Momentos

Hacía tiempo que Rodrigo estaba en ese lugar, siempre hacía las mismas cosas como los demás, a su lado había una persona, él se sentía inquieto pues no sabía quién era ella, aunque cuando empezaban a hablar él se sentía muy cómodo, se veía que era muy cariñosa y complaciente, suave en sus palabras, ya por la mañana se levantaban a la vez en camas separadas, ella dulcemente se presentaba, decía llamarse María, tenía una mirada angelical, era muy complaciente, siempre ayudando en lo que podía.

Había algún domingo que otro que recibía visita, entonces esa gente que decían ser su familia le rodeaba y paseaban todos, incluido la encantadora anciana que tanta compañía hacía al pobre Rodrigo, salían siempre al parque dónde en un pequeño estanque daban de comer a los patos, el agua era limpia y cristalina.

Él siempre recordaba un lugar, un pequeño pueblo al que marchaba con su familia a veranear, había un lago y en un árbol colgaba una rueda enorme dónde poder columpiarse o incluso para tirarse al agua, hizo muy buenas amistades y siempre se carteaban, se felicitaban las navidades y sobre todo los cumpleaños, Migue, el 18 de octubre, Fran el 4 de noviembre y María el 25 de diciembre, era algo que recordaba tan nítido como el agua del lago.

Una mañana de tantas, Rodrigo se levantó, miro a la cama de al lado, se encontraba vacía, eso le hizo ponerse muy nervioso, a pesar de estar en pijama salió al pasillo y llamó a una enfermera, y angustiado la agarro por los hombros gritando, ¿María? ¿dónde está María? ¿dónde está mi mujer?

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