Atardecer en la cima

El gato trepó al cerezo en flor, donde podía disfrutar de las magníficas vistas, en sus garras se apreciaba un rojo sangre que le quedó después de la caza y posterior festín con aquel alegre y confiado roedor.

En la casa se oía el péndulo del reloj del salón, tic, tac, parecía vacía, pues había un gran silencio y oscuridad, con tan sólo una luz difusa de la ventana de la cocina, era la hora de la siesta y las persianas estaban bajadas.

Charly se había trasladado del pequeño apartamento a la casa del abuelo, herencia que recibió tras su fallecimiento, había noches en que apenas si dormía, pues se acordaba de él, eran fuertes sus lamentos, hacía emanar un maremoto de lágrimas añorando las caricias y los apurruños, a la vez que sentía una gran soledad.

El tiempo pasó, llegando el otoño, la estación que más le gustaba, pues sacaba la vieja bicicleta y subía por la ladera de la cima, bajo sus pies crepitaban las hojas secas, pasaba por el puente y miraba con entusiasmo el río que debido a sus tranquilas aguas parecía un espejo, esa misma tarde el aire era frio, helado.

Cuando llegaba a la cima veía a lo lejos una mansión ya abandonada, decían que estaba maldita, en la que habitaba un vampiro, a lo lejos en una ventana le pareció ver una sombra y pedaleó como nunca hacia su casa, al llegar se sintió aliviado y se echó a reír pensando en esa historia de miedo, eso sólo eran cuentos, invenciones de la gente, eso no era cierto, o…. ¿tal vez si?

El puerto

Estoy impaciente por ver a mi sobrino, el hijo único de mi hermana, él viene a ayudarme en mi negocio, imagino cómo vendrá, asustado, pues desconoce lo que le espera, nueva gente, costumbres y sobre todo un nuevo idioma, aun así y de ante mano que seguro se encuentra ilusionado, con ganas de trabajar y labrarse un nuevo futuro.

Recuerdo cuando marché, fue muy duro despedirme de mi familia, padre y madre, mi sobrino era un crio, lloraba como todos los demás, pero sabía que en su interior estaba feliz y contento, orgulloso de la aventura que estaba a punto de emprender, le sequé las lágrimas, le di un pañuelo para que se sonara, nos sonreímos, me apartó de los demás y me prometió que ahorraría y que cuando tuviese la edad suficiente viajaría y se vendría conmigo y le dije –claro que sí, ya sabes que estaré esperándote para vivir infinitas aventuras- entonces entrelazamos los meñiques y dijimos –prometido- nos abrazamos y le besé la frente mientras le acariciaba el pelo.

Ahora me encuentro en el puerto esperando la llegada del barco, el cielo está azul, y las gaviotas vuelan en lo alto, el barco se acerca lentamente, le veo en proa, me quito el sombrero y le saludo agitándolo de izquierda a derecha, le espera una nueva vida llena de aventuras.

Nueva vida

Lo llaman la tierra prometida, llena de oportunidades, así es como empieza mi aventura, viajando en barco a un país desconocido, no conozco sus costumbres ni nada y menos aún el idioma, me asusta de sólo pensarlo pero había tomado una decisión y ya no podía echarme atrás.

Salí corriendo del camarote al poco de saber que pronto llegaríamos a nuestro destino, fui a proa dando brincos de alegría, con la petaca que apenas estaba llena, un poco de ropa, un poco de comida que mi madre me dio para el camino y unos cuartos de mi padre que tenía ahorrados de trabajar en la mina, yo por el contrario estaba lleno de ilusión.

Estaba entusiasmado y alegre, asombrado de lo que veían mis ojos, ante mí las faldas de la estatua de la libertad y una nueva ciudad que según me informaron estaba en fase aún de construcción y esperaban que avanzase y creciese, que se desarrollaba de una manera muy rápida y espectacular, Nueva York, una ciudad a la que pasaría a formar parte.

Al timón estaba el capitán luciendo galones y haciendo alarde de su poder dando órdenes a la tripulación, siempre acompañado de su mascota, un loro que posaba en su hombro derecho.

Llevábamos días surcando el mar, cruzando el charco decían, estaba preparado para ese gran cambio, mi Asturias, patria querida, por las américas, mi nuevo destino, dónde me esperaba mi tío Juan hermano de mi madre, al igual que yo ahora, él había recorrido todos esos kilómetros antes para buscar fortuna y ahora era yo quién llegaba con la misma intención, ayudarle en su nuevo negocio y así labrarme una nueva vida.

Llegué y saludé efusivamente a mi tío, con muchos abrazos, luego nos fuimos a una casa a las afueras no muy lejos de la gran ciudad, me enseñó el que sería mi nuevo hogar, la que sería mi habitación, me dejó un rato a solas para que desempaquetara antes de la cena, lo primero que hice fue tirarme en la cama, olía a esperanza, y sobre todo, a libertad.

