En el armario

Joder estoy sudando como un puto cerdo, además estoy escondo en el armario de una vieja de un piso que desconozco, tengo el mono y no sé lo que va a pasar, la hostia, menudo berenjenal, estoy de mierda hasta no poder más, me pude zafar de esos maderos, pero ahora no se cómo salir de esta.

La droga me está matando y todo por intentar robar en la farmacia más cercana y… ¿para qué? Para unos putos y míseros cinco pavos ¿cómo cojones salgo de este armario de los huevos?

Una voz masculina desde el otro lado me habla, dice que me rinda, que no tengo nada que hacer y que estoy rodeado, abro ligeramente la puerta, tan sólo un dedo, lo justo para ver al hombre, es de unos cuarentaimuchos mas o menos, está intentando persuadirme para que salga sin ofrecer resistencia, sé que cuando ponga mis pies fuera, los picoletos se van a tirar encima, ya no tengo escapatoria, acepto, no me queda otra, dos polis se acercan por los lados y uno de ellos me pone las esposas, pero no queda así, no lo pongo fácil, me revuelvo mientras grito bien fuerte, ¡cabrones! ¡hijos de puta! ¡soltadme! ¡os voy a dar una paliza!, hasta que un puñetazo en la barriga me hace callar.

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