R. Oviedo

Día de fútbol

Hoy vamos todos

con nuestras mejores galas

sólo un pensamiento

sólo un deseo

sólo un rezo

ganar, ganar y ganar.

llegamos al estadio

el Carlos Tartiere

nuestro fuete

donde miles de almas

ondean las banderas

rugen al cielo

dejándose la garganta

11 jugadores, pero…

desde las gradas…

todos saltan, brincan y corren.

chutan a portería.

y… GOOOL

enfundados con nuestros colores

azul y blanco, son amores

laten eternos nuestros corazones

alzamos nuestros brazos

aplaudimos, lloramos, nos alegramos.

si caemos nos levantamos.

el escudo del R. Oviedo aupamos.

unos dirán que es ADN

otros que un sentimiento

yo digo que es el equipo…

de mi ciudad, Oviedo.

Desde el Naranco

Hasta la Catedral.

Un lema:

Orgullo, valor y garra.

Hasta el final

¡Vamos Real!

Tiempos de cambio

Solo quedaba subir, desandar lo andado y olvidar un pasado artificioso y vano. Su interior llevaba gritándoselo hace tiempo, arañando sus entrañas, pero Marina prefirió obviarlo, mirar para otro lado.

Siempre fue su caballero de reluciente armadura, un marido aparentemente perfecto, atento y educado. O  ella pretendió que lo fuera…Hasta que una tarde baldía, su historia de cuento se trucó para siempre o simplemente le dio la oportunidad de abrir los ojos al fin. En un chasquido de dedos había dejado de ser su atento amante, su amigo, para convertirse en dolorosa realidad.

Arturo abrazaba a otra con ternura, segundos infinitos, donde una fría daga le atravesaba el alma. Parapetada tras aquella cristalera, el frágil sueño se hacía añicos y la abocaba a un universo desconocido e incierto. Demudado el rostro, ante Marina se abría un futuro diáfano, aunque las manijas del reloj habían saltado sin pedir permiso.

Los sentimientos de Marina se agolpaban, al igual que rompían las olas del inmenso mar, ahora chocaban bruscamente con los recuerdos, antes de idilio, armonía y calidez, ahora se tornaban en tormentosos, fríos, de odio.

Ella siempre sonriente, alegre y risueña, ahora decepcionada, dolida y enfadada, el tiempo tan presente,  terciaba ahora muy pesado, tedioso e insoportable, parecía nunca acabar.

Como si de una tormenta o un duelo de titanes  se tratase ambos se enfrentaron, la casa parecía desmoronarse, la violenta tempestad que ahí se creó, parecía no tener fin, volaron  duras palabras, algún que otro objeto haciéndolo  añicos.

Arturo, antes grandioso caballero, habiendo luchado y triunfado en numerosas batallas, salió de esta derrotado, junto a  la joven dama con la que le había sorprendido en el lecho de merecido descanso y sueños placenteros, ahora tendría que ser ella la que a solas la templase y llenase.