Resaca

mmmmm…. ¿eh? ¿dónde estoy? Poco a poco empiezo a ver las cosas con nitidez y percibirlas dándome cuenta de donde estoy, echo mano al móvil que tengo en la cómoda, miro la hora, son mas de las dos de la tarde, no recuerdo nada de lo que hice anoche, ¿cómo cojones llegué ahí? Dios que dolor de cabeza, me duele todo el cuerpo, tengo mal estar, estoy jodidamente mal, resumen tengo una resaca del quince, menudo pedo, uf he de hacer memoria, veamos…

Era nochevieja, fui a cenar con, mis padres, hermano y mis sobrinos, yo llego solo, soy el solterón de mi familia, reparto besos y abrazos por doquier, la mesa ya está puesta, mis sobrinas cariñosamente me indican donde me tengo que sentar, pues es siempre igual, al lado de mi padre, mi madre preside y mi hermano con las pequeñas enfrente y al otro lado mi sobrino, ya que su madre está guardia.

A la hora de ponernos a cenar, mi madre saca un sinfín de comida, langostinos, chirlas, pescado, etc.

Siempre nos quejamos por los excesos, pero nada, será así todos los años, yo sabiendo lo que me espera intento comer con la mayor de mis moderaciones y no saturarme, pues me espera la rica tarta de la abuela preparada por las expertas manos de mi madre, después del atracón nos preparamos para recibir el nuevo año, contamos las uvas que van en cada plato, las niñas y el chaval usan pequeños trozos de chocolatina, sucede todo muy rápido, llegan las campanadas, nos felicitamos, brindamos por el nuevo año, me pongo la america, sesión de fotos, me despido de la misma manera que llegué, abrigo en mano bajo en el ascensor, me reúno con la pandilla en el punto indicado, Javi, Nacho y Toño son los primeros, nos saludamos efusivamente, elogios varios, luego llegan los demás, las chicas llegan juntas, este año hemos decidido ir de bares, pues consideramos que es un robo pagar todo ese pastón por unas horas en un lugar donde estás encerrado al igual que las sardinas en lata, pues no hay pelas para ciertas cosas.

Entramos en un bar donde al cual solemos ir algún fin de semana y tomar unas birras, vimos que no está muy petao y decidimos quedarnos ahí, las copas fueron sucediendo una detrás de la otra, la música hizo lo demás, bailamos como descosidos, nos reímos un montón, hicimos tonterías varias sin parar, supongo que a alguna chica no las haría gracia que nos emborracháramos tan pronto, aunque seguíamos en pie ya pasadas las seis de la mañana, la gente estaba moñas, hubo una pequeña bronca, pero nada importante, yo me puse ha hablar con la camarera, Esperanza, estudiante universitaria, trabajaba ahí para ganar dinero y pagar sus estudios, conté algún chiste y la insistencia hizo que bailara un poco conmigo, debí de car bien porque me invitó a varios chupitos de tequila, me ardía el estómago, y luego ya no recuerdo más.

Me levanto de la cama, voy al salón y ahí estaba viendo la tele sonriendo, desde aquel día deje de ser el solterón de la familia.

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