Plenitud

¿Cómo se describe la plenitud?

¿Cómo se describe el amor?

Tal vez juntando ambas

Tal vez juntando nuestras almas

Igual que los peces surcan el mar

Igual que los pájaros surcan el cielo

Igual que las estrellas surcan el universo

Si amasas mi mente

Si pintas mi alma

Si esculpes mi cuerpo

Mi cara esboza una sonrisa

Mi corazón late

Mi piel se eriza

Cual ave Fénix

Resurge de las cenizas

La sangre hierve

Acelera mi motor

Suena y suena sin temor

El pom pom del amor.

El compás de los dos

Con nuestras notas

Venimos y vamos

Llenando nuestras vidas

Jamás quedarán vacías

Bailando nuestra canción

En la pista, sin vacilación

Bajo los focos, entera coordinación

La música sigue nuestra pasión

Sin error, es nuestra actuación.

Sin más, es la fusión de los dos.

Paz y Esperanza

-¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!

-buenos días ¿dígame?

-buenos días ¿está Paz?

-lo siento no sé donde está

-y ¿Esperanza?

-tampoco

-¿es que no iba con Paz?

-pues llegan tarde para dar la vuelta al mundo.

Paz y Esperanza

Esperanza y Paz

siempre juntas

muy unidas

van a la par

siempre de un lado para otro

si se separan se pierden

ya no están

han desaparecido

aunque siempre, siempre

aparecen

con sus amistades

Amor y Prosperidad.

Intensidad

Es poder amarte,

fundirnos en un solo cuerpo.

Intensidad,

es poder mirarte y

ver tus ojos,

de gran color,

donde expresan cosas,

tanto

lo bueno

como

lo malo.

Intensidad,

son mis sentimientos,

el presente, el pasado y el futuro.

Intensidad,

Era cuando:

Me ruborizaba,

mi voz enmudecía y

mi corazón se aceleraba.

Intensidad,

Era querer y no poder.

No poder mirarte

No poder hablarte

No poder sentirte.

Intensidad,

Era poder amarte en secreto,

Nublas mis sentidos,

Una niebla

Espesa, plomiza, fría

Se hacía niebla:

Cuando tú llegabas,

cuando yo llegaba,

cuando llegábamos los dos.

Intensidad,

Es el vaporar de la niebla y

Por fin me ves,

libre, transparente, natural.

Y lees mis sentimientos.

Y  puedes ver mi ser.

Y hurgas en mi corazón.

Si ese soy yo.

Intensidad,

es el ahora,

somos tú y yo

Verdaderos, puros, sinceros.

Dónde:

No me escondo,

el sol brilla y

al fin somos uno.

Intensidad,

es la pasión, la magia, el fuego,

poder descubrirnos,

destapar la caja de Pandora.

 Esperar juntos,

nuestro futuro,

nuestro destino,

sólo nosotros,

por amor.

De escapada

Tenía unas cortas vacaciones y decidí hacer una pequeña escapada, marchar a algún lado, no se, lo que el destino me depare, así que puse un mapa encima de la mesa y cerré los ojos, mi dedo y el azar escogerían por mí.

Sabiendo a donde ir, entré en Internet y compré un billete de avión, luego preparé las maletas, por la noche repasé todas las cosas, que no me faltase nada, cené y a la mañana siguiente me levanté con la ilusión del viaje, que bien me vendría desconectar de la rutina, el trabajo agotador de la oficina, todo el día aporreando el teclado, con los números, haciendo horas delante de la pantalla, lo tenía bien merecido.

Cuando llegué, lo primero que hice fue alquilar un coche, ya que podía  y hacía un buen día, me decidí por un descapotable gris, arranqué y puse la radio, sintonicé una emisora de música.

De camino me desvié por una carretera secundaria, poco a poco el asfalto se trasformó en un camino polvoriento, todavía conservaba algo de barro en alguna zonas sombreadas por los robustos y frondosos árboles, cuando pasaba por un pueblecito con escased de casas, paré frente a una tienda que hacía esquina, la verdad, es como si el tiempo no hubiera pasado, o tal vez muy despacio, una imagen me vino a la mente al ver aquella verja, como si Tom Sawyer la hubiera pintado, tenían dónde amarrar los caballos, parecía todo abandonado, había una portezuela que estaba entornada, me atreví a pasar aquel umbral, miré, parecía no haber nadie, seguí caminado, ¡para donde estés! me dijo una voz, me fijé que unos pasos mas adelante, tras un mostrador, había un anciano delgadito y canoso, que me apuntaba con un rifle.

