Clases

Estimado lector esta historia es tan muy corta, pero merece la pena leerla.

Es la historia de una persona que se matriculó en una escuela para prepararse unas oposiciones, hasta ahí todo bien, nuestro protagonista estaba entusiasmado y decidido a ir a por todas, pero esto le supuso no poder ir de vacaciones, lo que le entristecía pues estar el verano sin vacaciones, pero aún así estaba mentalizado por lo que lo veía como un pequeño contratiempo que sabría resolver más adelante, era cuestión de estudiar, aprobar y luego en los años siguientes es posible que consiguiese un buen puesto de trabajo con un buen salario, más dinero, más tiempo libre y mejores vacaciones, claro está todo esto estaba en su mente y sería en un futuro, lo que no sabía era que habría días en los que tendría que dejar las clases por tener que ir a trabajar en su puesto actual.

Resumiendo querido lector, no podía ir de vacaciones por querer ir a clases, pero no podía ir a algunas las clases, por tener que ir a su actual trabajo.

Esta es la historia, tan corta como lamentable, lo digo por lo que padeció el hombre, no la historia.

Fin.

Campanas

Sonaban campanadas de boda, pero las notas no eran alegres, era más bien funestas, es  bien sabido que siempre sonarán alegres para una bautizo, una comunión, incluso para una boda, también hay que decir que en casos normales cualquier familia se alegraría por cualquiera de estos acontecimientos, tendría que ser algún caso excepcional para que no fuera así, ¿lo era? ¿Sería uno de esos casos en los que habría impedimento y no estaría bien visto por algún familiar o familiares? ¿Por qué negarse? Es que acaso ¿no querían ver a su hijo feliz?

Si es verdad que de la ilusión no se vive, que es todo un trámite, un puro papeleo, al cual estar sujeto para siempre o hasta que la muerte o el divorcio los separase, que en la época que vivían no hacía falta llegar al matrimonio, pero…si era la voluntad de los dos. A caso sus padres ¿habían sufrido la negativa de los abuelos y demás parientes? Si todas las bodas a lo largo de la historia de ambas familias habían sido celebradas con júbilo, ¿por qué no la de su hijo?

Así que fue que con cada campanada, rompían su corazón en trozos al cual más pequeño, hasta hacerlo añicos.

Pobre

Esta es la historia de Miguel, Pepe y el jefe de ambos, quien dice Miguel o Pepe podría decir Alfonso o Pedro o cualquier otros dos nombres, se trata de contar una historia y en este caso no es imprescindible saber los nombres, ni tampoco el del jefe así que será jefe y punto, está claro que en aquella empresa o trabajo había más personas, pero no nos importa para lo que les voy a contar, tampoco especificaré el tipo de trabajo ni nada por el estilo, ni el año o época, son datos irrelevantes.

La historia empieza de esta manera:

Era una mañana en la que el pobre de Miguel se encontraba por así decirlo realizando una tarea de Pepe, en el momento que apareció el jefe y vio lo que estaba haciendo se dirigió al pobre Miguel y le llamó la atención, por decirlo de manera suave, de estar haciendo las labores de Pepe.

Días más tarde, tampoco nos importa cuántos días, como si fueron meses, la cuestión es que ese día Pepe estaba haciendo el trabajo que habitualmente realizaba el pobre Miguel, no sabemos ni nos importa el qué, el hecho era que al verlo el jefe, en vez de dirigirse a Pepe, fue directo al pobre Miguel y le preguntó: -¿Por qué está haciendo Pepe su trabajo? Ya sabemos que le dijo más cosas y que no fue así de normal por así decirlo, sabemos que se tragó una bronca de aúpa, esta historia termina aquí.

Pero yo me pregunto: ¿al pobre Miguel le tenía que haber llamado la atención ese mismo día? o a ¿Pepe por estar haciendo la tarea del pobre Miguel? o el primer día ¿tendría que haber llamado la atención a Pepe por el hecho de que Miguel estaba haciendo su labor?

