Noche calurosa

Estoy en la cama, intento dormir, pero este calor no me deja pegar ojo, estoy prácticamente empapado en sudor, sin más, me levanto, voy al baño, me lavo la cara intentando refrescarme, salgo, me dirijo a la cocina, cojo el ron cubano, me lo sirvo con un hielo, le doy un sorbo, mmm, que recuerdos más extraordinarios me trae de mi viaje a Cuba, por cierto, los habanos, voy directo al cajón de la cómoda, donde los tengo guardados, enseguida echo mano y lo enciendo, noto que el humo entra y sale de mis pulmones, pongo la radio, una pequeñita que suelo poner en cualquier rincón para escuchar la música, procuro que no esté alta para no molestar a los vecinos, suena una canción de Celia Cruz, Azúcar!!!  Me siento en la mecedora de mi abuela y en un momento me sumerjo en la Habana Vieja, dónde la conocí, a ella, María, mulata, esbelta, buenas curvas, generosos pechos, pelo negro, brillante, ondulado y ojos de gata, mis pies me llevan bailando a ella, nos abrazamos, sus labios carnosos con sabor a miel se juntaron con los míos, doy otra calada, cierro los ojos y al abrirlos, estoy de regreso, en el balcón, sentado en la mecedora, su perfume se me escapa, sopla una ligera brisa, alzo el vaso a la luna y brindo, mi pensamiento habla por mí, hasta la victoria siempre!!!  Viva Cuba!!!

Final feliz

Guillermo es un joven de unos 30 años, delgado en apariencia, pero fuerte, alegre, muy laborioso. Criado en  las montañas de Asturias, trabaja en Oviedo, en unas oficinas de telecomunicaciones, no solo llevaba los asuntos de la oficina, también se encargaba de la informática de su sección, ponía apunto todos los ordenadores, las impresoras, etc.

En la oficina todo el mundo le conocía como “el correcaminos” pues no paraba ni un minuto, siempre de un lado para otro con prisas, guille arréglame esto!!!, guille arréglame lo otro!!!, guille necesitamos papel para imprimir los documentos!!! le ordenaban, además tenía el peor jefe que podría tener cualquier empleado, Guillermo tienen que estar las facturas para ayer!!! Espetaba, al pobre, no le permitía cometer ningún error, a la mínima le obligaba a ir al despacho para que enmendara el estropicio y pensara en ello, tras una bronca monumental que temblaba hasta las paredes.

Cuando llegaban las vacaciones siempre se marchaba con su familia en las montañas, lejos del estruendo y alocada vida de la ciudad, pero un día un amigo suyo de la infancia, vecino de la casa que había un poco más abajo de la casa de sus padres, le recomendó que en vez de veranear en las montañas se fuera a otro país, recomendándole que podría si quisiera ir China, que sería un viaje de lo más cultural y atractivo, así que le hizo caso, preparó las maletas y compró unos billetes de ida y vuelta, Oviedo-Madrid-Pekín y Pekín-Madrid-Oviedo.

El día del viaje, Guillermo no solo temblaba como un flan de lo nervioso que estaba, le sudaban las manos a chorros, bueno también la frente y el sobaco, en la aduana pitó por el detector de metales le hicieron quitar el cinturón y el pantalón como le caía se lo agarraba como podía con una mano, mientras con la otra enseñaba la documentación y tiraba del equipaje de mano, ya en el avión  fue algo más tranquilo, aunque los nervios no se le iban, lo peor fue sufrir la fuerte turbulencia al llegar a China tras haber soportado no sé cuántas horas, cuando por fin en el avión pudo aterrizar, peor fue buscar la salida ya que no entendía los letreros, una veces por intuición y otras preguntando y encima afuera llovía que parecía que tiraban calderos de agua, tras la encrucijada de llegar a una parada de bus y comprar un billete, el autobús no es que fuera malo, es que como mínimo era de segunda o tercera, extremadamente pequeño e incómodo, hasta el punto en que estaban todos apretados y había un hombre que llevaba una gallina que le estuvo picando la cabeza todo el recorrido hasta que llegó al hotel, bueno si eso se podría llamar así, le dieron una habitación de mala muerte, que olía a vómito y estaba plagado de mosquitos y otros insectos, así que de los nervios, se le puso un tic en una ceja, y la cama era dura como el demonio.

Al día siguiente reclamó y le pusieron en un bungaló, en la playa conoció a una joven muchacha, era un poco más joven que él, trabajaba para los misma agencia, además  se hospedaba en un bungaló un poco más allá, se llamaba Chun Lee.

