Raro

La sangre caía a borbotones. ¿Quién podía haber hecho semejante barbarie? Era un edificio en ruinas, con escombros y polvo, los cuerpos yacían descuartizados y la sangre había formado un enorme charco de color rojizo oscuro, con tonos granates, oscurecido por el paso del tiempo, aunque no había pasado mucho desde aquel suceso.

Uno de mis compañeros estaba, por así decirlo, asombrado y repugnado, el otro no pudo soportarlo y se retiró a tomar aire; le daba nauseas aquel lugar tan siniestro y el esperpento que acontecía ante nuestros ojos. De repente un ruido nos puso en sobre aviso, una sombra crecía de la nada y le dimos el alto, pero aquella cosa, o quien fuera  hizo caso omiso, se movía rápido, y se abalanzó sobre nosotros, no hubo más remedio que echar mano a nuestras armas, disparando nuestras metralletas sin cesar, en nada nos habíamos separado, les perdí de vista, pero la sombra me seguía ávida, yo corría, me costaba despistar a aquella cosa, las piernas me pesaban más de lo normal, todo estaba lejos aquella noche tan negra como sombría, me desesperaba, sudaba, mi corazón se aceleró, mi respiración era frenética, acelerada, quería gritar pero el miedo me atenazaba y no podía.

Había un callejón, al fondo la luz de la calle, cuando al fin pude salir y alcancé a mezclarme entre la multitud, había quien me miraba raro y susurraba, la mayoría me ignoraba, intentaba pedir auxilio, pero de mi boca apenas pude articular palabra alguna, al menos que fuera legible, me puse la mano en el corazón intentando tranquilizarme y estar más calmado, pues no podía más que balbucear, hasta que me controlé e intenté contar lo sucedido a las personas que empezaban a formar corrillo a mi al rededor, pero ninguno de los ahí presentes me creyó.

Salí de esa calle a la avenida principal, intenté que alguien me pudiera llevar lejos de aquel lugar, intentando hacer autoestop, hasta que un descapotable rojo paró a mi lado, conducía una chica, con un simple gesto de cabeza me indicó que podía subir, me lo repitió también con la mano, así que monté en el coche, le di las gracias cuando ya me hube sentado, le conté lo sucedido, tenía que regresar al cuartel e informar, saber si mis compañeros seguían vivos.

No sé si se había tragado la historia, pero era verdad, ¿qué otra cosa podría decir? La cuestión era que me miraba fijamente, apenas parpadeaba, asintiendo todo el rato, la verdad era que aquella chica era joven, rubia, con los labios pintados de un rojo intenso, además tenía unos pechos prominentes.

Me dijo que tenía que ver a una amiga por el camino, así que pasados unos minutos paramos por una calle menos transitada; la amiga estaba esperando, tenía un macaco en el hombro izquierdo, yo me sentía como aquel simio, algo ridículo.

Hablaron apartadas, muy discretas, la chica del coche  le dio un dinero a su amiga y ella a su vez una bolsa, que luego comprobé que era fruta, la amiga marchó y la chica que me acogió en su coche me dijo que antes de reanudar la marcha podíamos tomar un café en una plaza no muy lejos de ahí así que acepté de buen gusto.

Fuimos paseando hasta la cafetería, ella me contó que se llamaba Daniela, era brasileña, tenía treinta y tres años, tenía una hija viviendo con ella y llevaba poco tiempo  en España, tenía estudios, y era abogada por eso se podía permitir ciertos lujos. Yo me presenté, aunque no con mi verdadero nombre, pues desconfiaba, sería cosa de la profesión o quizás de lo que me habían inculcado mis padres, quien sabe, y sin cómo estaba besando sus labios carnosos, la invité al café como buen caballero y educado, nos fuimos agarrados de la mano. Entramos en una tienda de antigüedades, miramos muchos objetos de lo más raro que pudiéramos imaginar. Ahí encontré a un amigo de la infancia, tenía una novia que era mayor que él, pero quienes éramos nosotros para juzgar nada.