¡Abuelo! gritó una joven, me pidió disculpas, yo, aunque no se apreciaba, estaba con el susto en el cuerpo, me dijo que era un antiguo sheriff ya retirado y que hace lo mismo con todos los foráneos.

La verdad es que ella era muy guapa, morena, esbelta, ojos verde pardo, la voz era dulce, muy agradable al trato, cruzamos nuestras miradas y nos presentamos, yo dije que estaba de paso, compre unas patatas fritas, refrescos y agua.

Al despedirse ella me dio la mano, yo un par de besos, salimos, monté en el coche y arranque, de lejos vi su figura en el retrovisor, agitando la mano, esa no sería la ultima vez en verla, pues me prometí que regresaría.

Desde el recuerdo

Que bonito es recordar.

Mientras las sábanas me cubren,

me abrazan y me atrapan.

Hoy la pereza me arrastra,

mientras mi mente se evade,

se evade y me trae recuerdos,

recuerdos que se agolpan,

agolpan imágenes,

imágenes del ayer,

de un ayer veraniego,

de un ayer muy presente.

Donde somos dos.

Donde no estoy sola.

Donde él me enamora.

Imágenes de playas y olas

Del sol,

de la luna.

Donde amanece,

donde atardece,

donde anochece.

Imágenes aún vivas.

Donde aparecen velas y estrellas,

donde aparecen miradas y caricias,

donde aparecen abrazos y besos.

Imágenes del pasado,

tan presentes,

tan tangibles.

Desde la cama,

desde el presente,

digo:

Que bonito es recordar.

Del amor

Late mi corazón junto al tuyo.

Late mi corazón por ti.

Late mi corazón por amor.

Me gusta ver amanecer.

Ver lo hermoso de las cosas,

compartirlas contigo,

saben mejor.

Me siento a tu lado, a ver el mar.

El mar está en calma,

en calma, como un plato,

un plato irrompible, como nuestro amor.

Haces que me sienta tranquilo.

Haces que me sienta sosegado.

Haces que me sienta romántico.

Un paisaje idílico,

por un lado el mar,

al otro los olmos.

Los olmos se elevan en el monte.

Nuestro amor se eleva por el horizonte,

En medio los dos, juntos.

Tú y yo.

Raro

La sangre caía a borbotones. ¿Quién podía haber hecho semejante barbarie? Era un edificio en ruinas, con escombros y polvo, los cuerpos yacían descuartizados y la sangre había formado un enorme charco de color rojizo oscuro, con tonos granates, oscurecido por el paso del tiempo, aunque no había pasado mucho desde aquel suceso.

Uno de mis compañeros estaba, por así decirlo, asombrado y repugnado, el otro no pudo soportarlo y se retiró a tomar aire; le daba nauseas aquel lugar tan siniestro y el esperpento que acontecía ante nuestros ojos. De repente un ruido nos puso en sobre aviso, una sombra crecía de la nada y le dimos el alto, pero aquella cosa, o quien fuera  hizo caso omiso, se movía rápido, y se abalanzó sobre nosotros, no hubo más remedio que echar mano a nuestras armas, disparando nuestras metralletas sin cesar, en nada nos habíamos separado, les perdí de vista, pero la sombra me seguía ávida, yo corría, me costaba despistar a aquella cosa, las piernas me pesaban más de lo normal, todo estaba lejos aquella noche tan negra como sombría, me desesperaba, sudaba, mi corazón se aceleró, mi respiración era frenética, acelerada, quería gritar pero el miedo me atenazaba y no podía.

Había un callejón, al fondo la luz de la calle, cuando al fin pude salir y alcancé a mezclarme entre la multitud, había quien me miraba raro y susurraba, la mayoría me ignoraba, intentaba pedir auxilio, pero de mi boca apenas pude articular palabra alguna, al menos que fuera legible, me puse la mano en el corazón intentando tranquilizarme y estar más calmado, pues no podía más que balbucear, hasta que me controlé e intenté contar lo sucedido a las personas que empezaban a formar corrillo a mi al rededor, pero ninguno de los ahí presentes me creyó.

Salí de esa calle a la avenida principal, intenté que alguien me pudiera llevar lejos de aquel lugar, intentando hacer autoestop, hasta que un descapotable rojo paró a mi lado, conducía una chica, con un simple gesto de cabeza me indicó que podía subir, me lo repitió también con la mano, así que monté en el coche, le di las gracias cuando ya me hube sentado, le conté lo sucedido, tenía que regresar al cuartel e informar, saber si mis compañeros seguían vivos.