Favor

-¡Manos arriba! Rrrg –lorito- grrrg- -¡joder que susto! ¡puto loro!- siempre que entro a su casa me pasa igual, no sé cómo hago para asustarme tanto, todo porque me comprometí a cuidar del jodido loro de los cojones y las malditas plantas, si además sé que siempre dice lo mismo cuando entra alguien, no sé por qué me altero, si es que de buenazo soy tonto, me quedo como un gili mirando sus tetas y claro no se decir que no, SSSS si- termino diciendo siempre –que mono, gracias vecino- mientras me acaricia el pelo, bueno en fin que hago lo que tengo hacer, regar y darle pienso al loro, que ya voy algo tarde para ir con los colegas a tomar unas birras que ahora con este calor entran de puta madre, bueno tarea cumplida, salgo por la puerta -¡manos arriba!- Coooño con el loro- grrrg- lorito- ¡pum!.

ERTE

ERTE aquí, llegó lleno de alegría, ilusión y optimismo, saludando a sus compañeros de trabajo como solía hacer todos los días y más aún después de haber estado en confinamiento por largos días debido a un virus, el coronavirus, conocido como covid-19, sufriendo un ERTE junto con otros empleados de la empresa.

Pero todo se esfumó cuando su querido y estimado jefe, su hermano, lo llamó a la oficina con la misma hostilidad y sequedad que le caracterizaba, así sin más, ni los buenos días ni hostias en vinagre, ¿para qué?

Así que sin remedio alguno subió como manso corderito, sabía que no le esperaba nada bueno, la verdad nunca fueron positivas sus charlas y menos cuando se reunían en el despacho donde le hostigaba sin piedad, cruel destino, ¿qué le ampararía ahora?

De la misma manera que una metralleta dispara sin piedad, soltando dardos envenenados, quejas y más quejas, que no había trabajado nada, sin haber hecho ninguna de las tareas encomendadas durante esos días en los que sufrió el ERTE, sus palabras salían sin parar, crueles, llenas de odio e histeria, acusándole de mentiroso, de faltar la verdad, mientras que pensaba, -¿si haber publicado cuatro artículos en la web de la empresa? Y más aún estar en contacto con el padre de ambos para hacer un quinto y un sexto artículo para la página en la que trabajaban, si eso no era currárselo ¿qué coño era? Además que estaba en un ERTE, no tenía ni la necesidad ni la obligación de hacer nada y aun así se molestaba en realizar dichas tareas, joder para eso mejor se hubiera tocado los huevos a dos manos y entonces ahí sí, ahí si le podría dar la razón, siguió hablando sobre que otros trabajadores siguieron trabajando aun estando en ERTE, que era un vago y mentiroso.

Se sentía contrariado, confuso, la garganta seca, con ganas de llorar, no sólo le humilló en lo profesional, también en las cuestiones personales, diciendo, -aún sigues con esa mujer, tengo pruebas de que estáis juntos, ya no pudo más y respondió, -¿es un delito? ¿Por qué me tratáis como un delincuente? ¿Dónde está escrito que sea un delito? ¿Pruebas? ¿Es que me espías? ¿Qué pruebas? Demuéstralo, no tienes nada, ni puta idea de lo que hago, a lo que el jefe añadió, -hasta en eso me mientes, si me da igual lo que hagas, pero di la verdad, replicando- si miento demuestra esas pruebas y sino cállate y déjame en paz, así que se hizo un silencio, él salió por la puerta del despacho dolido y apenado, pensando lo triste que ese monstruo de jefe fuese su hermano, pues compartían la misma sangre.

Abducido

Me habían dado unos días de vacaciones de verano en la oficina, así que decidí que mi destino tendría que ser uno donde me encontrase aislado por completo y tendría que ser paradisiaco con playa, no se caribe o algo por el estilo, así que preparé las maletas, destino: relax total.

Me levanté pronto, tomé mi billete de avión que busqué por internet, me fui en el coche hasta el aeropuerto, subí al avión y rrrrrruuuuummmmmmmmbo al paraíso, ya estaba saboreando mi libertad, aaaaaaahh.

Cuando llegué, ya en la casa que estaba a primera fila de playa, con una tumbona entre las palmeras y totalmente para mí, que descanso, decido tumbarme, cierro los ojos, oigo como el sonido de un avión, abro un ojo, parece que esta la luna, pero aún es de día, se ve muy cerca y muy grande veo unas luces en cielo, algo oculta el sol, es redondo, ¿cómo? Pero… ¡si es un OVNI! ¿Eh? ¿Qué es esto? Una luz me ilumina, de repente me encuentro en el aire, flotando, volando, las palomas pasan muy cerca, pierdo el sentido.

Abro los ojos, a mi alrededor hay unos seres, parecen unos espermatozoides largos del tamaño de una persona, con piernas y brazos, en medio de la cabeza un gran ojo, es una mirada intensa, no sé porque miro fijamente y se me cierran los párpados, noto que me cogen, noto sus dedos largos y blandos, me ponen en algo rígido y también algo que se mueve, para y y y … no noto nada sé que el tiempo pasa, solo oigo el latido de mi corazón pom pom, pom pom.

