Historia de dos perfumes

Muy buenas, ladies and gentelmen, señores y señoras, niños y niñas, acérquense chissss, os voy a contar un secreto, pero que quede entre nosotros, sino, deja de serlo.

Esta es la historia de dos personas, empezaremos por presentarlas, en primer lugar tenemos a Eva, hace un par de años pasó el umbral de los cuarenta, rubia, ojos verdes, buenas curvas, aspecto juvenil, pues podría pasar por una chiquita de unos treinta años, está casada con un director de un gran banco, tiene varios hijos y una hija todos pequeños, le recuerda mucho a cuando era una niña, pues ella también tiene varios hermanos y era la única hija, al igual que lo fue su madre, ella era maestra de un pequeño colegio, su padre, por el contrario ya jubilado, se dedicó buena parte de su vida a la albañilería.

La otra persona es Luis, hace poco que empezó su quinto año navegando el mar de los veinte, rubio, pelo ondulado, algo largo, ojos azules, delgado, estaba en el último curso de carrera, al contrario que Eva, Luis no tiene ni hermanos ni hermanas, sus padres son azafatos, con lo que pasa muchos días solo.

Luis tiene una afición, la astronomía, por lo que sus padres le compraron un telescopio, con el que alcanza a ver todas las estrellas del firmamento, bueno estrellas y alguna cosa más, en concreto a Eva que vivía en el edificio de enfrente.

En una de esas noches de cielo despejado, tras observar las constelaciones, bajó varios metros, hasta el quinto, justo donde vivía ella.

Se enciende la luz, se ve claramente como se acerca a la ventana, la abre, se apoya, respira profundamente, se la nota algo melancólica, que estará pensando, en su vida, tan monótona, cuidando de sus hijos, nunca la pasaba nada fuera de lo común y lo que es peor esas dichosas reuniones de los viernes, de su marido en las que llegaba oliendo a puro, a vino y a Chanel Nº 5, claramente sabemos que se acaba de duchar tras un día agotador, pues tiene aún el pelo húmedo, la toalla alrededor, se levanta se da media vuelta se quita la toalla, se aleja, aunque regresa con un camisón puesto, cierra la ventana y echa la cortina, apreciamos como sus curvas reflejadas en la sobra se hacen cada vez mas difuso, apaga la luz.

El sábado por la mañana Eva y Luis, que se conocen del barrio, se ven en el supermercado, él aunque nervioso pero con voz firme, le cuenta esa pequeña afición suya y la imagen de anoche, y que quiere verla en su piso el viernes que viene sobre las diez, que sus padres tienen vuelo y no estarán, ella claro está se enfada y algo sofocada, así que le reprende, y se va indignada, pero con las palabras y la imagen en la mente llega el día y la hora y aunque sigue con cierto resquemor esta por completo ataviada de pies a cabeza y los niños con los abuelos, su marido como es lógico reunido, se siente algo confusa realmente está dispuesta a hacer lo que está apunto de ocurrir, pues si, sucede lo que en principio se suponía algo imposible, fuera de lugar, al final, tras varias horas de una grata velada, con cena romántica, en la que incluimos música y velas, habiendo consumido el acto amatorio, ella marcha, no antes con varias suplicas por parte de él y reproches por parte de ella, pues era una locura y tendrían que reflexionar. Eva de camino a su piso pensaba en aquel momento con Luis, se decía que estaba mal lo sucedido, aunque si bien, ¿no sería esa la locura que estaba esperando en su rutina?, si su marido olía a Chanel Nº 5, ¿por qué ella no podría oler a Nenuco?

Pero, chissss, es un secreto.

De vino y amor

Entras por la vista.

Entras por el olfato.

Entras por el gusto.

Tinto te escogí.

Y te vi, brillante.

Y te olí, afrutado.

Y te saboreé, azucarado.

Recorriste mis labios.

Recorriste mi lengua, mi garganta.

Tus sabores se percibieron en mí.

Ácidos, amargos, persistentes.

En cambio, tú, mujer.

Me sedujiste.

Tu sensualidad,

ese perfume de lima limón,

tus labios,

ese sabor al amor,

tu pelo,

ese rubio de luz intenso,

tus ojos,

ese azul de mar caribeño,

por el que naufragio,

por el que me pierdo.

Todo acabó en lo más placentero.