La aventura

-hijos hoy os voy a contar un cuento que no encontrareis en los libros y que vuestro abuelo con tan solo la ayuda de la imaginación, nos contó a mí y a vuestro tío cuando nosotros teníamos vuestra edad, además os prometo que no tendrá ni príncipes ni princesas, espero que os guste- dije mientras me sentaba entre las dos camas de mis pequeños retoños.

“Hace mucho, mucho tiempo, una familia de intrépidos aventureros llegó hasta África, fueron a la sabana, donde vieron muchos y exóticos animales, elefantes, jirafas, cebras y hasta los felinos más temibles, los leones.

Pero eso no fue todo, en su exploración llegaron hasta dónde existía una tribu muy peligrosa, los zulúes, así que antes de que pudieran rodearlos  salieron huyendo tan rápido como pudieron, con fortuna se pudieron refugiar en un campamento, lo malo fue que había sido atacado por la misma tribu que les había perseguido hace un instante, vieron con horror que había muchas bajas entre los soldados.

El padre de la familia resultó ser todo un estratega, su especialidad era poner trampas, así podrían sorprender al enemigo consiguiendo asustarlo a la vez que disminuir el número de atacantes, contaban con rifles, mientras que la tribu de zulúes tan solo flechas y lanzas, por mucho que escondieran tras sus escudos, además de ser tan bravos, osados y valientes que les hacía dignos oponentes, con esa imagen siniestra de fieros que les hacía aún más temibles.

La tarde pasó aparentemente tranquila, con relativa calma, salvo alguna pequeña escaramuza de tanteo en diferentes puntos del campamento, sin lamentar pérdidas, excepto algún herido, sólo algunos de los enemigos habían caído en diferentes trampas.

Fue llegada la oscura noche, cuando decidieron atacar, los rodearon, no había escapatoria alguna, se oían los gritos del enemigo al caer en las trampas, no sabía decir cuántos cayeron en esa cruenta batalla, hubo muchas pérdidas pero estaban preparados, improvisaron una antorcha que arrojaron fuera, levantando una gran llamarada alrededor del campamento haciendo que el enemigo saliera corriendo, eso hizo que se lo pensaran dos veces antes de atacar, bien es cierto que ambas partes sabían que ese fuego se apagaría, mientras tanto aprovecharon los cuerpos que habían servido ya con honor a la patria, con la idea de ponerlos alrededor con sus rifles apuntando al exterior, causando confusión al enemigo, sin saber si atacar o no, decidieron hacer pequeños enfrentamientos, la noche fue larga, las balas y soldados escaseaban ya, y  lo peor era que no tenían apenas agua y nada que llevar a la boca.

No estaba todo perdido, al amanecer, con los primeros rayos de sol oyeron una corneta, venían a recatarlos, llegaban refuerzos, estaban salvados, la caballería llegaba a galope haciendo frente al enemigo y consiguiendo que los zulúes huyeran, los recibieron con vítores y hurras, así que los supervivientes, heridos y la familia regresara a sus casas”

Una vez terminado, comprobé que mis peques estaban durmiendo, como angelitos, salía de la habitación cuando Guille me dijo, -gracias papi, una gran aventura-  de nada dije mientras le tapaba y besaba su frente, salí sonriente y feliz.

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