No se la respuesta, pero creo tendría que haber sido una de las dos veces, y no las dos veces, lo peor de todo es que fuera como fuese, el pobre Miguel siempre se comía el marrón, dicho de una forma suave.

Teorias

Teoría 1: Siendo retorcidos

Esta teoría implica una mente retorcida y un cómplice, en este caso la mente retorcida será la de su jefe y por lo tanto queda como cómplice la chica, ella, o digamos por así decirlo, la secretaria o la de administración, siendo en cualquier caso la misma persona. Procede por lo tanto en su lugar de trabajo, el jefe ordena a la secretaria tener una conversación amistosa para sacarle a él información relativa de su propio y peculiar trabajo, pues era chico para todo. Ella habla con él, le hace varias preguntas, centrándose en una cuestión muy concreta y puntual del trabajo del chico y víctima a posteriori de las inclemencias del jefe, esas preguntas serán tipo: si hizo esto o lo otro o lo que fuera que tuviese que hacer en ese momento o días posteriores a dicho cometido, una vez sacada la información necesaria, comunicarla al jefe y si es de su agrado ahí termina todo, sino pues el jefe empezaría la tortura del trabajador mediante un infinito y agotador interrogatorio, añadido a un sinfín de reproches por parte del jefe hacia el inocente trabajador, esta tortura se realizaría en la oficina o bien por teléfono desde cualquier parte, esté donde esté, incluso estando de vacaciones sacaría tiempo el despiadado jefe con tal de atormentar al pobre empleado.

Teoría 2: Insufribles compinches

Esta teoría viene a ser igual que la anterior, con la diferencia en que es más corta, pues el primer y retorcido paso en el que el jefe ordena a la chica sacar información a su compañero, se omitiría por completo y empezaría justo en el momento en el que la susodicha recaba información a la victima y luego se lo haría saber al despiadado jefe, obteniendo el mismo y cruel resultado, donde el empleado saldría derrotado, mentalmente agotado y frustrado, con su posterior sentimiento de cabreo y tristeza. Esto lleva al trabajador a preguntarse varias cosas: ¿no es una jodida casualidad que después de hablar ella con él, el jefe le llamara a la sala de tortura o le interrogase por teléfono? ¿se trata de una puta trepa en busca de favores? ¿porqué ella parece una jefa controladora?

Por verano

Que bueno es recordar, hoy estaba en la cama, con mis pensamientos, aquellos días veraniegos, trasladarse a esos momentos…

Es de día, se nota soleado, espléndido, no se que hora de la mañana es, veo que él está levantado, se acerca a mí, me da los buenos días y me besa, sostiene una bandeja donde trae el desayuno, es muy cariñoso y sonriente, son cosas que me agrada, me comprende y me hace sentir viva, su presencia me hace los días mas llevaderos.

Nos vamos a la playa, él siempre tan atento hace las cosa sin que las pida, quizá a veces lo que me desquicia es lo cabezota que suele llegar a ser, y lo temperamental cuando se enfada, pero por lo general es un encanto.

Cuando me estoy bañando en el mar, viene un poco más tarde, en ese sentido yo soy un poco mas juguetona y él es mas serio ya que con unas brazadas tiene suficiente.

Pasan las horas y llega la tarde, siempre nos gusta ver atardecer.

En la noche nos duchamos y arreglamos, me lleva a cenar, es un sitio romántico, con flores y velas. Vamos a un Pub donde bailamos, regresamos en las primeras horas de la madrugada, llegamos al apartamento, me besa con sus labios, me rodea con sus brazos, nos desnudamos y en la cama hacemos el amor.

Ya han pasado varios días desde entonces, apenas sigo broceada, estoy en la cama perezosa, que bueno es recordar.