Salimos los cuatro de aquella tienda, fuimos hasta unos bancos y nos sentamos, mi amigo y yo nos quedamos de pie, mientras que ellas estaban sentadas.

Me di cuenta que por el tipo de suelo me podía deslizar como si patinara, mi amigo que también, me  retó a echarme una carrera, así que acepté de buen modo.

En seguida le saqué la delantera, pero al llegar a una curva el suelo era diferente, ya no resbalaba, luego había unas escaleras que bajaban y otras que subían, nos metimos por ellas, ahí me adelantó y luego le perdí de vista, al terminar de subir me di de bruces con mis padres, les quise presentar tanto a mi amigo como a la chica que  había conocido, pero les había perdido de vista, mis padres  me siguieron de primeras, aunque más tarde también les di por perdidos, me sentía frustrado por no encontrarlos, especialmente a aquella chica, sin la menor pista, ni si quiera un número de teléfono para poder llamarla, pero nada. Me metí en un callejón en donde había diferentes puestos de comida casera, incluso deliciosos postres, era inquietante, todo se había tornado raro, confuso, todo me daba vueltas, no sabía qué pudiera estar pasando, no entendía nada y estaba cada vez más nervioso, hasta que…

Desperté sobre saltado y confuso, ¿por qué había tenido ese sueño tan raro?

Ojos

Espejo del alma.

Son dos,

Pueden ver o no.

Saltones, vagos o bizcos.

De iguales colores o diferentes.

Iris, pupila, cornea.

Tan frágiles como necesarios.

Miran, sospechan, observan.

Leen

Libros, entrelineas, tu boca.

Ojos

de gata.

felinas, sensuales, seductoras.

vista

de halcón, de águila, de pájaro.

Miradas,

fijas, vigilantes, inquietantes.

Lágrimas

Tristes, vidriosas, melancólicas.

Ojos

sinceros, enamorados, alegres,

por y para ver,

por y para contemplar,

por y para admirar tu belleza.

Que cuentan historias

historias de miradas

miradas mezcladas

mezcladas con las tuyas

las tuyas que son las nuestras

las nuestras, de los dos.

Los mellizos

Esta historia ocurrió ya hace mucho, mucho tiempo, se trata de una verdadera historia de amor imposible, en un Oviedo en tiempos de una Guerra civil española, dos hermanos mellizos separados al poco de nacer. ¿Se terminarán reencontrando?

Todo empezó con Antonio, vivía en Oviedo, perteneciente a una familia acomodada, pues sus abuelos habían hecho las américas, consiguiendo hacer fortuna mediante un negocio de compraventa de productos comestibles, sobre todo de productos asturianos, ahora Asturias se conocía en gran parte de Latinoamérica, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú entre otras.

No conforme con eso hicieron una fábrica de sombreros y después para rematar y ampliar su fama y dineral, construyeron una tabacalera, muchos años después decidiendo regresar a España, a su tierra natal, e instalar una casa colonial en Salinas para más tarde trasladarse a la capital, Oviedo.

Pues bien, no sólo tenían mucho poder adquisitivo, además tenían varias sirvientas y un ama de llaves, traídas ambas de aquellos países tan lejanos como exóticos, el ama de llaves de Ecuador, y las demás sirvientas entre otras del Perú, entre ellas se encontraba María de las Mercedes, una mujer tan importante como transcendental en la historia del joven Antonio.

Era el veinte cumpleaños del joven Antonio, transcurría pues como todas las fiestas, muchas risas, familia, amigos, un sinfín de comida y otro tanto de bebida, se respiraba júbilo por donde pasaras, esa noche fue más larga de lo habitual, ya muchos de los invitados habían marchado, los padres se habían retirado a dormir dejando al cumpleañero con algunos de los mejores amigos y algunas sirvientas, entre ellas la joven María de las Mercedes, María, la llamaban de un manera más coloquial y cariñosa.