No sé si se había tragado la historia, pero era verdad, ¿qué otra cosa podría decir? La cuestión era que me miraba fijamente, apenas parpadeaba, asintiendo todo el rato, la verdad era que aquella chica era joven, rubia, con los labios pintados de un rojo intenso, además tenía unos pechos prominentes.

Me dijo que tenía que ver a una amiga por el camino, así que pasados unos minutos paramos por una calle menos transitada; la amiga estaba esperando, tenía un macaco en el hombro izquierdo, yo me sentía como aquel simio, algo ridículo.

Hablaron apartadas, muy discretas, la chica del coche  le dio un dinero a su amiga y ella a su vez una bolsa, que luego comprobé que era fruta, la amiga marchó y la chica que me acogió en su coche me dijo que antes de reanudar la marcha podíamos tomar un café en una plaza no muy lejos de ahí así que acepté de buen gusto.

Fuimos paseando hasta la cafetería, ella me contó que se llamaba Daniela, era brasileña, tenía treinta y tres años, tenía una hija viviendo con ella y llevaba poco tiempo  en España, tenía estudios, y era abogada por eso se podía permitir ciertos lujos. Yo me presenté, aunque no con mi verdadero nombre, pues desconfiaba, sería cosa de la profesión o quizás de lo que me habían inculcado mis padres, quien sabe, y sin cómo estaba besando sus labios carnosos, la invité al café como buen caballero y educado, nos fuimos agarrados de la mano. Entramos en una tienda de antigüedades, miramos muchos objetos de lo más raro que pudiéramos imaginar. Ahí encontré a un amigo de la infancia, tenía una novia que era mayor que él, pero quienes éramos nosotros para juzgar nada.

Salimos los cuatro de aquella tienda, fuimos hasta unos bancos y nos sentamos, mi amigo y yo nos quedamos de pie, mientras que ellas estaban sentadas.

Me di cuenta que por el tipo de suelo me podía deslizar como si patinara, mi amigo que también, me  retó a echarme una carrera, así que acepté de buen modo.

En seguida le saqué la delantera, pero al llegar a una curva el suelo era diferente, ya no resbalaba, luego había unas escaleras que bajaban y otras que subían, nos metimos por ellas, ahí me adelantó y luego le perdí de vista, al terminar de subir me di de bruces con mis padres, les quise presentar tanto a mi amigo como a la chica que  había conocido, pero les había perdido de vista, mis padres  me siguieron de primeras, aunque más tarde también les di por perdidos, me sentía frustrado por no encontrarlos, especialmente a aquella chica, sin la menor pista, ni si quiera un número de teléfono para poder llamarla, pero nada. Me metí en un callejón en donde había diferentes puestos de comida casera, incluso deliciosos postres, era inquietante, todo se había tornado raro, confuso, todo me daba vueltas, no sabía qué pudiera estar pasando, no entendía nada y estaba cada vez más nervioso, hasta que…

Desperté sobre saltado y confuso, ¿por qué había tenido ese sueño tan raro?

Ojos

Espejo del alma.

Son dos,

Pueden ver o no.

Saltones, vagos o bizcos.

De iguales colores o diferentes.

Iris, pupila, cornea.

Tan frágiles como necesarios.

Miran, sospechan, observan.

Leen

Libros, entrelineas, tu boca.

Ojos

de gata.

felinas, sensuales, seductoras.

vista

de halcón, de águila, de pájaro.

Miradas,

fijas, vigilantes, inquietantes.

Lágrimas

Tristes, vidriosas, melancólicas.

Ojos

sinceros, enamorados, alegres,

por y para ver,

por y para contemplar,

por y para admirar tu belleza.

Que cuentan historias

historias de miradas

miradas mezcladas

mezcladas con las tuyas

las tuyas que son las nuestras

las nuestras, de los dos.

Los mellizos

Esta historia ocurrió ya hace mucho, mucho tiempo, se trata de una verdadera historia de amor imposible, en un Oviedo en tiempos de una Guerra civil española, dos hermanos mellizos separados al poco de nacer. ¿Se terminarán reencontrando?

Todo empezó con Antonio, vivía en Oviedo, perteneciente a una familia acomodada, pues sus abuelos habían hecho las américas, consiguiendo hacer fortuna mediante un negocio de compraventa de productos comestibles, sobre todo de productos asturianos, ahora Asturias se conocía en gran parte de Latinoamérica, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú entre otras.