Finalmente abro los ojos, estoy tumbado en la misma tumbona, no sé qué es lo que me han hecho, sé que he sido abducido y seguro que me han analizado, pero.. ¿A quién se lo cuento? Además huelo a wiski barato, puaf que peste, nadie me creerá.

¡Que vacaciones!

Mar de palabras

Intensa es la luz que en mí despierta, ella es la más bella y hermosa persona en este mundo, serían miles las palabras que por ella describiría, pues hace enorme mi sentimiento, incluso me pondría a escribir un soneto, quién, a mi nada ni nadie ahora me lo impedimenta, pues con ella, el amar y la música van unidas de las manos, ya que es este amor tan de verdad, que hace ser el origen de la música que en mí se produce, todo es paz, como un océano de agua mansa.

Ahora gozo de pasión, llegando al éxtasis que me embriaga el corazón, como si de un hechizo o embrujo se tratara, si antes estaba exánime, no fue más que un inciso en mi vida, a ella debo este vivir y sentir, pues ha de ser el ave fénix, el resurgir del latir en mi corazón.

Los baches del patio

Me llamo Daniel, pero todo me conocen por Dani, a secas, yo era huérfano y me crie rodeado de monjas, las odiaba, “el sapo”,  “el rata” y yo, entre  otros de la pandilla estábamos casi todos los días castigados, bien es cierto que no éramos unos santos, pero tampoco ellas unas hermanitas de la caridad y por lo tanto la guerra estaba declarada, cada fechoría nuestra, ellas contraatacaban, tirón de orejas y al despacho de la hermana priora, ahí ya era lo peor, ¡zas! Seguido de ¡ay! Y así una y otra vez, pero no solo era daño físico, también era sicológico, a ver quién aguantaba mas, aunque claro quienes tenían las de perder éramos nosotros ya que las hermanas, como querían que las llamasen, tenían la sartén por el mango o más bien la zapatilla, ya más de una habré visto volar y rozarme la cara, aunque siempre nos acertaban, yo creo que a escondidas se entrenaban, ya me las imagino yo en un campo a escondidas entrenando con las zapatillas en mano.

Me acuerdo que no teníamos balón para jugar al futbol, además el campo estaba lleno de baches, algunos se fueron agrandando hasta llegar a ser nuestras trincheras que con palos y piñas simulábamos armas, teníamos que matar al enemigo, siempre al acecho.

A medida que fui creciendo estudiaba todas las instalaciones, cada rincón de aquella prisión que era el orfanato donde nos mataban de hambre, en mi mente estaba la idea de que algún día pudiese fugarme de aquel infierno, tardé en lo que aprendí a leer, escribir y las cuentas hacerlas perfectas, esperé un par de años más, para estar bien preparado, en cuanto pude me escapé, me fui a vivir a una casa abandonada al lado del cementerio, ahí quien miraría, todo el mundo tiene miedo a ese lugar, así que era mi escondite perfecto, de vez en cuando regresaba para ver a mis amigos y que me dieran algo de comer, otras veces mendigaba, los chicos me preguntaban si no tenía miedo, pero peor era la ciudad, con los coches por todas partes, gente que saca la navaja y te roba, todo por un bocado de pan o lo que sea, algo que meter en la boca.

Pasados los años me presenté a un concurso de talentos, me acuerdo que antes de escapar y siendo monaguillo, en los días de misa, me ponían a cantar y decían que lo hacía como los ángeles, la cuestión es que aquel concurso lo gané y un magnate se fijó en mí, por lo que ahora me dedico a grabar discos, soy número uno en ventas, reconstruí la que fuera mi casa frente al cementerio y al orfanato bueno lo dejé en manos del ayuntamiento, estaba viejo, casi en ruinas, eso sí, en el patio, ya no había baches.

Mujer fatal

Maldigo el día o más bien la noche que la conocí.

Era un sábado, mis amigos y yo nos fuimos al garito de siempre, dónde suelen dar conciertos en directo y las birras están a buen precio, nos reunimos como siempre a echarnos unas risas, privar y comentar cualquier cosa o chorrada, alegrarnos la vista con cualquier culito o par de tetas impactantes que se nos cruce por delante, no teníamos límite, incluso si terminabas con un polvete mucho mejor, llegar a eso era todo un triunfo y luego podrías fardar.

