La colada

Era lunes y como todos los lunes a esa hora de la noche Carlos hacía la colada, metía la ropa en la lavadora, el suavizante, el jabón, programaba la lavadora como le había indicado su madre, pero ese mismo día, cuando iba a meter los pantalones, hizo su ritual de registrar todos los bolsillos, en uno de ellos encontró una nota, un papelillo blanco que ponía.

“Te espero en mi casa, estaré en mi camita, no te olvides papito, tiene que ser hoy, mañana regreso a mi país, llámame, besos Catheryn” y unos labios estampados a modo de firma.

Carlos se daba de golpes en la cabeza, esa nota era del viernes, y ya al número de teléfono no respondía nadie.

Ese viernes nuestra amiga, una joven mulata de piel clara, pechos firmes y tersos,  después de ducharse y secarse se tumbó en la cama esperando la llamada, sin respuesta alguna, abrió el cajón de la mesita de noche –hoy te toca a ti Junior, tu nunca me fallas- dijo esto mientras que le daba al on.

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