Mi abuela

Fue una tarde, justo a la hora de comer, habían llamado al teléfono, lo cogió mi madre, llamaban desde la residencia donde teníamos a nuestra abuela ingresada, nos dieron la peor noticia que le pueden dar a una persona, sabes que es ley de vida, y que pueden llamarte en cualquier momento, pero te engañas, piensas que nunca llegará ese día, pero no, fue un duro golpe para todos y en especial para mi padre.

Hacía tiempo que la ingresamos ahí, pues la habían diagnosticado demencia senil, ¿se podía valer por sí misma? Yo quería creer que sí, pues hacía vida lo más normal que de una persona se espera, incluso ir a la compra o cocinar, pero hubo varios sustos como dejarse el fuego encendido o que nos llamara diciendo que oía voces, era una tristeza que escondías como si de una anécdota graciosa se tratase, había veces que sin más se ponía a hablar con esas voces y cantaba o eran cosas graciosas del pasado y uno no le daba importancia, hasta te hacía sonreír inocentemente.

De esto fue ya hace tiempo, quizá, debido a la tristeza, de lo que acontece una muerte he omitido todo el trámite del funeral y demás, sé que la incineramos y que cuando pudimos llevamos sus cenizas a su pueblo natal, cerca de Burgos, me acuerdo que fuimos en coche desde Oviedo de donde somos.

Cuando fuimos a la residencia después de la llamada, estaba en su habitación, tumbada en la cama, la miraba incrédulo, si era cierto que estaba muerto ¿por qué la tenían ahí de cuerpo presente? Nos contaron que estaba bien, que empezó a sentirse como indispuesta y que se acostaría un rato para ver si recuperaba, se durmió, para siempre.

Era raro, me acuerdo que la cogí con la mayor delicadeza que pude de la mano y la otra mano en un su hombro, me acerqué y la susurré -despierta, ponte bien pronto, tenemos que contarnos nuestras cosas- o algo por el estilo, no sabía bien que hacer, mis sentimientos estaban contrariados, salí de la habitación agitado, confuso, fui al pasillo a mirar por la ventana, las lágrimas afloraron sin remedio, amargamente, había gente que la habían conocido estando ella ahí, así que vinieron a consolarme y a darnos el pésame.

A mi mente me vienen imágenes de todo tipo, pero sobre todo de cuando íbamos a visitarla a Madrid, donde ella vivía, resultó curioso que las vecinas que tenía puerta con puerta, tanto a un lado como al otro, eran viudas al igual que ella y tanto ella como sus adorables vecinas nos daban un dinerillo extra, unas monedillas o lo que fuera, hasta mil pelas de aquella, tanto a mi hermano como a mí, también la comida tan rica, especialmente la ensalada de tomate y la tortilla de patata y sobre todo el frio que hacía el invierno, nos tenía que calentar las sábanas de la cama con una bolsa de agua bien caliente o de cuando en verano salíamos a la terraza a sentarnos en la mecedora o de cuando teníamos que abrir las ventanas de par en par para que entrara aire, aún así pasábamos un calor infernal, además el televisor era de botones y tenías que levantarte para cambiar de canal, la verdad tengo que reconocer que son recuerdos muy felices.

Lunes

Podría haber sido un lunes, un primer día de la semana, como cualquier otro, pero no, ese lunes se iría metamorfoseándose en uno horrible, horrendo diría yo, aún seguía la dichosa pandemia, además esa misma mañana tenía que vacunarse, su tercera dosis, la de “refuerzo”, tras asearse, desayunar y vestirse, fue al hospital, donde le pincharían, sin decirle qué vacuna era, para informarse no le quedó más que preguntar, le dijeron que “moderna” él se preguntaba que porqué si las dos primeras fueron “faizer”, fue a casa para tomar un paracetamol “por si acaso”, mejor prevenir que curar,  no sentía nada, quizá un leve dolor en el brazo como si fueran unas agujetas.