Esa noche, de entre todas las tías topé con semejante bicho, la tentación me superó, no lo pude evitar, ya me lo intentaron advertir Loquillo y Fito con: “mujer fatal, siempre con problemas…” y “Soldadito marinero encontraste una sirena…” canciones que sonaron cuando nos conocimos, pues bien yo estaba en la barra, esperando a que me atendieran para pedir unos cubatas, ella como gatita en celo me vino a ronronear, me pidió fuego, yo encantado encendí su peta, ella me ofreció, así que le di un par de caladas con mucho gusto, era María de Marruecos, al igual que ella, menuda casualidad, manda huevos, sus padres eran españoles, fueron a Marruecos por trabajo y cuando era pequeña regresaron a España, estuvimos charlando y fumando porros, conociéndonos y eso, mira que estaba buena, joder si lo estaba, menudo pivón, esbelta, ojos felinos, mirada sensual, tenía un algo que me hechizaba, graciosa, con picardía en ocasiones, además la panda flipó cuando la presenté, si si pero el tiempo pasó y la dulce y encantadora minina pasó a pantera en cuanto podía sacaba las garras y te daba un zarpazo destrozándote en cuestión de segundos y la tropa pasó de admirar su anatomía y de babear por su espectacular cuerpo a adjetivos tipo: víbora, amantis religiosa y cosas similares o peores, no solo me sometía en público, pasé incluso a ser su esclavo sexual. Para mí los días eran como unas campanas silenciadas, un ángel y un demonio en lucha constante, con sus pros y sus contras, ¿era lo que estaba buscando? ¿Qué quería? ¿La deseaba?

Pero hoy no, hoy no saldré de dudas, aquí me tenéis haciendo puenting, estoy a punto de saltar, mis piernas tiemblan, ella decidida con la intención de ayudar, la muy jodía, va y  me empuja, ¡Ja putaaaaaaa!

Caperucita roja

Érase una vez… qué coño, esto es de otro siglo, hay que modernizarlo un poco y darle un toque más actual, empezando por el título.

Caperucita “la roja”

Buenas me llamo Sandra, todos me llaman caperucita “la roja” porque me gusta vestir con sudaderas con capucha y lo de “la roja” es porque estoy afiliada al partido comunista.

Estaba en casa mirando el face, actualizando mi perfil, bajándome unas fotos y viendo las cosas que ponen las personas que tengo agregadas, en ese momento sonó el plin del móvil, lo miro, es un whatsapp de mi madre.

“caperucita ve a llevarle los tapers de la nevera con la comida de la abuela que ya sabes que no se encuentra muy bien, no vallas en moto que ya sabes que no me gusta, besos”

Así que la respondí “Si madre, ya llevo la comida a la abuela, tranquila no iré en moto, iré caminado para estirar las piernas”

Evidentemente no hice caso a lo que pedía mi madre con respeto a lo de la moto y me subí a la vespa y arranque camino a casa de mi abuela con la comida.

Tome un atajo y me fui por el desvío de “ El bosque encantado” de repente la moto se paró y la aparque en el arcén cerca de un árbol atándola con la cadena, en ese momento se acercó un camión, “Turrones El Lobo”, aparcó y bajo el caminero, era muy guapo, vamos que estaba buenísimo, tenía un polvo, estaría rondando los cuarenta más o menos, pelazo, castaño, con un peinado moderno, de los lados lo tenía hacia arriba terminaba como si fueran las orejas de un lobo, se notaba que se cuidaba, se le veía fuerte, llevaba una cazadora de cuero marrón y unos vaqueros ajustados, marcando paquete, del cuello le colgaba unas placas de esas identificativas tipo militar, en una ponía James Logan y en otra ponía “lobezno”, se acercó y me dijo -¿algún problema guapa? A lo que respondí –se me ha estropeado la moto, y tenía que llevar la comida a mi abuela- entonces él se ofreció –si me indicas dónde, yo te puedo acercar- agradecida le dije donde podía dejarme – si es al salir de “El bosque encantado” en una casa que hay al final del camino, gracias-

Subimos a su camión y pasados unos minutos llegamos a la casa de mi abuela, cuando estacionó el camión me dirigí a su casa, estaba el jardinero, un cubano cachas, mulato, de unos treinta años aproximadamente, le hicimos el favor de hacerle un contrato y así que tuviera los papeles, entré en la casa y fui al cuarto de mi abuela, cuando entré me asusté y di un grito lleno de pavor, ¿qué la había pasado?, no era la alegre persona que yo conocía, no se podía describir lo que veían mis ojos, rápidamente vinieron primero el camionero y a continuación el jardinero, que acto seguido clavó las tijeras de podar en la cabeza de lo que antaño había sido mi abuela, se había convertido en un puto zombi, nos fuimos dejando el cuerpo inerte en el suelo, mis sentimientos se encontraron y empecé a llorar, mis recuerdos de una abuela en una vida mejor afloró en mi mente y me derrumbaba por completo, así que me abracé tanto al jardinero como a “lobezno”, pusimos ruta a mi casa.