Drácula y el dentista

Es de noche, un manto en el cielo se yergue con estrellas con estrellas parpadeantes de diferentes tamaños y colores, en medio de todas estaba la luna llena.

Hace  mucho frio, de esos que se te meten por los huesos y recorra tu espalda poniéndote la carne de gallina.

Las calles desiertas, vacías por completo, una niebla recorre las calles, al ras del suelo, es tan espesa que se va acumula en cada esquina y recoveco, un murciélago va revoloteando hasta que se cuela por una ventana de una habitación donde se encuentra una joven muchacha, una vez dentro el murciélago se transforma, terror, es un vampiro tan bien conocido como… Drácula.

La mira fijamente a los ojos, una mirada cautivadora a la vez que inquietante,  la hipnotiza, y cae en sus brazos, en su boca aparecen unos colmillos y justo en el momento que va a hincarlos en su tierno cuello…

¡Joder!-exclama, ¡como duele!- se queja ¡maldita sea! ¡Justo ahora! ¡Que dolor!- Grita una y  otra vez, entonces decide marcharse, se transforma en murciélago y va regreso a su castillo donde tiene su guarida.

Cuando llega se pone unas gafas y enciende el ordenador, pone internet, google, dentistas, haciendo clic en buscar, como resultado un sinfín de nombres que además ninguno le convence, hace una segunda búsqueda, dentista 24 horas.

Esta vez el resultado es de…uno, se acerca a la pantalla y lee atentamente “Dr. Bocas, Odontólogo muy cualificado, muy profesional, serio, trabajo las 24 horas” al lado había un numero para poder llamar, coge el móvil y llama, al cabo de un rato ya tiene cita para esa misma noche, así que se transforma en murciélago y en cinco minutos llega a la dirección donde le dice le había dicho el dentista, en el portal se pone unas gafas de sol para pasar desapercibido, no sea que algún vecino le vea y espante al vecindario.

Una vez dentro sube en el ascensor y llega al piso, la puerta ya está abierta, le recibe el propio dentista, con su bata unas barbas y gafas de sol, le acomoda en la camilla odontológica, -va a ser el primero que pruebe mi medicina, es lo último, una formula innovadora que yo mismo he creado y le será muy útil para solucionar de una vez por todas sus problemas, eso sí, antes le tendré que anestesiar, a lo que el propio Drácula accede de buen gusto.

Tras la anestesia cae profundamente dormido, pasados unos minutos, se despierta, al abrir los ojos ve con pavor que realmente el Dr. No es más que su archí enemigo Van Helsin y en la mano de este sus propios colmillos, está jugueteando con ellos, hace malabares con ellos y los deja en un cuenco, saca una estaca, apunta al corazón, Van Helsin dice ¡ahora muera!- Drácula no puede más que gritar -¡noooo! ¿Será el fin del conde Drácula? …y ahora… ¡cinco minutos de publicidad!

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