Era un lugar aparentemente inhóspito, aún así te dejaba atrapado y no sabias porqué, sin apenas nada en apariencia que me llamase la atención, el terreno irregular y lleno de rocas volcánicas, jugando con el rojo, el negro y el gris en diferentes tonalidades, como si se tratara de las últimas fotos que se habían sacado del planeta Marte o incluso de la Luna, rompía aquella monotonía y contrastando con lo demás, lo que podría ser un desierto, jugando con dunas y el poco verde que se apreciaba, era el de las palmeras, los cactus y alguna planta más. Según avanzabas, veías esos pequeños pueblos caracterizados por las casas de forma cúbica de color blanco, a veces era una urbe más grande dejando por un momento esa monotonía y esa tranquilidad, aunque parecía que la necesitases, para pensar que ahí, había vida, quizás el atractivo estaba en el conjunto, el todo o la nada, la tranquilidad y sobre todo las playas, con un agua azul claro, transparentes, dónde se apreciaban los pececillos de diferentes colores, como de esas playas que veías en las películas o en los reportajes sobre el caribe. Su extensa mar se perdía en el infinito, el sol radiante, con un brillo totalmente atrayente, cálido, de paz y tranquilidad, clave para una estancia de relax total.
Categoría: relato breve
Rayos y Truenos
La tarde se había tornado en diferentes tonalidades grises, tan oscuras que rozaban el negro y parecía que estuviese todo en una gran tiniebla, en penumbra, apenas unos rayos de sol se atrevían a traspasar esa barrera de nubes a esa hora, el cielo estaba escribiendo una vez mas, una de tormentas, con rayos y truenos, pero tardarían unos minutos, antes que aquel silencio se quebrara por el ruido rompedor y tembloroso que atemoriza cualquier corazón, nadie hubiera apostado, que en esa mañana soleada el cielo sufriera ese lento y siniestro cambio.
Traicionado el cielo, prácticamente azulado, con el que había amanecido ese mismo día, las nubes tímidas y escasas no presagiaban dicho acontecimiento de la naturaleza, pero transcurría el tiempo y sin apenas apreciarse, las amenazantes nubes pasaron a grotescas.
La tormenta se precipitó inminente, rugiendo por doquier, las gotas caían a gran velocidad precipitándose sin cesar una tras otra, en abundancia, no se qué tiempo transcurrió, sé que todo cesó igual de rápido que los fogonazos, aquel día en que la primavera llegaba casi a su fin, la tierra olía muy diferente a como olió durante el día, mojada, empapada, las nubes agotadas, se desvanecieron, dando paso al cielo mas estrellado y la luna mas luminosa que uno pudiera imaginar.