#yomequedoencasa

Llegan tiempos bíblicos, en pleno S. XXI, confinados a nuestra suerte, encerrados en nuestras casas, entre cuatro paredes, como si fuera nuestra prisión.

No puedes salir, sólo si es para comprar, con mascarillas, con guantes, manteniendo la distancia, sin besos ni abrazos, hecho de menos cuando te abrazaba y podía oír el latir de tu corazón, sentir el calor de tu cuerpo.

Y día tras día, siempre a la misma hora, a las ocho de la noche, aplaudo, aplaudimos todos, a los que limpian y desinfectan, a la poli, y en especial a sanidad.

La silla

Estaba en la habitación, de pie en una silla, la perspectiva era diferente, donde todo se veía distinto, mis manos sudaban temblorosas, me pregunte: ¿Cómo había llegado a esto?

Dicen que cuando estas a punto de morir ves tu vida suceder como si de una peli se tratara y así era ¿qué título le pongo? Pues “desastre total”, o no, tal vez muy sencillo bueno y que más da llegado a este punto de mi vida, sin novia, sin trabajo, me habían dejado o quizás les había dejado yo que más da el orden, en mi mente todo sucede igual y acaba siendo un error tras otro y ya no sé cómo suceden las cosas ni en qué orden, me encuentro solo en mi habitación, la soledad me invade es algo que llevo conmigo desde no se cuánto tiempo ya, el peligro, los problemas, pues que me zurzan ¿no? O mejor que les jodan a ellos es todo una mierda, vivimos en una sociedad putrefacta y llena de mentiras.

El tiempo transcurre lento, despacio o quizá muy rápido no se sabe, me da vueltas todo, me siento nervioso, mareado, tengo la necesidad de un cigarro, encender el piti de una vez y darle una última calada, meto mano en el bolsillo de los vaqueros, saco la cajetilla, pito en mano lo enciendo, la calada me lleva el humo hasta los pulmones, toso, tengo que dejarlo, joder que mal, me acuerdo de mi primera calada, fue en el bus escolar ya de regreso a casa, tendríamos 17 años y por lo tanto ocupábamos los asientos de atrás, teníamos las ventanillas bajadas para que se fuera el humo y no nos delatase, pero pecamos de ingenuos y la profe nos pilló, lo peor de todo es que al único que castigaron fue a mí, la fama o más bien la mala fama me precedía, así que como consecuencia me castigaron junto con otros dos o tres sin ir de viaje de estudios y encima bronca en casa.

Ya nada me ataba  a este mundo, estaba vacío, la mente sólo me llevaba a sentimientos e ideas negativas, todo era negro, no había esperanza mi corazón o los sentimientos que albergaban en él se habían podrido, dentro estaba hecho añicos, polvoriento, otra calada, la ceniza cae, y… ¿Qué esto? Se tambalea, se mueve ¡pum! La silla se rompe bajo mis pies y yo caigo rompiéndome algún hueso, mi fin tendrá que posponerse.

Las hermanas

Corríamos tan rápidas como nos lo permitía nuestras piernas, jamás pensé que podría ir tan rápido, aquel sitio era un laberinto de pasillos y un sinfín de puertas que daban a otras celdas como las que habíamos escapado, al final dimos con una más grande y más dura que las demás, efectivamente era la de salida, daba a un campo abierto pero lleno de alambradas, no sabíamos dónde ir, vimos un gimnasio a donde nos dirigimos, entramos, estaba a oscuras y las luces no se encendían, nos guiaba la luz que entraba por las ventanas, en aquel recinto había un espejo, ya que yo miraba como loca a todos los lados buscando una salida, una vía de escape, no me percaté de lo que en él se reflejaba a lo que sí mi hermana y tiró de mi brazo para llamarme la atención, efectivamente, reflejado en el espejo había un pelotón de soldados alemanes apuntándonos, miré hacia donde me decía el espejo que estaban, allí aguardaban los soldados apuntándonos con sus rifles, aquellos nazis se reían de nosotras pobres y desvalidas polacas huyendo de sus invasores haciendo alarde de su poderío, creando el caos y la destrucción, sembrando de muerte y pánico al pueblo polaco al que en un santiamén conquistaron y sometieron, me preparé para lo peor, cerré los ojos y cogí bien fuerte la mano de mi hermana, rezando, a mi mente vinieron miles de imágenes, como si de un película se tratase, eran mis recuerdos, desde mi más tierna infancia hasta hoy, todo ocurrió muy rápido, los fusiles sonaron.

No me acuerdo el día exactamente, era por septiembre, sonaron las alarmas, mi familia y yo salimos al refugio, una vez en la calle una bomba cayó cerca nuestro la que mató a mis padres, cuando me levanté vi a mi hermana que estaba viva, luchando por ponerse en pie, estuvimos vagabundeando de un lado para otro, pasaron los días, comíamos lo que encontrábamos en algunas casas abandonadas o semiderruidas, hasta que fuimos apresadas, nos llevaron a un edificio que usaban como cárceles y oficinas, nos torturaron, nos metieron en una de esas celdas, hubo una explosión alertando a los alemanes, afortunadamente nuestra puerta se abrió y salimos corriendo.

Abrí los ojos, me encontré con los cadáveres de aquellos nazis muertos, por suerte para nosotras llegaron un grupo reducido de la pequeña resistencia, estábamos vivas.

En la villa

Era ya noche cerrada, en la villa dormían todos, los animales en la granja y establos, estaba todo tranquilo, luna llena, apenas unas nubes que de vez en cuando se interponían a tal belleza y esplendor, el silencio apenas interrumpido por el cri cri de los grillos, el ulular del búho y el silbido del aire, tan solo una joven muchacha estaba a las afueras, se sentía inquieta, aunque con apariencia serena, esa noche sabía que sería la última como soltera, pues en la mañana del día siguiente se casaría, la brisa removía su larga cabellera, estaba arrodillada, rezando, posaba los codos sobre una roca, se levantó, y empezó a cantar, era distinta, se sentía distinta, era feliz.