En la villa

Era ya noche cerrada, en la villa dormían todos, los animales en la granja y establos, estaba todo tranquilo, luna llena, apenas unas nubes que de vez en cuando se interponían a tal belleza y esplendor, el silencio apenas interrumpido por el cri cri de los grillos, el ulular del búho y el silbido del aire, tan solo una joven muchacha estaba a las afueras, se sentía inquieta, aunque con apariencia serena, esa noche sabía que sería la última como soltera, pues en la mañana del día siguiente se casaría, la brisa removía su larga cabellera, estaba arrodillada, rezando, posaba los codos sobre una roca, se levantó, y empezó a cantar, era distinta, se sentía distinta, era feliz.

Más por menos

Te levantas, le ves ahí acostado junto a ti, le acaricias el pelo, le das ánimos y le dices con cariño que otro día ha empezado, le besas, despiertas a tu hijo, pues tiene que ir al colegio, preparas el desayuno para todos, te exiges casi demasiado, te duchas, te pones las cremas, te pintas un poco, te vistes y sales con el crio y luego vas al curro, siempre sonriente, pero ese día no, o por lo menos no del todo, saludas amablemente, pero notas que en tu interior falta algo, cuando llegas vas a cambiarte directa a tu taquilla, te pones el mono, miras el reloj, su taquilla sabes que ella no vendrá, ni hoy ni nunca, ese malnacido hijo de …., las lágrimas afloran y resbalan por tu mejilla, aun así susurras entre dientes, esa cabrona va a llegar tarde, te parece verla y sonríes.

Te quitas la lágrimas con la manga, das un golpe seco en la taquilla, hoy no queda más que trabajar duro, como siempre, además es el día de paga, sabes que con esa miseria no crees llegar a fin de mes, gracias al sueldo que juntas con tu marido seguís más o menos bien, para adelante, y una vez más te preguntas cómo es que Carlos, Juan y el resto de compañeros, que tienen el mismo trabajo que tú, cobres menos por ser mujer, maldices una vez tras otra, más por menos.

Punto de vista

En el trabajo siempre hacemos nuestras tareas, sumisos, sin apenas descanso, obedientes, pues nuestras vidas van en ello.

¿Relajarse? Ni un minuto, prohibido bajar la guardia y sino, zas, zas, zas, latigazo, impacientes siempre, pues deseamos la ausencia de ese a quien llamamos “jefe” sólo de esta manera hacemos nuestro trabajo más distendido, llevadero y aun así no paramos, pues no sabemos cuándo llegará, lo que hace que suenen las alarmas en nuestra cabeza, excepto si su vida comercial le hace desplazarse y marchar lejos por un día o dos.

Nos hace la vida impasible, especialmente a mí y luego con el resto de compañeros cuenta cualquier anécdota graciosa para ser el centro de atención y regodearse sabiendo que la paga va en ello, todo tan falso y frío siendo la peor obra junto con el peor decorado posible, una vida llena de hipocresía y maldad.

Conmigo todo es joderme, amargarme y hacerme la vida imposible, esa arrogancia y prepotencia, miradas que cortan, los parpado llenas de venas pequeñas ensangrentadas, las canas marcando su superioridad al igual que en el ejército, grados de amargura y crueldad, con su ordeno y mando, ¡ojo cuidado! Siempre tiene que ser como y cuando dice, esas preguntas infinitas, eternas, insufribles; parece más un interrogatorio o una tortura sicológica que me ponen los pelos de punta y me hace sudar, absurdo e innecesario.

Siempre saca su lado negativo, tan negro y a lo sumo puede parecer gris, siempre criticando y cuestionándome, que si llego tarde pues es totalmente falso, mentira, recuerdo que un día que llegué cinco minutos después de la hora de apertura y ojo que estamos hablando de tan sólo cinco míseros minutos que realmente eran menos, pero lo acepto con mi mayor resignación, siempre esos minutos serán una eternidad, sin rechistar y punto.

A cada paso, tarea o lo que sea que haga, es mal, mal, mal y mal, te amarga la existencia, da igual que afirmes tu error, siempre saca su miura, con su lengua bífida, tan venenosa y mortífera, prefiero mil látigos, aunque no los descarto, cualquier día de estos.

Hay secretos a voces, todo el mundo sabe cómo llamo yo al negrero este, Hitler, él en estos momento para lamer su herida crea una barrera y a modo de contra ataque cree reírse de dicha situación cuando sé que por dentro está herido, pero se resiste y dice a modo de humor que le llamemos führer o en su defecto puto amo, es narcisista y despreciable y lo peor de todo es que se trata de mi hermano.

A pesar de la “turra” que él dice que le dan mis padres y no digo que no sea sí, es que ellos le dan la razón y cualquier cosa se pone en mi contra, aunque estemos hablando de una falta suya, consigue dar la vuelta a la tortilla y tirarme mierda de tal manera que los pone de su lado, me entristece y enfurece es que estén comiendo de su puta mano, pero bueno todos iremos al hoyo, seremos juzgados, aunque todo dependa del punto de vista.

El retrato

Por mucho que miraba no encontraba en él a aquel joven muchacho imaginativo, alegre y divertido, sólo era un títere que actuaba para los demás, según las necesidades o a quién tuviese delante.

