además cojeaba de la pierna derecha, su familia era de lo más moderna, quizá demasiado, sus valores eran de los que cualquier hipee pudiera tener, ambos habían estado en diferentes comunas, y en unas de ellas fue donde se conocieron y concibieron a Esteban.

Era una persona sorprendente pues su personalidad era la de Doctor Jenkins y Mr. High, ya que pasaba de un ser perezoso, especialmente a la hora de ponerse a estudiar, pues era universitario, de ahí que le llamaran el universitario, si cierto, cincuentón y universitario, pero prefería esto a tener que estar en la tienda de sus padres ayudándoles, eso sí, no era su primera carrera, además solo era cuestión de tiempo, al principio, una vez que empezaba era trabajador, además estaba aficionado a hacer cualquier tipo de maquetas por muy difíciles que estas fueran.

Un día estaba con una de sus tantas maquetas, hasta que sus padres, ya que aún vivía con ellos, le mandaron a por un periódico, tal era su pereza que casi llega tarde al quiosco de Carlos, con la suerte de que compró el último, como siempre pasaba a comprar ahí se saludaron efusivamente, charlaron de esto y lo otro, el tiempo, los padres, la tienda de ellos, y por supuesto de la universidad, Carlos y Esteban se despidieron con un cordial estrecharon de manos mientras se decían adiós y hasta pronto.

Y así era Esteban y su vida.