Procedió a ir al trabajo, ahí todo “normal” , hasta que recibió “la llamada”, era de su “querido” y “amado” jefe, su hermano, le esperaba en el despacho, al llegar comprobó que había otro compañero, de esta manera, se sentía un poco más tranquilo, aliviado, podría incluso bajar un poco la guardia, con gente estaría a salvo de esa lengua bífida, esa que solía usar cuando estaban a solas, todo indicaba a que  sólo sería una mera orden, tendrían que trabajar juntos, sacar adelante la web de la empresa, eso sería fácil y no supondría ningún reproche.

No hubo ni malas caras ni cualquier otra impertinencia, estando el compañero delante, su jefe se comportó de manera “decente” como cualquier persona, lo que se esperaba de un jefe, pero… todo cambió cuando el compañero saló y él no pudo huir, se tenía que quedar, sin el compañero delante al jefe le empezó a cambar la cara, las venas rojas aparecieron en los párpados de abajo, y de la boca salían sus palabras cual dardo venenoso, falsas acusaciones, tales como “hace más de dos semanas que no haces esto o lo otro” y un sinfín de crueles acusaciones, de las que no podía defenderse, pues lo transformaba en un duro revés, diciendo “escusas” así que salió derrotado de aquella oficina, Sauron había ganado la batalla.

Por la tarde le esperaría otra reprimenda del señor oscuro, preguntándole por el sistema, ya que desde hace unos pocos días trabajaban con un nuevo programa, uno totalmente diferente, viendo Sauron la reacción en la cara de su víctima, sin dejarle mediar palabra, aprovechó para hurgar en las heridas, diciendo que la empresa de cambiarlo todo le veían “verde”, alegando que era la opinión de ellos, que no se lo había inventado, estaba claro que mentía, lo decía para ofender y de paso cubrirse las espaldas, pero…de ser cierto ¿Quién era esa gente para decir semejante blasfemia y juzgarle de aquella manera tan despiadada, sin educación alguna? Si no lo conocían, si no sabían cómo trabajaba, además era todo vía remoto, por lo que no estaban ahí presentes, el cabreo era “monumental” pero lo tenía que ocultar, no dar índices del dolor que sentía por dentro, habían hurgado en su ser y herido su alma, pero había que recomponerse y seguir trabajando, aún quedaban unas horas hasta que terminara la jornada.

Pues si en la mañana le habían pinchado y en el trabajo humillado, en la noche, después de calmarse en casa, tras una deliciosa cena, preparada por su querida compañera, con la mejor de las atenciones, que siempre ponía y nunca faltaba, de lo cual estaba enormemente agradecido y sería poco, ya en la cama intentando conciliar el sueño, le entro la fiebre, una gran tiritona se apoderó de él, mucho calor en el cuerpo, al igual que un famoso personaje gatuno de comic llamado Garfield, pensó, “odio los lunes”.

Los 3 Reyes Magos

Melchor

Me llamo  malkîôr o Melchor, que significa  «mi rey es luz» o «rey de la luz», la verdad es que no tengo nada de rey, soy un sacerdote que estudia las estrellas, un astrónomo, me consideran “sabio” y hay quien me trata como un rey, por eso luzco estas vestimentas, voy de un lado a otro conociendo diferentes lugares, también sus lenguas y culturas, siento que necesito un compañero o dos y compartir mis experiencias y mis conocimientos, se me hace un poco arduo y solo no puedo, he de reconocer que me voy haciendo algo mayor, ya me ha salido alguna cana que otra.