Ante él había un hombre de cuarenta años  a los que para algunas personas aparentaba más, físicamente era alto, calvo y con sobrepeso, denotaba cierto nerviosismo, pues se mordía las uñas de sus largos dedos, en momentos irascible, otras tremendamente sensible, con tendencia a derrumbarse y abrir el grifo del llanto.

Había aprendido a actuar frente a esos seres, su familia, para quien trabajaba duramente, sabía en qué momento callar y qué decir, e intentaba en lo posible ser impasible y mostrar sólo parte de sus sentimientos, de vez en cuando jugaba a crear un ambiente aparentemente cálido y relajado, pero nunca era suficiente y antes o después bajaba la guardia apareciendo la tormenta donde él buscaba comprensión, premio o incluso risa.

Solo una persona con la que se había comprometido a compartir el escenario de la vida, siendo ella mayor, hacía que sacase lo mejor, mostrándose natural y libre, podía volar sin las ataduras que suponía dicha jaula, pero había un peso, un lastre, que le arrastraba al fondo de aquel pozo sin fondo, sintiendo tal la rabia cogió un martillo y rompió el espejo en el que se estaba mirando.

Y ¿Qué pasó después? Pues voló al igual que las golondrinas vuelan, su pelo regresó, adelgazó, se hizo un famoso escritor, cosechó varios premios, sencillamente, vivió.

En el infierno

Hace tiempo que mis padres me vendieron, solo hizo falta unas cuantas vacas y otras tantas cabras, imagino que en el negocio también entraría una cantidad de dinero insospechada.

Quién me compró es un hombre blanco, responde al nombre de Yeiq, aunque siempre le tengo que llamar como él me pida en cada momento, amo, cariño, o cualquier otra cosa,

Para mí siempre será cabrón, hijo puta, capullo y similares, pero sólo lo pienso pues mi vida está en juego, aunque siempre procura tener cierta atención, sabe que depende de su producto para ganar su dinero.

Siempre hemos estado viajando de un lado para otro, hemos incluso cambiado de continente, pasamos por Europa y ahora estamos en Rusia, en muchos de los lugares en los que hemos pasado mal viviendo, he conocido a otras chicas de diferentes edades y naciones, incluso llegamos a trabajar juntas o en los mismos locales ofreciéndote de buena gana a esos hombres babosos y asquerosos que te manosean y te restriegan de una manera asquerosa su repugnante lengua por mi joven cuerpo ya irreconocible.

No recuerdo cuando perdí mi virginidad, sé que fue muy doloroso, humillante y horrible, lloré toda la noche, pero tienes que tragar tu orgullo y sonreír, has de actuar para esos degenerados clientes a los que llamo amor o cómo demonios quieran, da igual el dinero que gasten o la educación que muestren, al final va a ser siempre igual, procuro dar lo mejor de mí, pues de ello depende que reciba una paliza o no.

Mis padres me pusieron con el nombre de Ayana, cuyo significado es “flor hermosa”, aunque para muchos otros he sido Sofía, Danay, Amor, o al menos para algunos, mientras que otros soy perra, zorra y otras cosas peores.

Es posible que se me olviden muchas cosas, otras por el contrario lo intento olvidar como el noventa por ciento de mi vida, lo que siempre recordaré es la fecha de mi cumpleaños y aunque sé que no tendré regalo alguno, al menos tengo la certeza que hoy hago dieciséis años.

Momentos

Hacía tiempo que Rodrigo estaba en ese lugar, siempre hacía las mismas cosas como los demás, a su lado había una persona, él se sentía inquieto pues no sabía quién era ella, aunque cuando empezaban a hablar él se sentía muy cómodo, se veía que era muy cariñosa y complaciente, suave en sus palabras, ya por la mañana se levantaban a la vez en camas separadas, ella dulcemente se presentaba, decía llamarse María, tenía una mirada angelical, era muy complaciente, siempre ayudando en lo que podía.

Había algún domingo que otro que recibía visita, entonces esa gente que decían ser su familia le rodeaba y paseaban todos, incluido la encantadora anciana que tanta compañía hacía al pobre Rodrigo, salían siempre al parque dónde en un pequeño estanque daban de comer a los patos, el agua era limpia y cristalina.

Él siempre recordaba un lugar, un pequeño pueblo al que marchaba con su familia a veranear, había un lago y en un árbol colgaba una rueda enorme dónde poder columpiarse o incluso para tirarse al agua, hizo muy buenas amistades y siempre se carteaban, se felicitaban las navidades y sobre todo los cumpleaños, Migue, el 18 de octubre, Fran el 4 de noviembre y María el 25 de diciembre, era algo que recordaba tan nítido como el agua del lago.

Una mañana de tantas, Rodrigo se levantó, miro a la cama de al lado, se encontraba vacía, eso le hizo ponerse muy nervioso, a pesar de estar en pijama salió al pasillo y llamó a una enfermera, y angustiado la agarro por los hombros gritando, ¿María? ¿dónde está María? ¿dónde está mi mujer?