Antonio se sentía atraído por María, pero debido a la posición de su familia, intentaba en lo posible esconder sus sentimientos, aunque era imposible no darse cuenta, pues su mirada lo decía todo, la cuestión era que la joven muchacha tenía también ojitos hacia el señorito, por mucho que lo intentase disimular era evidente su enamoramiento.

Cuando tenían la fortuna de estar a solas aunque fuera unos míseros instantes, para hablar sin censura alguna, apartados de miradas inquisidoras, con frases amables, llenas de amor y ternura, incluyendo halagos varios.

Ese día de su cumpleaños lo prepararon todo para poder estar juntos esa noche y poder amarse lo que no podían hacer en el tiempo que pasaban bajo el mismo techo, pero aunque la familia quería mucho a la joven muchacha, nunca permitirían algo semejante, ella una mera sirvienta sin aspiraciones y estudios, extranjera y extraña a ojos de cualquiera, demás era por así decirlo, morenita, si es cierto que era evidente su hermosura, era cariñosa y muy servicial, además en lo posible la trataban como a una igual, pero siempre sería una empleada más, él era de familia bien, adinerada, blanco y español, no podía permitirse esos caprichos.

Hubo más reuniones secretas a la luz de la luna en los meses siguientes, habiendo consentimiento por ambas partes por igual, tal fue así que la dejó en cinta, lo intentaron ocultar, pero pasaron los meses y era imposible ocultar la realidad, lo evidente y la pareja para no enfurecer a la familia de Antonio echaron la culpa a un fulano inexistente, que actuando de artimañas y crueles tetras, sedujo a la joven María para que hiciera cosas indecorosas y así intentar apaciguar la ira de la familia y que por el contrario se apiadasen de ella.

Pasados los nueve meses, la joven María dio a luz a dos hermanos, un par de mellizos, el primero en salir era del color de la madre, al que pusieron de nombre Antonio, pues era el primogénito, el segundo, blanco como el padre, le pusieron de nombre Alejandro, -Alejandro el magno- bromeó el padre.

Por desgracia en 1936 la joven pareja decidió separarse pues España estallaría en una guerra civil, antes de que Oviedo fuera sitiada y bombardeada, la madre se iría con el pequeño Antonio de regreso a su patria, su amado Perú, por el contrario, el padre se haría cargo del otro bebé, Alejandro.

Varios días antes de la despedida un amigo del señorito, Alfredo, un compañero del trabajo y fiel amigo, les había hecho una foto, una de los cuatro juntos, para luego partir la foto por la mitad, él se quedaría con la  imagen en la que está María y su hijo Antonio y la otra parte sería para la madre, ambos guardarían dichas mitades como oro en paño, con la promesa de reencontrarse.

¿Qué sería ahora de los hermanos?…

Casada con la muerte

Yo te quiero

Yo te amo

Yo te adoro

Yo, yo y yo

Mi  vida

Mi amor

Mi tesoro

Mía, mía y mía

En la salud y en la enfermedad

Ahora por siempre

Ahora me perteneces

Ahora ya

Aplacaras mi ira

Aplacaras mi rabia

Aplacaras mi frustración

Os declaro marido y mujer

A golpes

A tortas

A hostias

Con la mano

Con el puño

Con fuerza y gran violencia

Hasta que la muerte os separe

Y los separó.

Despertar

Quiero despertar

Y tu mirada encontrar

Quiero despertar

Y tu cara contemplar

Quiero despertar

Y tus labios besar

Sentirte

Hundirme en tu mirada

El calor de tu piel

El latir de tu corazón

Acurrucarme en tu regazo

La llama de tu vida

Quiero despertar

Y en tu pupila encontrar

El reflejo del amar

Poder disfrutar

Tu esencia una vez más

Pura, íntegra, real

Quiero despertar

Y encontrar

Con quien gozar

Con júbilo poder volar

Quiero despertar

Y las velas soplar

Jugar, corretear, saltar

Quiero despertar

Y tu piel surcar

Quiero despertar

Envolver tu cuerpo

Con el mío

Quiero despertar

Y contigo estar

De vino y amor

Entras por la vista.