No conforme con eso hicieron una fábrica de sombreros y después para rematar y ampliar su fama y dineral, construyeron una tabacalera, muchos años después decidiendo regresar a España, a su tierra natal, e instalar una casa colonial en Salinas para más tarde trasladarse a la capital, Oviedo.

Pues bien, no sólo tenían mucho poder adquisitivo, además tenían varias sirvientas y un ama de llaves, traídas ambas de aquellos países tan lejanos como exóticos, el ama de llaves de Ecuador, y las demás sirvientas entre otras del Perú, entre ellas se encontraba María de las Mercedes, una mujer tan importante como transcendental en la historia del joven Antonio.

Era el veinte cumpleaños del joven Antonio, transcurría pues como todas las fiestas, muchas risas, familia, amigos, un sinfín de comida y otro tanto de bebida, se respiraba júbilo por donde pasaras, esa noche fue más larga de lo habitual, ya muchos de los invitados habían marchado, los padres se habían retirado a dormir dejando al cumpleañero con algunos de los mejores amigos y algunas sirvientas, entre ellas la joven María de las Mercedes, María, la llamaban de un manera más coloquial y cariñosa.

Antonio se sentía atraído por María, pero debido a la posición de su familia, intentaba en lo posible esconder sus sentimientos, aunque era imposible no darse cuenta, pues su mirada lo decía todo, la cuestión era que la joven muchacha tenía también ojitos hacia el señorito, por mucho que lo intentase disimular era evidente su enamoramiento.

Cuando tenían la fortuna de estar a solas aunque fuera unos míseros instantes, para hablar sin censura alguna, apartados de miradas inquisidoras, con frases amables, llenas de amor y ternura, incluyendo halagos varios.

Ese día de su cumpleaños lo prepararon todo para poder estar juntos esa noche y poder amarse lo que no podían hacer en el tiempo que pasaban bajo el mismo techo, pero aunque la familia quería mucho a la joven muchacha, nunca permitirían algo semejante, ella una mera sirvienta sin aspiraciones y estudios, extranjera y extraña a ojos de cualquiera, demás era por así decirlo, morenita, si es cierto que era evidente su hermosura, era cariñosa y muy servicial, además en lo posible la trataban como a una igual, pero siempre sería una empleada más, él era de familia bien, adinerada, blanco y español, no podía permitirse esos caprichos.

Hubo más reuniones secretas a la luz de la luna en los meses siguientes, habiendo consentimiento por ambas partes por igual, tal fue así que la dejó en cinta, lo intentaron ocultar, pero pasaron los meses y era imposible ocultar la realidad, lo evidente y la pareja para no enfurecer a la familia de Antonio echaron la culpa a un fulano inexistente, que actuando de artimañas y crueles tetras, sedujo a la joven María para que hiciera cosas indecorosas y así intentar apaciguar la ira de la familia y que por el contrario se apiadasen de ella.

Pasados los nueve meses, la joven María dio a luz a dos hermanos, un par de mellizos, el primero en salir era del color de la madre, al que pusieron de nombre Antonio, pues era el primogénito, el segundo, blanco como el padre, le pusieron de nombre Alejandro, -Alejandro el magno- bromeó el padre.

Por desgracia en 1936 la joven pareja decidió separarse pues España estallaría en una guerra civil, antes de que Oviedo fuera sitiada y bombardeada, la madre se iría con el pequeño Antonio de regreso a su patria, su amado Perú, por el contrario, el padre se haría cargo del otro bebé, Alejandro.

Varios días antes de la despedida un amigo del señorito, Alfredo, un compañero del trabajo y fiel amigo, les había hecho una foto, una de los cuatro juntos, para luego partir la foto por la mitad, él se quedaría con la  imagen en la que está María y su hijo Antonio y la otra parte sería para la madre, ambos guardarían dichas mitades como oro en paño, con la promesa de reencontrarse.

¿Qué sería ahora de los hermanos?…

Casada con la muerte

Yo te quiero

Yo te amo

Yo te adoro

Yo, yo y yo

Mi  vida

Mi amor

Mi tesoro

Mía, mía y mía

En la salud y en la enfermedad

Ahora por siempre

Ahora me perteneces

Ahora ya

Aplacaras mi ira

Aplacaras mi rabia

Aplacaras mi frustración

Os declaro marido y mujer

A golpes

A tortas

A hostias

Con la mano

Con el puño

Con fuerza y gran violencia

Hasta que la muerte os separe

Y los separó.