Gaspar

Me llamo  kansbar, vengo de Asia, para ser exactos soy persa, aunque hay quien me confunde con un griego, mi nombre significa: “administrador del tesoro”, quien me conoce me llama Gaspar, como estudioso de las estrellas decidí  ir de un lado a otro, fue en mi Persia querida cuando conocí a Melchor, enseguida nos hicimos amigos, siempre discutiendo por una u otra estrella, el necesitaba un compañero y decidí sin pensarlo que ese sería yo, la verdad aprendí mucho de él, por el camino conocimos a otro “sabio” al que no sólo se le daban bien las estrellas, su especialidad era la botánica y el estudio de las diferentes plantas, nos salvó en más de un aprieto con aquellas denominadas como “venenosas”, es el más joven de todos.

Baltasar

Saludos, me llamo, bueno hay ciertas teorías acerca de mi nombre, unas dicen que Bel-Sar-Utsor, equivalente a  “Dios protege al Rey” otras que Baal, aunque me podéis llamar Baltasar, la verdad no sólo hay diferentes teorías sobre mi nombre, también mi procedencia, si de Babilonia o incluso un  príncipe de egipcio de Alejandría, pero os aseguro que mis raíces son de África, por lo que soy “negro” o “moreno” soy el más joven de los “reyes” o “sabios” me gusta la astronomía y también la botánica y ya salvé en más de una ocasión a Melchor y a Gaspar de que enfermaran por confundir alguna planta “toxica” o incluso “venenosa” pero fue el interés de las estrellas lo que nos unió, al parecer seguíamos a una misma estrella muy resplandeciente, resultó algo mágico. Recorrimos miles de kilómetros, nos llevó hasta Jerusalén, llegando a un pesebre, la estrella nos había guiado hasta ahí, a los pies del Mesías, hijo de Dios, se llamaba Jesús, hijo de José y María, no sabríamos como describir nuestros sentimientos, al ser sinceros nos pareció, mágico, digno de reyes, el primero en entrar fue Melchor y le obsequió con oro, luego Gaspar, quien le regaló incienso, por último entré yo y sin pensarlo le di un cofre, contenía mirra.

Ya vienen los Reyes

Me pregunto qué hará toda esta gente en el centro comercial, ¿es que no tienen otro día u otra hora para hacer la compra? Es que llegan las navidades, especialmente estos días previos a la llegada de los Reyes y vienen en manadas, como si no hubiera un mañana, todos como borreguitos haciendo las compras, es ver toda esta gente y me entra sudores, urticaria, pisotones, empujones, colas interminables, los villancicos te siguen ahí a dónde vas, con el volumen a todo trapo, se te mete en la cabeza como un taladro, beben y beben los peces en el rio, ojalá se atraganten, ¡no lo soporto!.

 Ahora entiendo a quienes me dicen que no les gusta nada estas fechas, hace frio, los días son grises, las horas solares más cortas, con lo que para las 6 o las 7 ya es prácticamente de noche, además te acuerdas de los familiares que ya no están con nosotros y no pueden disfrutar de estos días con los seres queridos, siempre hay quien perdió en las navidades a alguien muy especial, normal que las odien o las detesten.

Pero yo soy de esas personas, que a pesar de todo, lucha positivamente contra cualquier adversidad, en mi caso, mi mejor medicina es mirar la otra cara de la moneda, mezclar pasado con presente, contar con las personas que aún están a tu alrededor y te quieren de verdad, las luces de la calle, el recuerdo de cuando tu madre te obligaba a aporrear la pandereta y cantar los villancicos, adornar el pino, poner el Belén con tu padre, los dulces, además no vas al cole, especialmente cuando nieva y bajas en trineo, las batallas de bolas, los muñecos con la zanahoria por nariz, la carta a los Reyes Magos, las chuches de la cabalgata, cuando ponías leche y galletas, los nervios de la noche, había que acostarse temprano, a la mañana siguiente estaban ahí los regalos, cómo disfrutabas al abrirlos.

Ahora en casa me invade ese entusiasmo y limpio el calzado con la misma ilusión de cuando era un crio, poniendo los zapatos relucientes en la entrada, esperando a que tanto Melchor, Gaspar como Baltasar realicen la misma magia de todos los años.