Entras por el olfato.

Entras por el gusto.

Tinto te escogí.

Y te vi, brillante.

Y te olí, afrutado.

Y te saboreé, azucarado.

Recorriste mis labios.

Recorriste mi lengua, mi garganta.

Tus sabores se percibieron en mí.

Ácidos, amargos, persistentes.

En cambio, tú, mujer.

Me sedujiste.

Tu sensualidad,

ese perfume de lima limón,

tus labios,

ese sabor al amor,

tu pelo,

ese rubio de luz intenso,

tus ojos,

ese azul de mar caribeño,

por el que naufragio,

por el que me pierdo.

Todo acabó en lo más placentero.

Pasado oculto. Capitulo 3: Nueva vida

Atrás habíamos dejado el hospicio de Oviedo, kilómetros recorridos hasta llegar a la frontera con León, ahí Miguel y yo nos separamos pues el tenía que regresar, le esperaba pues un largo regreso hasta Pola de Siero y aún mas cuando su mujer estaba embarazada, su hijo se llamaría Miguel, según me contó era una tradición familiar, su padre y antes su abuelo conservaban el nombre de una generación a otra, se lo ponían al primogénito.

Antes de partir un amigo nos retrató en una foto, a los dos, hombro con hombro, como si de dos hermanos se tratase, además al mío lo habían fusilado en la plaza, lo mostraron después como si de una presa de caza se tratase, poniéndolo de ejemplo de que tenían que contribuir al ejercito fascista,  eso era lo que les esperaba de oponerse, al pobre lo trataron como a un perro sarnoso, como si tuviese pulgas o la rabia, sólo por pensar diferente a aquel régimen opresor que lo único que hacía era esclavizarnos.

Él se adentró a última hora de la tarde y el párroco que lo vio, pues salía de la iglesia de dar la última misa, haciendo visitas de una casa a otra con tal de aprovecharse de la buena gente de buen hacer y buena voluntad, trabajadora y honrada, esa pobre gente que lo acogía y daba algo de comer, fue quien lo delató a los guardas civiles, no me enteré hasta pasados unos días,  justo antes de la ejecución, pero por temor y con gran rabia no pude quedarme ahí, cegado por el dolor y las lágrimas marché huyendo, con la cautela que me era posible, pues sólo pensaba en vengarme, días después a la ejecución sabiendo con certeza que Don Ramón, nuestro querido cura del pueblo, había sido quien vendió su alma al Diablo al decir dónde se encontraba mi hermano escondido, fui con la intención de matarle, pero antes quería averiguar dónde había enterrado a mi hermano, con sumo vigilo fui a la iglesia, y cuando entré, él al verme se sobresaltó pues ya intuía lo que pasaría a continuación, temblaba y sudaba, me miraba como si de un fantasma se tratase, como quien mira a la muerte cara a cara, saqué mi cuchillo, se lo puse en el cuello y…

Ahora me arrepiento de no haberlo hecho, pero por algún motivo me paré en seco, lo único que le llegué ha hacer fue una raja en su lado derecho de la cara, eso si la hice bien grande para que todo el mundo la viese, es posible que desde entonces mi cabeza valiese más.

El camino se hace largo, en León tomé un tren que fuera a Cáceres, dónde tenía un compañero simpatizante con el movimiento, por supuesto tenía dinero y documentación falsa, evitando en lo posible a los guardas, sentía cierta nostalgia de mi tierra, Asturias, desterrado pues a otro lugar, mas seguro, mas tranquilo, lejos de la vida que conllevaba ser un maqui en tierras asturianas, siempre vagando por sus montes, escondidos, agazapados, arrastrándonos por la tierra, con frío y el orvallo, con temor, sin saber si verás un nuevo amanecer, atrás quedan familias, amigos y sobre todo, mis Marías, mi mujer, la que enterré y mi hija, la que abandoné en el orfanato, es hora de empezar una nueva vida.

