Vieja canción

Las manecillas del reloj

rebelan lo tarde que es,

las tantas de la mañana.

Suena nuestra canción,

la que nos trajo a los dos,

en el concierto de rock.

Yo me hundo en la almohada,

tumbado en mi cama.

Las imágenes son constantes,

apuñalan mis entrañas,

sin piedad.

Me sedujiste con tu felina mirada,

yo no pude hacer nada.

El whisky baja por mi garganta,

me quema y me abrasa,

que rico colocón.

Mi pobre corazón,

pues añicos quedó.

La melancolía me atrapa

sin decir yo nada,

Las lágrimas se derraman,

Por mi mejilla van.

Una traviesa sonrisa,

una misteriosa mirada.

La luz en el infinito,

arrastra este cuerpo

a su suerte abandonada.

Tú, ya no puedes hacer nada,

nuestra canción ya terminada.

La gota

Hoy es un día gris, triste, ha empezado a llover, las gotas resbalan por el cristal de mi ventana, es verano, pero no en mi Oviedo.

Como es domingo, aprovecho para relajarme en casa, pero tampoco me apetece quedarme encerrado, necesito que me dé el aire, decido cambiarme, mi atuendo de estar por casa a un poco más formalito ya sea de calle, una vez preparado salgo al portal paraguas en mano, no se a dónde ir y con esta lluvia pienso que mejor voy en coche a ver a mis padres, bajo al garaje, a mi plaza y subo al monovolumen.

Llego a casa de mis padres, pasamos juntos una agradable velada y no decido regresar hasta después de merendar, de regreso decido ir escuchando un poco la música de la radio, las canciones me distraen y me alegran el alma.

Cuando llego a mi humilde morada me fijo que sigue lloviendo, pero aprecio que va amainando, hay muchas gotas, grandes, pequeñas, redonditas.

Hay una juguetona, algo rebelde, que baja y se mueve, se une a otras formando otra mayor, se separa otra vez, sigue su ritmo, se junta otra vez, se divide, nunca se detiene, resulta misteriosa, ¿tendrá una historia?