Pasa el tiempo, atrás queda el pasado, los recuerdos, todas esas vivencias, poco a poco me hago a la nueva situación, la guerra hace unos años que terminó, yo ahora estoy en Cáceres, me casé con una mujer que conocí aquí, nos presentó Juan el amigo que me ayudó a adaptarme y me cobijó, ella, Isabel, colaboraba con él, poco a poco fuimos charlando, al principio fue muy brusco por mi parte, los sentimientos, me sentía amargado, triste, pero ella hizo que regresara la sonrisa a mi cara, yo no hacía mas que refunfuñar, me contó que ella en la guerra también perdió a sus seres queridos en el frente y me comprendía, fue muy constante en su empeño por cambiarme y conseguir que fuera persona, humano, siempre malhumorado y bebiendo hasta perder la cordura y hasta el sentido, siempre estuvo ahí y consiguió que sintiera de nuevo, que mi corazón palpitara otra vez, un año después de la boda, nacería nuestra hija, para mí, mi segunda hija, tras María, pero en este matrimonio, la primera y única, Herminia.

Alumno enamorado

La incertidumbre estaba en el aire o más bien el amor, él ese año ya no sería un novato mas de los tantos que empezaban la carrera universitaria, aunque  para él esa situación era como una de las peores novatadas que podría recibir cualquier estudiante de aquella universidad en su primer año, todo esto traducido a uñas comidas, el cuaderno lleno de poemas y  el pupitre garabateado con corazoncitos emborronados o tachados, pues tenía que disimular ante los colegas, bien es cierto que la profe era la más joven del campus y quizá hasta la mas guapa, la comidilla entre los alumnos con sus chismorreos de que si estaba buena y demás, ¿quién no ha dicho alguna vez que el de mates o la de geografía sea guapo o guapa?

¿Sería él un alumno más? ¿Se habría fijado en él? eran muy frecuentes las fantasías que le venían en clase a la cabeza, menos mal que tenía las tutorías para aclarar las dudas, ese era el momento para abordarla, en que le pertenecía por unos momentos, en los que preguntaba miles de cuestiones pero ninguna de tipo personal, tenía miedo a que se sintiera incomoda y se enfadara, ademes tenía que ser muy discreto para no ofenderla y a la vez evitar la vergüenza y el sonrojo que suponía estar con ella.

Una vez, de tantas las tutorías a las que asistió, se le cayó el lápiz y ella fue a cogerlo y abrió las piernas para poder alcanzarlo, dejando las bragas a la vista, ella que se dio cuenta dejó que el lápiz se cayera de nuevo abriendo aún mas las piernas para que el pupilo lo viera bien claro a la vez al agacharse también dejó el escote a la vista con lo que pudo recrearse bien la vista, se acercó al oído y le dijo que sabía que la miraba atentamente y que eso la excitaba mucho, aprovechando el acercamiento fue a introducir la mano en su bragueta, ¿sería cierto lo que estaba sucediendo?.

¡Martínez despierte! ¡Martíiiiiinez!

Noche calurosa

Estoy en la cama, intento dormir, pero este calor no me deja pegar ojo, estoy prácticamente empapado en sudor, sin más, me levanto, voy al baño, me lavo la cara intentando refrescarme, salgo, me dirijo a la cocina, cojo el ron cubano, me lo sirvo con un hielo, le doy un sorbo, mmm, que recuerdos más extraordinarios me trae de mi viaje a Cuba, por cierto, los habanos, voy directo al cajón de la cómoda, donde los tengo guardados, enseguida echo mano y lo enciendo, noto que el humo entra y sale de mis pulmones, pongo la radio, una pequeñita que suelo poner en cualquier rincón para escuchar la música, procuro que no esté alta para no molestar a los vecinos, suena una canción de Celia Cruz, Azúcar!!!  Me siento en la mecedora de mi abuela y en un momento me sumerjo en la Habana Vieja, dónde la conocí, a ella, María, mulata, esbelta, buenas curvas, generosos pechos, pelo negro, brillante, ondulado y ojos de gata, mis pies me llevan bailando a ella, nos abrazamos, sus labios carnosos con sabor a miel se juntaron con los míos, doy otra calada, cierro los ojos y al abrirlos, estoy de regreso, en el balcón, sentado en la mecedora, su perfume se me escapa, sopla una ligera brisa, alzo el vaso a la luna y brindo, mi pensamiento habla por mí, hasta la victoria siempre!!!  Viva Cuba!!!

¿Nervioso? No, lo siguiente

Guillermo es un joven de unos 30 años, delgado en apariencia, pero fuerte, alegre, muy laborioso. Criado en  las montañas de Asturias, trabaja en Oviedo, en unas oficinas de telecomunicaciones, no solo llevaba los asuntos de la oficina, también se encargaba de la informática de su sección, ponía apunto todos los ordenadores, las impresoras, etc.

En la oficina todo el mundo le conocía como “el correcaminos” pues no paraba ni un minuto, siempre de un lado para otro con prisas, guille arréglame esto!!!, guille arréglame lo otro!!!, guille necesitamos papel para imprimir los documentos!!! le ordenaban, además tenía el peor jefe que podría tener cualquier empleado, Guillermo tienen que estar las facturas para ayer!!! Espetaba, al pobre, no le permitía cometer ningún error, a la mínima le obligaba a ir al despacho para que enmendara el estropicio y pensara en ello, tras una bronca monumental que temblaba hasta las paredes.

Cuando llegaban las vacaciones siempre se marchaba con su familia en las montañas, lejos del estruendo y alocada vida de la ciudad, pero un día un amigo suyo de la infancia, vecino de la casa que había un poco más abajo de la casa de sus padres, le recomendó que en vez de veranear en las montañas se fuera a otro país, recomendándole que podría si quisiera ir China, que sería un viaje de lo más cultural y atractivo, así que le hizo caso, preparó las maletas y compró unos billetes de ida y vuelta, Oviedo-Madrid-Pekín y Pekín-Madrid-Oviedo.

El día del viaje, Guillermo no solo temblaba como un flan de lo nervioso que estaba, le sudaban las manos a chorros, bueno también la frente y el sobaco, en la aduana pitó por el detector de metales le hicieron quitar el cinturón y el pantalón como le caía se lo agarraba como podía con una mano, mientras con la otra enseñaba la documentación y tiraba del equipaje de mano, ya en el avión  fue algo más tranquilo, aunque los nervios no se le iban, lo peor fue sufrir la fuerte turbulencia al llegar a China tras haber soportado no sé cuántas horas, cuando por fin en el avión pudo aterrizar, peor fue buscar la salida ya que no entendía los letreros, una veces por intuición y otras preguntando y encima afuera llovía que parecía que tiraban calderos de agua, tras la encrucijada de llegar a una parada de bus y comprar un billete, el autobús no es que fuera malo, es que como mínimo era de segunda o tercera, extremadamente pequeño e incómodo, hasta el punto en que estaban todos apretados y había un hombre que llevaba una gallina que le estuvo picando la cabeza todo el recorrido hasta que llegó al hotel, bueno si eso se podría llamar así, le dieron una habitación de mala muerte, que olía a vómito y estaba plagado de mosquitos y otros insectos, así que de los nervios, se le puso un tic en una ceja, y la cama era dura como el demonio.

Al día siguiente reclamó y le pusieron en un bungaló, en la playa conoció a una joven muchacha, era un poco más joven que él, trabajaba para los misma agencia, además  se hospedaba en un bungaló un poco más allá, se llamaba Chun Lee.